Poemas de Juan de Tassis y Peralta, Conde de Villamediana
Poemas de Juan de Tassis y Peralta, Conde de Villamediana, la figura más enigmática y temeraria del Siglo de Oro español. Famoso por su ingenio mordaz y su destreza como caballero, destacó como un poeta culterano de gran refinamiento, siguiendo la estela de Góngora en obras como La Gloria de Niquea.
Su vida estuvo marcada por el escándalo: el juego, la sospecha de homosexualidad y su peligrosísima audacia ante el poder. Se dice que su osadía alcanzó el límite al cortejar a la reina Isabel de Borbón, inmortalizando la frase: «Mis amores son reales».
Su asesinato en 1622, en pleno centro de Madrid, permanece como uno de los grandes misterios históricos. ¿Venganza real o ajuste de cuentas? Su muerte silenció a un hombre que vivió con la misma intensidad que escribió.
A la casa de una cortesana donde entró a vivir un pretendiente
Aquí vivió la Chenca, aquella joya
por las hechuras cara; este aposento
fue túmulo del sexto mandamiento
y galera en que Amor fue buena boya.
¡Viva Dios que esta sala que le apoya
centellas de lujuria arroja al viento!
Esta trampa inventó su atrevimiento
para jugar al hombre con tramoya.
Desde aquella ventana, la insolencia
de sus cabellos afrentó al oriente,
y en ésta fue su vista una estocada.
Mas, ¡oh cruel, a entrambos penitencia!
hoy la casa es albergue a un pretendiente,
y la célebre Chenca está casada.
Silencio, en tu sepulcro deposito
Silencio, en tu sepulcro deposito
ronca voz, pluma ciega y triste mano,
para que mi dolor no cante en vano
al viento dado y en la arena escrito.
Tumba y muerte de olvido solicito,
aunque de avisos más que de años cano,
donde hoy más que a la razón me allano,
y al tiempo le daré cuanto me quito.
Limitaré deseos y esperanzas,
y en el orbe de un claro desengaño
márgenes pondré breves a mi vida,
para que no me venzan asechanzas
de quien intenta procurar mi daño
y ocasionó tan próvida huida.
A un beso de una dama
Divina boca de dulzores llena,
dichoso el labio que te besa y toca,
que no hay en cuantas hay tan dulce boca,
ni para aprisionarme tal cadena.
No el sabroso panal de la colmena
a tanto gusto y suavidad provoca,
que está el dulzor en ti y el suyo apoca
el ámbar, el clavel, el azucena.
Mas dentro de la miel está escondido
el aguijón crüel con que me hieres,
y nadie de la vida ve este signo;
boca tierna y pecho empedernido,
no, ni jamás en todas las mujeres
boca tan blanda y corazón tan digno.
A una mujer que ponía los cuernos al conde
Lágrimas de embuste
más me endurecen,
pues regados con ellas
mis cuernos crecen.
Niña del negro cabello
y de muchos corazones,
lloras los cuernos que pones,
aquí te caigan en ello.
Quieres que vuelva mi cuello
al yugo de tus engaños,
cuando me avisan mis daños
y desengaños me ofrecen,
que con lágrimas falsas
mis cuernos crecen.
Viví un tiempo enamorado,
mas ya sin culpa o castigo,
cuanto escribo y cuanto digo
es efecto recatado;
que un cuerno ratificado
con embustes, y de su dueño,
dará que sentir a un leño,
que lágrimas no merecen
cuando riegan cuerno,
mis cuernos crecen.
Glosa
Un nuevo jinete vi
del tribu de Zabulón,
no sabe de garrochón,
de lanza y esponja sí.
Cuando al monarca español
recibe alegre Castilla,
en su poderosa silla
cuya águila pudo al sol,
ser la octava maravilla
a la plaza que atendí,
según su ser, a Dios vi,
que era la esfera corintia,
no me engañando la pinta
un nuevo jinete vi.
