Poemas de Juan de Jáuregui

Poemas de Juan de Jáuregui

Poemas de Juan de Jáuregui, polifacético poeta, pintor y teórico sevillano del Siglo de Oro, cuya trayectoria personifica la evolución estética del Barroco. Inicialmente defensor del clasicismo y crítico feroz de Luis de Góngora, terminó adoptando un estilo culterano de gran potencia sonora y oscuridad metafórica. En su obra lírica destaca la «Canción Lúgubre», donde despliega una naturaleza violenta y «sílabas tremendas» para reflexionar sobre la muerte y la posteridad arquitectónica.

Su ingenio también se manifestó en la sátira mordaz y la poesía sagrada. En composiciones burlescas, ridiculizaba la vanidad mediante descripciones grotescas, mientras que en su faceta religiosa adaptó himnos como el Pange Lingua, exhortando a la elevación espiritual sobre los bienes mundanos.

Amaneciendo

Rubio planeta, cuya lumbre pura

del tiempo mide cada punto y hora,

si el bello objeto que mi pecho adora

sólo le gozo entre la noche oscura,

 

¿por qué ya se adelanta y se apresura

tu luz injusta y el Oriente dora,

las sombras alejando de la Aurora,

y, con las sombras, mi feliz ventura?

 

Dirás que, el dulce espacio defraudado

ya de la noche, me darás el día,

tal que de vida un punto no me debas.

 

Sí debes, causa del ausencia mía:

que es vida sólo el tiempo que me llevas,

y el que me ofreces un mortal cuidado.

 

Soneto amoroso

Burla y blasona la corcilla o gama,

bien guarecida entre su bosque espeso,

del gran lebrel y acosador sabueso

cuyo ladrido la amenaza y llama.

Mas si, engañada de la hierba y grama,

al raso campo extiende el pie travieso,

muriendo paga su ligero exceso

y en vano el gremio de las selvas ama.

Así, mientras cerrado en mi aspereza

viví, burlaba, Amor, de tus rigores;

más engañóme un rostro lisonjero.

Salí de mí, siguiendo la belleza

de un paraíso con perpetuas flores,

donde a tus manos rigurosas muero.

 

Un amante abrasando  las prendas de su amada

Pasó la primavera y el verano

de mi esperanza, y el agravio mío

en la estéril sazón del seco estío

entrega estos despojos a Vulcano.

Bien que el sagaz amor intenta en vano

oponer al incendio un hielo frío,

donde el turbado pecho pierde el brío

y se entorpece la cobarde mano.

Mas la razón, que mi derecho ampara,

quiero fomente el fuego merecido:

reliquias mueran de memorias mías.

Y el desengaño (como fénix rara),

que estuvo de mi llama consumido,

vivo renazca entre cenizas frías.

 

Al Sol Amaneciendo

Rubio planeta, cuya lumbre pura

del tiempo mide cada punto y hora,

si el bello objeto que mi pecho adora

sólo le gozo entre la noche oscura,

¿por qué ya se adelanta y se apresura

tu luz injusta y el Oriente dora,

las sombras alejando de la Aurora,

y, con las sombras, mi feliz ventura?

Dirás que, el dulce espacio defraudado

ya de la noche, me darás el día,

tal que de vida un punto no me debas.

Sí debes, causa del ausencia mía:

que es vida sólo el tiempo que me llevas,

y el que me ofreces un mortal cuidado.

 

Orador Sacro

En ti la sacra erudición y el celo,

elocuente piedad, afecto puro,

contra el poder fatal erigen muro,

sobre el tiempo veloz levantan vuelo.

 

De lo mortal viviente el frágil velo

halla en tu efigie lo inmortal seguro,

y en débil carta y lineamiento oscuro,

más duración y luz que el sol y el cielo.

 

¡Oh en voz divina, oráculo no humano!

Poco te ofrece en el trasunto el arte,

bien que animar pretenda tus cenizas.

 

El interés mayor logra mi mano,

que en sus líneas presume eternizarte

y, en ti mismo, eres tú quien la eternizas.

 

Al Retrato de Baltasar del Alcáçar debuxado por Francisco Pacheco

Aquí tu animado aliento,

Y en él tu ingenio sutil

¡oh Alcázar, por siglos mil

Vive en sutil lineamiento;

tanto puede dar de aumento

a la vida un corregido

trasunto, más parecido

que a la misma voz el eco:

así, en líneas de Pacheco

vemos tu ser repetido.