Nunca en África lidió
contra moros de Alá veces,
ni cual Aníbal perdió
el ojo cuando se vio
sobre los Alpes franceses;
mas del torrente cedrón,
vino después de Nerón
por el incendio descrito,
y es según se ha hallado escrito
del tribu de Zabulón.
Éste, pues, desvanecido,
porque el tiempo le prestó,
desque con pluma se vio,
quiso ser tan atrevido
que su propio ser negó;
y subido en un frisón,
sin verse como pavón,
quiso dar su pavonada,
y aunque ha entrado estocada,
no sabe de garrachón.
De la ganancia y usura
sabe tanto que me espanto,
como no ha robado cuanto
el sol descubrir procura,
que la tierra encubre tanto;
pero no ha faltado allí
el natural de rabí
que luego no le dijese
que en garrochón no entendiese
de lanza y de esponja sí.
Amor no es voluntad
amor no es voluntad, sino destino
determinarse y luego arrepentirse
el que fuere dichoso será amado
descripción de toledo, -soneto-
silencio, en tu sepulcro deposito, -soneto-
nadie escuche mi voz y triste acento
a los presagios del día del juicio, -soneto-
amor es un alterno beneficio
¡oh cuánto dice en su favor quien calla
a un retrato, -soneto-
al alguacil pedro vergel, -soneto-
es tan glorioso y alto el pensamiento
al mismo rodrigo calderón. redondillas (atribuido)
de cera son las alas cuyo vuelo
bellísima sirena deste llano
a josefa vaca, reprendiéndola su marido, -soneto-
llegar, ver y entregarme ha sido junto
a la muerte de d. rodrigo calderón, -soneto-
después, amor, que mis cansados años
cuando me trato más, menos me entiendo
al príncipe de españa, -soneto-
voime tras mi cuidado a rienda suelta
pasé los golfos de un sufrir perdido
epitafio al mismo d. rodrigo calderón (atribuido)
buscando siempre lo que nunca hallo
romance
A una dama que se quería casar con Don Fulano de Castro, impotente
Señora, no me fastidia,
Envidia
ni mueven mi palma y labios
Agravios,
ni causan en mí desvelos
Celos;
antes alabo a los cielos
de que os sirva un impotente,
pues así el alma no siente
Envidia, Agravios ni Celos.
Diome el ciego Amor
Dolor;
ver sus deseos logrados,
Cuidados;
y que os gozasen sus ojos,
Enojos.
Supe sus aceros flojos;
y sabida su impotencia,
cesaron en mi conciencia
Dolor, Cuidados y Enojos.
Es Castro en nombre abreviado
Castrado,
castrado a quien falta el basto,
Casto,
castrado y casto varón,
Capón.
Mal podrá haceros buen son
aunque cascabeles toque,
quien es en toque emboque,
Castrado, Casto y Capón.
Bien sé que este amante rojo
es Flojo,
su pica, taco y velorto,
Corto;
y que no tiene esta pieza
Cabeza.
No jugará con destreza
instrumento tan mellado,
porque está de puro usado
Flojo, Corto y sin Cabeza.
Fáltale a vuestro Escipión
Bastón;
y aunque a la guerra os provoque
Estoque;
y para entrar la goleta,
Jineta.
y así, en la guerra secreta,
asaltos os faltarán,
faltándole al capitán
Bastón, Estoque y Jineta.
No correrá con pujanza
Lanza,
ni con gritos o a lo sordo,
Bohordo,
ni a fuer de juego de España,
Caña.
Si el corazón no me engaña,
la boda será funesta,
pues no se enristra en la fiesta
Lanza, Bohordo ni Caña.
Si no empuña Mandricardo
Dardo,
ni dispara en vuestro Onnuz
Arcabuz,
ni enciende cuando os pertrecha
Mecha,
siempre andará con sospecha,
señora, que otro os da asalto,
un hombre que ve que es falto
de Dardo, Arcabuz y Mecha.
Es un brazo sin espada
Nada;
reloj con pesas sin mano,
Vano.
y un impotente en el lecho,
Sin Provecho.