 

Con recíproco favor

consigues, noble andaluz,

aplauso de inmortal luz,

y en ti le alcanza el pintor;

ambos de tan alto honor

es bien gocéis igual parte,

y que por blasón del arte,

con recompensas felices,

en tu imagen le eternices,

pues él pudo eternizarte.

 

Felice Ingenio

En la que ya esculpió la mano tuya

estatua, ¡oh Fidias!, a Minerva argiva

graban tu nombre los sinceles, cuya

seña guarda inmortal la peña viva;

pues sólo cuando su labor destruya

la injuria de los siglos sucesiva,

podrán, postrados los fragmentos bellos,

confundir los carácteres en ellos.

 

Mayor imagen de la sabia diosa

fabricar vemos por el gran Montano,

pues, más coloso, labra en su estudiosa

oficina el ingenio, que la mano;

Minerva en estas aras más gloriosa

ostenta preferido al docto hispano,

que en relievos de espíritu sutiles

mármores vence y cortes de buriles.

 

Y en labor tanta, con sincel divino

su nombre esculpe, superior trofeo,

donde el carácter patrio y peregrino

le consagra al católico liceo.

Honra a Montano el ático y latino,

mosaico y siro, el árabe y caldeo;

ni algún dialecto construcción contiene

donde igual nombre redunde y suene.

 

Vivirás, ¡oh Montano!, en cuanto el labio

humano explique voz, y en coro alterno

viva de Palas ínclita lo sabio,

y de la sacra página lo eterno.

Llore el sepulcro su segundo agravio,

pues niegan líneas de pincel moderno,

que aún las cenizas póstumas ultrajen

tu inmortal ser, y vives en su imagen.

 

En una estatua del rey Filipo III, esculpida por insigne artífice toscano

Lisipo, a solas, el trasunto vero

pudo esculpir del macedonio Marte,

do, reguladas fortaleza y arte,

fue el escultor igual a su guerrero.

 

Pues tú que agora juntas, Marte ibero,

al mundo antiguo tu segunda parte,

bien debe, quien intenta figurarte,

sobrar la industria del buril primero.

 

Mas como de Alejandro el soberano

reino te aumenta el cielo, gran Filipo,

así te da escultor que al suyo excede.

 

Ya ves docta labor en tosca mano,

que, oscureciendo el arte de Lisipo,

tu espíritu infundir al mármol puede.

 

A una medalla esculpida en oro, con el retrato del rey Felipo III, y una empresa del mismo

Esta imperial efigie, en oro impresa,

cuya labor a su materia excede,

demuestra en voz expresa

 

cuánto el ingenio con el arte puede.

Filipo, aquí, por generosa empresa,

el ínclito león describe hispano,

 

que su derecha mano

empuña regia lanza, y amenaza

crudo rigor, y la siniestra abraza

de oliva un ramo tierno

y la sagrada cruz (blasón eterno).

Así denota que la paz y amparo

ofrece al más humilde y observante

de la cristiana fe; y al arrogante

de errada seta, observador avaro,

promete rigurosa

 

guerra, con mano acerba y poderosa:

tanto a los unos áspero y airado,

cuanto a los otros plácido y clemente.

Esto dijera mismo el figurado

generoso león, que denodado

respira, vive y siente;

mas rehusó el artífice prudente

el dar a su viveza

la voz que le negó naturaleza.

 

Carta – poema en prosa, de amor hacia Luci

«….Querida compañera, pese a que casi nunca te lo he dicho, junto a ti he vivido feliz, y si no he podido brindarte más tiempo ha sido porque en los últimos 20 años estuve comprometido en la lucha, tiempo de sobresaltos y tensiones no han sido el mejor momento de disfrutar de nuestros hijos, mi admiración y orgullo por tu comportamiento,

a todos los compañeros trabajadores mi solidaridad con la lucha que ellos llevarán a la victoria, a mis compañeros de organización un abrazo militante y revolucionario,

a ti era mi más calido abrazo y como combatiente mi grito de victoria para que tú lo recojas y lo hagas llegar a cada hogar donde exista un trabajador, cada hogar donde exista un enfermo sin plata y posibilidad de curarse, y se lo transmitas a cada niño herfano, abanderado, hambriento y desnutrido para que ellos comprendan el valorar de transofrmar tanta injusticia corrupción y desigualdad, una patria nueva sin explotadores ni explotados, una sola clase y una sola raza, la clase de los trabajadores y la raza de la humanidad,  socialmente liberada y redimida de toda explotación».