Ved, señora, el pie derecho
primero que lo juzguéis,
mirad que después no halléis
Nada, Vano y Sin Provecho.
Si al potro el Híjar no bate,
Acicate;
ya la yegua que más vuela,
Espuela;
ya la mula que más rúa,
Púa;
en ser lerda se habitúa,
y lo mismo es la mujer,
si no le bate al correr
Acicate, Espuela o Púa.
Fue un tiempo vuestro varón
Capón,
y es el que os goza al presente,
Impotente,
amén de otro monje añejo
Viejo.
Señora, mi mal consejo
es que corráis buen caballo
y no busquéis para gallo
Capón, Impotente o Viejo.
Vos tenéis, señora polla,
Argolla,
y en Castro contemplo solas
Bolas,
y en el capón solo y flaco,
Taco;
y de aquí, señora, saco
que uno destos solo y vos
nunca juntaréis los dos
Argollas, Bolas y Taco.
Plegue a Dios que no sea Castro
Padrastro;
de vuestro huerto y jardín,
Mastín;
y sea del hortelano
Alano.
Gozad del garbo lozano,
antes que seáis mujer
de un marido que ha de ser
Padrastro, Mastín y Alano.
Tenga otro en vuestros sollozos
Gozos,
y en vuestro burlado intento,
Contento,
y en veros quemar y arder,
Placer,
que a mí no me han de mover
riscos, bronce y pedernales
a tener de vuestros males
Gozos, Contento y Placer.
¡Oh cuánto dice en su favor quien calla!
¡Oh cuánto dice en su favor quien calla!
porque de amar, sufrir es cierto indicio,
y el silencio el más puro sacrificio
y adonde siempre amor mérito halla.
Morir en su pasión sin declaralla
es de quien ama el verdadero oficio,
que un callado llorar por ejercicio
da más razón por sí, no osando dalla.
Quien calla amando, sólo amando muere,
que el que acierta a decirse no es cuidado;
menos dice y más ama quien más quiere.
Porque si mi silencio no os ha hablado,
no sé deciros más que, si muriere,
harto os ha dicho lo que yo he callado.
Amor no es voluntad, sino destino
De violenta pasión y fe con ella;
elección nos parece y es estrella
que sólo alumbra el propio desatino.
Milagro humano es símbolo divino,
ley que sus mismas leyes atropella,
ciega deidad, idólatra querella,
que da fin y no medio a su camino.
Sin esperanza, y casi sin deseo,
recatado del propio pensamiento,
en ansias vivas acabar me veo.
Persuasión eficaz de mi tormento,
que parezca locura y devaneo
lo que es amor, lo que es conocimiento.
Determinarse y luego arrepentirse
Empezar a atrever y acobardarse,
arder el pecho y la palabra helarse,
desengañarse y luego persuadirse;
comenzar una cosa y advertirse,
querer decir su pena y no aclararse,
en medio del aliento desmayarse,
y entre el temor y el miedo consumirse;
en las resoluciones, detenerse,
hallada la ocasión, no aprovecharse,
y, perdida, de cólera encenderse,
y sin saber por qué desvanecerse:
efectos son de amor, no hay que espantarse,
que todo del amor puede creerse.
El que fuere dichoso será amado
Y yo en amor no quiero ser dichoso,
teniendo, de mi mal propio enviDioso
a dicha ser por vos tan desdichado.
Sólo es servir, servir sin ser premiado;
cerca está de grosero el venturoso;
seguir el bien a todos es forzoso,
yo sólo sigo el mal sin ser forzado.
No he menester ventura para amaros;
amo de vos lo que de vos entiendo,
no lo que espero, porque nada espero;
llévame el conoceros a adoraros;
servir, mas por servir, sólo pretendo;
de vos no quiero más que lo que os quiero.