 

Orfeo

Gozaba juvenil el Trace Orfeo

De libre edad la primavera ociosa,

Dando á sus afios regalado empleo

La lira dulcemente numerosa:

No al vinculo legal del Himeneo

Afectos cede , ni á ia Cipria Diosa,

Qual si anteviera el ánimo presago

Ya por su medio el venidero estrago.

 

Ama su voz, que en dulce melodía

de otro amor le divierte, i le enagena;

bien que la misma voz, con tirania,

toda hermosura libre a amar condena:

assi que en unas armas poseía

propria defensa, con ofensa agena,

siendo el sonoro canto (mientras pudo)

del Amor flecha, i a su flecha escudo.

 

Mas entre las beldades que atropella.

De inquieta llama causador y esento.

Fué la excepción Eurídice mas bella.

Que impuso apremios á su libre intento:

Ama vencido el que imperava, i ella

Juzga felicidad el vencimiento.

¡Ay quántas veces aduló engañosa

La desdicha , con máscara dichosa!

 

En la Ninfa gentil toda belleza

Su imperio ostenta, explica su tesoro,

Cielos cifra su rostro, su cabeza

Vierte sobre los hombros lluvias de oro:

Allí el halago, y virginal terneza

Gozo prometen y originan lloro:

Allí entre flores de vivaz semblante

Acónito mortal gustó el amante.

 

A Euridice, ya Numen de hermosura,

Cintia i Venus beldades inferiores

postran como a la luz del Sol mas pura

plebeyos astros ceden esplendores,

o a la rosa, que el murice pupura

cetro oloroso las silvestres flores.

Su docil genio, su pureza onesta

reciben culto de Minerva i Vesta.

 

Emulo varonil, hermoso opuesto

Fué el joven de la Ninfa generosa.

Donde el mérito pudo, contrapuesto,

Solicitar la unión mas amorosa:

Un pecho y otro á dominar dispuesto

Emprendió la victoria presurosa,

Mas á un tiempo, en amar, no precedidos

Se hallaron vencedores y vencidos.

 

A indisolubles vinculos estrechos

ya reduzen alternas aficiones,

i en la especie de Dicha satisfechos

se consienten reciprocas prisiones:

ya alverga un coraçon en ambos pechos,

o bien un alma en ambos coraçones:

fin que otorgassen al consorcio dino

piedad las amenazas del Destino

 

Cautelar pudo al advertido esposo

(Mas al amor la providencia implica)

De azares el concurso temeroso,

Que ya en su boda breve llanto indica.

No asiste Juno; no loquaz i airoso

El Dios nupcial su ceremonia esplica;

De obscura antorcha, con desorden ciego

Arde en su mano, reluchando el fuego.

 

Afecto Amoroso Comunicado al Silencio

Deja tu albergue oculto,

mudo silencio; que en el margen frio

deste sagrado río

y en este valle solitario inculto,

te aguarda el pecho mío.

 

Entra en mi pecho, y te diré medroso

lo que a ninguno digo,

de que es amor testigo,

y aun a ti revelarlo apenas oso.

Ven. ¡oh silencio fiel!, y escucha atento,

tú solo, y mi callado pensamiento.

 

Sabrás (mas no querría

me oyese el blando céfiro, y al eco

en algún tronco hueco

comunicase la palabra mía,

o que en el agua fría

el Betis escondido me escuchase);

sabrás que el cielo ordena

que con alegre pena

en ducles llamas de amor me abrase,

y que en su fuego, el corazón desecho,

de sus tormentos viva satisfecho…

 

No quiera el cielo que a la dulce calma

de tu beldad serena

turbe una breve pena,

aunque mil siglos la padezca el alma;

dile, silencio, tú, con señas mudas,

lo que ha ignorado siempre y tú no dudas.

 

Mas ¡ay! no se lo digas

que es forzoso decirlo en mi presencia,

y bien que la decencia

de tu recato advierto, al fin me obligas

que espere su sentencia,

y el temor ya me dice en voz expresa:

«No has sido poco osado

sólo en haberla amado:

no te abalances a mayor empresa;

basta que sepan tu amorosa historia

el secreto silencio y tu memoria”.

 

Trato

Trato de noche y día

del griego y de Marón las prendas raras,

y de Lucano la grandeza y pompa,

a cuya grave trompa,

si en algo mi atrevida voz comparas,

ufano pensaré que en alto vuelo

ya me corono de la luz del cielo.

 

Batalla naval de los de César

El sol ya Infante, que Orizontes dora,

diò al rigor subcessivo luz profana,

despues que en lecho de jazmin la Aurora,

despojando celages, ardió en grana:

calma el viento, y matiza campos Flora,

duerme el golfo, no quebra espuma cana,

y en los rayos gozandose Solares,

guerra incitan pacíficos los Mares.

Quando los Remos agiles ordena,

vn vando, y otro, y en veloz concierto,

çarpan los Griegos de su patria arena,

y los Latinos del contrario Puerto,

de la boga, con impetus resuena

el mástil, xarcia, y calbes, cubierto

de escarcha el plano à luzes Orientales

de aljófar crespo rec[l]amò cristales.

Mas quando ya se alcançan las Armadas

en intervalo corto acometiendo,

(que si replica el remo dos braçadas)

términos cierra el concurrir tremendo;

vozes en alto vnidas, y encontradas

hinchen el ayre de terror, y estruendo;

ni el remo es ya sonante, ni la trompa

bien que espumas, azote, y vientos rompa

 

Nuevo vagel fabrican peregrino,

Nuevo vagel fabrican peregrino,

Sin popa o jarcias, mástiles, o entenas:

No vio fabrica igual Griego, o Latino,

No el mar, ni de su margen las arenas:

Anchas cubas su artífice previno

Compartidas en cero, i de cadenas

Ceñidas, cuyo vientre esconde el viento,

I en el agua aseguran firme asiento.

Sobre estas fixan un igual tablado,

Sin eminencias, ni lugar supremo

A los vasos le aferran bien travado,

I altos bordos elevan por su estremo:

A la parte interior del mar cerrado

Le dan oculto i numeroso el remo:

Allí bogan, i el golpe repetido

Ni lo juzga la vista, ni el oído.

Assi el tacito curso es milagroso

Al que mirando ignora quien le impela,

Pues ni descubre remo al espumoso

Mar, ni al hinchado viento ofrece vela:

la aviendo de arrojar al golfo undoso

La admirable nadante caravela,

Su influxo observan, i sin lastre, o quilla

La dan al agua al desnudar su orilla

 

Sobre las Cubas

Baxel rustico inventan peregrino,

sin velas, jarcias, mástiles, ni entenas,

no igual faluca

el Griego, ni Latino

diò al Mar, ni pudo meditarla apenas:

anchas Cubas su Artífice previno

cerradas, y en engarces de cadenas

consecutivo vn circulo dispuso,

que al agua imperan con el ayre incluso.

Sobre las cubas tiende igual tablado

(techo del Mar) que singular supremo

con ella se refuerça encadenado,

y altos bordos guarece por su estremo:

cubierto, pues, y libre en limitado

cerco del agua; en êl se exerce el Remo,

no en lo externo, que el golpe repetido,

ni le juzga la vista, ni el oido.

El baxel, y su rumbo es portentoso,

al que mirando ignora quien le impela;

pues ni descubre Remo a espumoso

Mar, ni el hinchado viento ofrece vela:

aviendo de arrojar al golfo vndoso

la inusitada inculta caravela,

su influxo aguardan, y sin lastre, ò quilla

la dàn al agua, al desnudar su orilla.

 

Entre Verso y Prosa

En bandos dividido

ves el concurso de la docta escuela,

que al repartir sus cátedras contiende,

y trae desvanecido

al estudioso que subir anhela

al propio honor que el émulo pretende.

 

Retrato del Ingenio

quí tu animado aliento

i en el tu ingenio sutil

(ô Alcaçar)

por Siglos mil

vive en sutil lineamiento:

tanto puede dar de aumento

a la vida un corregido

trasunto, mas parecido

que ala misma voz el eco,

assi en líneas de Pacheco

vemos tu ser repetido.

Con reciproco favor

consigues (noble Andaluz)

aplauso de inmortàl luz,

i en ti le alcança el Pintor:

ambos de tan alto onor

es bien gozeis igual parte,

i que por blazon del Arte

con recompensas felices

en tu imagen le ternizes,

pues el pudo eternizarte.

 

Imagen Simbólica Producida por la Erudición

En la que ya esculpió la mano tuya

estatua (ô Fidias) a la Minerva Argiva,

gravan tu nombre los sinzeles, cuya

seña guarda inmortal la pena viva:

pues solo cuando su labor destruya

la injuria de los siglos sucesiva,

podran, postrados los fracmentos bellos,

confundir los carateres en ellos.