Descripción de Toledo
Loca justicia, muchos alguaciles,
cirineos de putas y ladrones
seis caballeros y seiscientos dones
argentería de linajes viles;
doncellas despuntadas por sutiles,
dueñas para hacer dueñas intenciones,
necios a pares y discretos nones,
galanes con adornos mujeriles;
maridos a corneta ejercitados,
madres que acedan hijas con el vino,
bravos de mancomún y común miedo;
jurados contra el pueblo conjurados,
amigos como el tiempo de camino,
las calles muladar: esto es toledo.
Silencio, en tu sepulcro deposito
Silencio, en tu sepulcro deposito
ronca voz, pluma ciega y triste mano,
para que mi dolor no cante en vano
al viento dado ya, en la arena escrito.
Tumba y muerte de olvido solicito,
aunque de avisos más que de años cano,
donde hoy más que a la razón me allano,
y al tiempo le daré cuanto me quito.
Limitaré deseos y esperanzas,
y en el orbe de un claro desengaño
márgenes pondrá breves a mi vida,
para que no me venzan asechanzas
de quien intenta procurar mi daño
y ocasionó tan próvida huida.
Nadie escuche mi voz y triste acento
De suspiros y lágrimas mezclado,
si no es que tenga el pecho lastimado
de dolor semejante al que yo siento.
Que no pretendo ejemplo ni escarmiento
que rescate a los otros de mi estado,
sino mostrar creído y no aliviado
de un firme amor el justo sentimiento.
Juntóse con el cielo a perseguirme
la que tuvo mi vida en opiniones
y de mí mismo a mí como en destierro.
Quisieron persuadirme las razones
hasta que en el propósito más firme
fue disculpa del yerro el mismo hierro.
A los presagios del día del juicio
Cenizas que aguardáis aquella trompa
para unir las especies desatadas
con que al juicio final serán llamadas
las almas puras con gloriosa pompa,
cuando la voz de Dios, abriendo, rompa
los mármoles y losas más pesadas,
porque salgáis unidas y apuradas
en forma a quien el tiempo no corrompa.
No puede estar ya lejos, pues es cierta
aquella confusión, cuya agonía
los dormidos espíritus despierta.
Antes, en este caso juzgaría
que ver cosa inmortal, sin tiempo, muerta,
es ya de los prodigios de aquel día.
Amor es un alterno beneficio
Que recíprocos lazos multiplica,
unión de voluntades que se aplica
a felizmente acepto sacrificio;
gloriosa diversión, atento oficio
de un alma ya de afectos nobles rica,
dulcísima abusión que califica
en sublime concordia alto ejercicio;
vïolenta opresión que se dispone
a lograr en sí misma, interiormente,
fe que en gémina luz rayos enciende;
pasto que la ambición del gusto pone,
dulce dolor que aplaude lo que siente,
arte en que ignora más, quien más entiende.
¡oh cuánto dice en su favor quien calla
Porque, de amor, sufrir es cierto indicio,
y el silencio, el más puro sacrificio
y adonde siempre amor mérito halla!
morir en su pasión, sin declaralla,
es de quien ama el verdadero oficio,
que un callado llorar por ejercicio
da más razón por sí no osando dalla.
Quien calla amando, sólo amando muere,
que el que acierta a decirse no es cuidado;
menos dice y más ama quien más quiere.
Porque si mi silencio no os ha hablado,
no sé deciros más que, si muriere,
harto os ha dicho lo que yo he callado.
A un retrato
Ofensas son, señora, las que veo,
hechas a vuestras grandes perfecciones,
porque donde acredita sus pasiones
sólo amor las escribe y yo las leo.
Vencido queda el arte del deseo,
los imposibles dando por razones,
y en esta fe tan libre de opiniones
fundo lo que de vos no alcanzo y creo.
Si en lo menos se pierde más el tino,
en lo más, ¿qué será de aquel traslado
que procura sacar el arte en vano?
sólo yo tengo aquel tan peregrino
en que el original no está agraviado,
hecho en mi corazón por vuestra mano.
Al alguacil Pedro Vergel
La llave del toril, por ser más diestro,
dieron al buen vergel y por cercano
deudo de los que tiene so su mano,
pues le tiene esta villa por cabestro.