Mayor imagen de la sabia Diosa

fabricar vemos por el gran Montano,

pues mas Coloso labra en su estudiosa

oficina el ingenio, que la mano:

Minerva en estas aras mas gloriosa

ostenta preferido al docto Hispano,

que en relievos de espíritu sutiles,

marmoles vence, i cortes de buriles.

I en labor tanta, con sinzel divino

su nombre esculpe (superior trofeo)

donde el carater patrio, i peregrino

le consagra al Catolico Lyceo:

onra a Montano el Atico, i Latino,

Mosaico, i Syro, el Arabe, i Caldeo,

ni algun dialecto construcion contiene

donde igual nombre no redunde i suene.

Viviras (ô Montano) en cuanto el labio

umano esplique voz, i en coro alterno

viva de Palas ínclita lo sabio,

i de la sacra pagina lo eterno.

llore el sepulcro su segundo agravio.

pues niegan lineas de pinzel moderno

que aun las cenizas postumas ultragen

tu inmortal ser, i vives en su imagen.

 

Aludido

En la justa muy justa la sentencia

dió el padre, licenciado almidonado,

y si os faltase, un io,

no os dé cuidado

que un arte

os vendrá bien, tened cuidado.

Con todo os contentad, que esa dolencia

es muy antigua en vos y ese pecado;

i assi lo confesáis aver quedado

sin premio, por divina providencia.

Es justa de una Rossa, espina vete

que aquí querer picar es desatino,

pues en cosas del cielo, más promete

dezir siempre tu Ingenio no

te atino como está en tales casos el bonete

picos le sobran y le falta tino.

 

Dedicado al Fundador de la Compañía

Enferma vn alma en llama deshonesta,

muerto en ella el amor divino, viste

o Ignacio; y en el pecho te encendiste

con muestra insigne, a su salud dispuesta.

Ardiendo en zelo y viva llama honesta,

en las eladas aguas te escondiste.

Donde qual diestro medico, supiste

prestar al daño medicina opuesta.

Muertas las llamas del divino fuego

tuvo tu enfermo, en medio de la fuente

Christiana y vivas aguas defensivas.

Assi para remedio suficiente

a darle la salud, le muestras luego

ardiendo en aguas muertas, llamas vivas.

 

En tenebrosa Noche

En tenebrosa noche, en mar airado

al través diera un marinero ciego,

de dulce voz y de homicida fuego

de Sirena mortal lisonjeado,

si el fervoroso celador cuidado

del grande Ignacio no ofreciera luego

(farol divino) su encendido fuego

a los cristales de un estanque helado.

Trueca las velas el bajel perdido,

y escollos juzga, que en el mar se lavan,

las voces que en la arena oye lascivas;

besa el puerto, altamente conducido

de las que, para Norte suyo, estaban

ardiendo en aguas muertas llamas vivas.

 

La Concepción sin Pecado Original de María

Soys Palma excelsa (o Virgen) triunfadora

Del arbol del error. Soys verde Oliua,

Que en lo supremos de las aguas mora,

Verde a pesar de su diluvio, y viua.

Soys Vid que el golpe de la hoz ignora:

Cipres, que essento de la muerte esquiua

Anuncia muerte con funesta guerra

Al que esperaua derribarle en tierra.

Soys Lirio assido a la pungente y dura

Rama de espinas, y jamas violado.

Rosa, cuya beladad intacta, y pura

No marchitò la noche, y viento elado.

 

¡O sin ygual, purisima criatura!

Que preseruada del comun pecado.

Soys, en desprecio suyo, vitoriosa

Palma, Oliua, Ciprés, Vid, Lirio, y Rosa.

Soys Platano de ramas tan copioso

Al fertil riego de perpetua fuente,

que nunca el yelo su follage vmbroso

a penetrado, ni el agosto ardiente.

Mirra escogida, Balsamo oloroso,

cuya interna virtud perpetuamente

os reservò incorrupta i sin ofensa

contra el contagio de la Culpa inmensa.

Sois el Cinàmo, de fragante i fina

especie, oculto en aspereza tanta,

que ni guadaña al tronco se avezina

ni falta un ramo de la fértil planta,

¡O en los humanos ecepcion diuina!