Aunque en esto de cuernos es maestro
y de la facultad es el decano,
un torillo, enemigo de su hermano,
al suelo le arrojó con fin siniestro.
Pero como jamás hombres han visto
un cuerno de otro cuerno horadado
y vergel con los toros es bienquisto,
aunque esta vez le vieron apretado
sano y salvo salió, gracias a Cristo;
que vergel contra cuernos es hadado.

Es tan glorioso y alto el pensamiento
Que me mantiene en vida y causa muerte,
que no sé estilo o medio con que acierte
a declarar el mal y el bien que siento.
Dilo tú, amor, que sabes mi tormento,
y traza un nuevo modo que concierte
estos varios extremos de mi suerte
que alivian con su causa el sentimiento;
en cuya pena, si es glorioso efecto
el sacrificio de la fe más pura
que está ardiendo en las alas del respeto,
ose el amor, si teme la ventura,
que entre misterios de un amor secreto
amar es fuerza y esperar locura.
Al mismo Rodrigo Calderón. redondillas (atribuido)
Aquí de un hombre el poder
yace mejorado en suerte;
perdió el ser y fue su muerte
tal que cobró mayor ser.
Caminante, ¿dónde vas?
no estén de tu nombre ajenos:
si fue más para ser menos,
fue menos para ser más.
Hoy de fortuna el desdén
dio aquí una muerte inmortal
a quien el bien hizo mal
y a quien el mal hizo bien.
De cera son las alas cuyo vuelo
Gobierna incautamente el albedrío,
y llevadas del propio desvarío
con vana presunción suben al cielo.
No tiene ya el castigo, ni el recelo
fuera eficaz, ni sé de qué me fío,
si prometido tiene el hado mío
hombre a la mar como escarmiento al suelo.
Mas si a la pena, amor, el gusto igualas,
con aquel nunca visto atrevimiento
que basta a acreditar lo más perdido,
derrita el sol las atrevidas alas,
que no podrá quitar el pensamiento
la gloria, con caer, de haber subido.
Bellísima sirena deste llano
Estrella superior de esfera ardiente,
animado cometa floreciente,
con rayos negros serafín humano;
sol que a la lumbre de tu luz en vano
resistir puede el lince más valiente,
fénix que, peregrina, únicamente
logra región de cluma soberano.
Aunque la envidia exhale los alientos
de tu veneno, el mérito seguro
luce en símbolo claro de constancia.
Revuélvanse ambiciosos elementos,
que el cielo es siempre cielo, siempre puro,
y accidentes no alteran su sustancia.
A josefa vaca, reprendiéndola su marido
«oiga, josefa, y mire que ya pisa
esta corte del rey, cordura tenga;
mire que el vulgo en murmurar se venga
y el tiempo siempre sin hablar avisa.
»Por nuestra santa y celestial divisa,
que de hablar con los príncipes se abstenga,
y aunque uno y otro duque a verla venga,
su marido no más, su honor, su misa».
Dijo morales y rezó su poco,
mas la josefa le responde airada:
«¡oh, lleve el diablo tanto guarda el coco!
»¡mal haya yo si fuese más honrada!»
pero como ella es simple y él es loco,
«miró al soslayo, fuese y no hubo nada».
Llegar, ver y entregarme ha sido junto
La deuda general pagada os tengo,
y a ser de vos injustamente vengo
condenado sin culpa en sólo un punto.
Padezco el mal, la causa no barrunto,
que yo, sin esperanza, me entretengo,
y sólo de adoraros me mantengo
vivo al servir, y al merecer difunto.
Quien sabe tanto y claramente entiende
que esperar algo es yerro sin disculpa,
con la inteición no puede haber errado.
Miro y no hallo en mí de que me enmiende;
mas si desdichas las tenéis por culpa,
¿cómo estará sin ella un desdichado?