Y del Criador imagen sacrosanta!

por gracias mil devidamente os llamo

Plátano, Mirra, Balsamo, Cinàmo.

 

Al singular favor que Nuestra Señora hizo a S. Ilefonso, dándole la Casulla en la Iglesia de Toledo

Qvando postrado en miseras prisiones

el zelador pontifice yazia,

de Yglesia primero fundamento:

y con viuos afectos, y razones

a Dios su lengua, y coracon boluia

siguiendo al remontado pensamiento;

puso tal vez atento

la consideración (o Virgen Santa)

en los blasones vuestros inefables:

y onrando con elogios venerables

vuestra pureza limpia, y sacrosanta,

en sus cadenas broncas arrojado,

dixo assi, con acento regalado.

 

Presaga del honor que la seguía,

apressurò la noche el diestro vuelo,

y despreciando el resplandor del día,

cubrió de alegre escuridad el suelo;

quando de la encumbrada hierarquia

partio la Reyna que venera el cielo;

los ojos puso en el confin Hesperio,

y en la ciudad primera de su Imperio.

En cuyo templo a la sazon entraua

ya por sus puertas Ilefonso el Santo,

que el fragil cuerpo apenas sustentaua

seco al ayuno, humedecido a llanto:

las tersas losas del umbral hollaua,

quando le assalta con alegre espanto

tal resplandor, que a su luziente salua.

 

Dos Octavas en un Escudo

Este es el huerto de la Iglesia santa

con la Sangre de Christo enriquecido,

a cuyos riegos vna y otra planta

frutos produze en el jardin florido:

en alta cima Isidro se levanta,

e Ignacio crece de virtud vestido;

Xavier, honor de Oriente, encumbra el suelo,

y Teresa, blason del gran Carmelo.

 

En esta sacra amenidad preuino

firme defensa el cielo soberano,

dándole en guarda al Africo Agustino,

prouado acuerdo, y a Filipo Hispano:

vno con letras de saber diuino,

otro con armas de valor Christiano,

la guardan, la defienden, la ennoblecen,

mientras sus frutos a los cielos crecen.

 

Discurso poético contra el hablar culto y oscuro

Si el lenguaje es puente,

¿por qué vestirlo de niebla?

Hay quienes, con palabras altisonantes,

levantan muros donde debería haber caminos.

El hablar culto y oscuro

se disfraza de sabiduría,

pero a menudo es solo un espejo empañado

que refleja más vanidad que verdad.

Prefiero la palabra clara,

que como agua de río

corre limpia y directa,

sin miedo a que todos la beban.

No es pobreza decir sencillo,

es riqueza compartir sin excluir.

Porque el verdadero arte

no está en esconder el sentido,

sino en encenderlo en el corazón de quien escucha.

Poemas de Juan de Jáuregui

Las Cosas del Cielo

Y si la amiga suerte y apacible

Hija de tu valor, te levantare

A la mayor alteza inaccesible;

Si el mundo á sumas honras te ensazare,

Tal que á la fama el vuelo facilite

Que sublimada tu renombre ampare,

No los mundanos bienes acredites,

Ni en los mortales términos estrechos

El ánimo reduzcas y limites.

Bien es que admiren los humanos pechos

Tus generosas obras; mas en tanto

Al cielo sólo han de mirar tus hechos.

Mira y contempla el cielo sacrosanto

De donde trajo el alma el gran origen

Antes que usase del corpóreo manto.

Si allí tus obras santas se dirigen,

El globo, que jamás su espacio gira,

Y las esferas, que sus vuelos rigen,

Tendrás debajo de tus plantas; mira

Su inmensa altura, desechando el suelo,

Y al templo eterno que te atiende aspira.

Bien te convida á levantar el vuelo

El claro sol y el número de estrellas

Con que esmaltado se demuestra el cielo.

Las letras mira de sus lumbres bellas,

Leerás la gloria de su autor divino;

Que ellas la escriben y la anuncian ellas.

 

A una dama antigua, flaca, y fea

Quando tus huesos miro

De piel tan flaca armados y cubiertos,

Señora, no me admiro

Desa tu liviandad y desconciertos;

Que es fuerza ser liviana

Quien es en todo la flaqueza humana.

Cúlpote en una cosa,

Y es, que adornarte quieres y pulirte,

Creyendo ser hermosa:

Y tan difícil hallo el persuadirte

Para que no lo creas,

Como el hacer en algo, que lo seas.

Pero quizá no en vano

Mi lengua te amonesta y aconseja,

Aunque el consejo sano

Tú debas darle, como anciana y vieja;

Pues por no parecerlo,

Pienso le has de tomar, y obedecerlo.

¿Para qué persuades

Al mundo, que ha treinta años que naciste?

Pues á decir verdades,

Habrá sus treinta y dos que envejeciste;

Y no solo eres vieja,

Mas la vejez en ti ya es cosa añeja.

Hoy buscas matrimonio,

Y no hallarás, segun tus calidades,

Marido en el demonio;

Porque despues que mira tus fealdades,

Que agora yo deslindo,

Presume Satanás de ayroso y lindo.

Mil años ha que hubiera,

Segun tu edad, llevádote la muerte;

Mas quando armada y fiera

A ti se acerca, y tu figura advierte,

No llega, ni te enviste,

Creyendo haber diez horas que moriste.

Mas guárdate no sea,

Que ella tal vez pagada de tu vista

Abominable y fea,

Te asalte, y de tu cuerpo se revista,

Por ser los huesos tuyos

Mas propios de la muerte, que los suyos.

 

Definicion de Amor, segun el uso de los modernos

Es el Amor un desden

En todo á sí mismo igual,

Do siempre reside el mal

Para lisonjas del bien.

Es una traicion segura,

Con fidelidad traidora,

Que á tiempos se alegra y llora

Quien la huye, ó la procura.

 

Es alba, que en su arrebol

No hay sombra, que la avergüence;

Es sol, que á la noche vence,

Y noche, que vence al sol.

 

Es el iman, que en el fuego

Presta su quilate al oro,

Cuyo escondido tesoro

Se manifiesta al mas ciego.

 

Es el vapor del aroma,

Que de agena luz procede;

Y si vence á quien le excede,

De si la venganza toma.

 

Es serena tempestad,

Y procelosa bonanza;

Es nivelada balanza

Con fiel de infidelidad.

 

Es el rumbo de la nave,

Que al cielo encumbra su estremo,

El breve sulco del remo,

Y el vuelo simple del ave.

 

Digo, que el Amor en suma

Es, aunque nadie lo crea,

Quanto quisiere que sea

Qualquier disparada pluma.

 

Cancion Lugubre

Espiraba la luz, y el destemplado

Olimpo en raudos truenos envolvia

La quebrantada nube rimbombante;

Quando el Teucro Monarca entronizado

La densa roca en sus escarchas fria

Vibrando impele, á emulacion de Atlante,

Que al Eco redundante

Imagen combustible, aunque bizarra,

De la expedida voz, trinchada en los vientos,

Ya opuestos elementos

Contra las orbes, que veloz desgarra:

Si el bronce adusto en cárdena pizarra

Bruñera audaz los piélagos instables

Con los ferrados y temblantes cables.

Mas el abismo de las ondas hondo

Ya entonces aposenta al roxo amante

De la que en Chipre al Minotauro honora,

Por mas que á Cintia el círculo redondo

Lóbrega luz de eclipse radiante

Bordar intente, al coronar su aurora;

Pues ni la fertil Flora

Tal vez precipitada, y tal pendiente

En los racimos de la Hercúlea planta,

Ni el Mauro, ó Garamanta

Prestára ardor á su metal ferviente,

 

A no estrechar el ámbito sucinto,

Qual Tifis el Cretense laberinto.

El gran Sepulcro, á los Egipcios pobre,

Allí oprime la bárbara difunta,

Robusto honor del que idolatra Delo:

Sobre el collado se levanta, y sobre

El cimiento capaz crece la punta

Piramidal, con que taladra el cielo:

Allí el forjado yelo

Es á las breñas funeral mordaza;

Y Cipariso en ademan triunfante,

Con lenguas de diamante,

Y brazos de coral, el monte abraza,

Y en los pendientes riscos le amenaza,

Aun mal vengado de la tarda injuria,

Trance fatal del monstruo de Liguria.

¿Qué indicio, pues, recuperar tentára

En rudo engaste de peñascos rudos

Tanta vivacidad, tan crespo ingenio?

¿Qué ardor, qué altiva luz, qué especie rara

De celsitud, entre holocaustos mudos

No se postrára, dedicando el genio

Al de Temistio y Enio?

Que de menor estimulo forzados

Hoy ven lograr el resonante plectro,

Y de fumoso electro

Gravar los rubios de vapor nublados:

Mas luego en su peñon precipitados

(Inclito Ibero) atropelló tu alfange

Quanto dora Titan del Mincio al Gange.

Cancion, al que indignáre

Tu voz altiva y sílabas tremendas;

Dile, que en silogismos no repare,

Que no te faltará de quien lo aprendas:

Basta que tú me entiendas,

Y que el lenguage culto

Muchos no le distinguen del oculto.

 

Al Santísimo Sacramento

Pange lingua gloriosi Corporis mysterium

Mueve la voz, lengua mia,

Dirás el alto misterio,

Do asiste humanado Christo

Dios Hombre en alma y en cuerpo.

Su sangre de precio tanto

Dirás, con que el Rey supremo

Pudo redimir el mundo,

Y el mundo comprar el cielo.

El que fue para los hombres

Dado por el Padre Eterno,

Y fue de una Virgen pura

Nacido para los mesmos.

 

El que humanó su Deidad,

Y conversando en el suelo,

Sembró su palabra santa,

Que fruto le da perpetuo.

Y para volverse al Padre,

Entre los hombres primero

Con maravillosa industria

Quiso quedar encubierto.

Dispuso la noble hazaña

En el convite postrero,

 

Quando observó con sus doce

La ley del Pasqual Cordero.

Alli á la feliz esquadra

Del escogido Colegio

Se dió con sus propias manos

Por manjar y por sustento.

Alli el pan con su palabra,

Y el vino se convirtieron

En pura sangre y en carne

De su vivo cuerpo entero.

Si tan profundo milagro

No alcanza el humano ingenio,

La Fe sola por firmeza

Basta al corazon sincero.

 

Reverenciemos humildes

Tan sublime Sacramento,

Supliendo la Fe sencilla

Al sentido debil nuestro.

Las ceremonias oscuras

De los antiguos precetos

Cedan á la luz presente,

Y al sacro rito moderno.

Al Padre nunca engendrado,

Sumo autor del universo,

Demos honor, gracia, y gloria,

Y mil alabanzas demos.

 

Con igual honra se alabe

Su igual concebido Verbo,

Y el que de entrambos procede,

Siendo los tres uno mesmo.

 

Coro De Pastores

¡O bella edad del oro venturosa!

No porque miel el bosque destilaba,

Y de las fuentes leche se vertia;

No porque dió sus frutos abundosa

La tierra, que al arado no tocaba,

Ni venenosa sierpe consentia;

No porque relucia

Sin tristes nubes el sereno cielo,

Y siempre era templada primavera,

Que ya no persevera;

Mas la destemplan el calor y el yelo,

Ni llevó nave á la estrangera tierra

La vil codicia, ó la sangrienta guerra.

Mas solo porque entonces este vano,

Vano y fingido nombre sin sugeto,

Este idolo de errores engañoso,

A quien la urbanidad y el vulgo insano

Llamó despues honor, y es en efeto

De la naturaleza opuesto odioso:

No mezcló malicioso

Su afan en los dulcisimos amores,

Ni de su dura ley tan importuna

Tuvo noticia alguna

Aquella libre esquadra de amadores;

Mas de una natural, que consentia

Fuese licito aquello que placia.

Entonces por el agua y por las flores

Iban con dulces bayles retozando

Los Cupidillos sin aljava ó lazo:

Sentábanse las Ninfas y Pastores:

Caricias mil al razonar mezclando,

Y á las caricias uno y otro abrazo:

De velo, ni embarazo

Jamás cubrió sus rosas encarnadas

La pastorcilla, ni la pura frente,

Desnudo juntamente

Su blanco pecho y pomas delicadas:

Y á menudo en el agua detenida

Triscar se vió el amante y su querida.

Tú, honor, fuiste el primero que negaste

La fuente de deleytes tan copiosa,

Y á la sed amorosa la escondiste:

Tú á los hermosos ojos enseñaste

A encubrir en sí mismos temerosa

La viva luz, que en su belleza asiste:

Tú en redes recogiste

Las hebras de oro, que trataba el viento;

Y tú pusiste el ademan esquivo

Al proceder lascivo,

Freno á la lengua, y arte al movimiento:

Efecto (ó vil honor) es solo tuyo,

Que el don de Amor se llame hurto suyo.

Y suelen ser tus célebres hazañas

Las penas del que oprimes á tus leyes.

Mas tú, señor de la naturaleza,

Y del amor, tú que sujetas Reyes,

¿Qué pretendes oculto entre cabañas?

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