A la muerte de D. Rodrigo Calderón
Éste que en la fortuna más subida
no cupo en sí, ni cupo en él su suerte,
viviendo pareció digno de muerte,
muriendo pareció digno de vida.
¡Oh providencia nunca comprendida,
auxilio superior, aviso fuerte:
el humo en que el aplauso se convierte
hace la misma afrenta esclarecida!
purificó el cuchillo los perfectos
meDios que religión celante ordena
para ascender a la mayor victoria,
y trocando las causas sus efectos,
si glorias le conducen a la pena,
penas le restituyen a la gloria.
Después, amor, que mis cansados años
Dieron materia a lástima y a risa,
cuando debiera ser cosa precisa
el costoso escarmiento en tus engaños;
y de los verdaderos desengaños
el padre volador también me avisa,
que aunque todo lo muda tan aprisa,
su costumbre común niega a mis daños;
cuando ya las razones y el instinto
pudieran de mí mismo defenderme
y por causa fundada en escarmiento;
en otro peligroso laberinto
me pone amor, y ayudan a perderme
memoria, voluntad y entendimiento.
Cuando me trato más, menos me entiendo
Hallo razones que perder conmigo,
lo que procuro más, más contradigo
con porfiar y no ofender sirviendo.
La fe jamás con la esperanza ofendo,
desconfiando más, menos me obligo;
el padecer no puede ser castigo,
pues sólo es padecer lo que pretendo.
De un agravio, señora, merecido,
siempre será remedio aquel tormento
que cuanto mayor es, más se procura;
porque para morir agradecido
basta de vos aquel conocimiento
con que nunca eche menos la ventura.
Al príncipe de España
Émulo al sol saldrá del cielo hesperio
un rayo de las armas, y cometa
que con agüero de feliz planeta
al asia librará de cautiverio.
Y revelando al mundo el gran misterio
verá el levante ocasos de su seta;
uno el ovil, una la ley perfeta;
habrá un solo pastor y unsolo imperio.
Y la hidra inhumana, que no pudo
ver extinta con fuego ni cortada
el celo y el valor de sus abuelos,
al resplandor del soberano escudo
muerta caerá de miedo de la espada
que con filos de fe templan los cielos.
Voime tras mi cuidado a rienda suelta
Sin que baste a tenerme lo que veo:
ninguna parte soy con mi deseo,
ni él es alguna para dar la vuelta.
Nadie jamás de esta prisión se suelta;
tan ciego en ella estoy que no la veo,
y la viva pasión con que peleo
viene a ser obstinada y no resuelta.
¿A dónde iré a parar sin esperanza,
tras la mayor ventura sin alguna,
en lo que menos puedo más fiado?
lo que siempre es mudanza no es mudanza;
agravios es costumbre en mi fortuna;
y estoy tal, que quejarme nos probado.
Pasé los golfos de un sufrir perdido
Y piélagos de ofensas he surcado,
de enemigos impulsos agitado,
de poderosas olas impedido.
Hoy, pues, menos quejoso que advertido,
de esperanza las velas he animado,
y debo a mi noticia haber tomado
en mar de sinrazón puerto de olvido,
donde ya en dar benéficos alientos
a la violenta fuerza me libraron
del tiempo airado y de contrarios vientos.
Ya engañosas sirenas me dejaron
porque la falsa voz de sus acentos
mis diamantes oídos no escucharon.
Epitafio al mismo D. Rodrigo Calderón (atribuido)
Huésped, sustenta esta losa
quien nos gobernó el vivir
y nos enseñó a morir,
estrella tan imperiosa;
y la muerte, temerosa,
con haberle preparado
la fortuna y derribado
con tan grande valor, le vio,
que nunca se le atrevió
hasta que le tuvo atado.
Buscando siempre lo que nunca hallo
No me puedo sufrir a mí conmigo
y encubierta la culpa y no el castigo
me tiene amor, de quien nací vasallo.
Yo sufro y no me atrevo a declarallo
con ver tan imposible el bien que sigo,
que cuando me condena lo que digo
no me puedo valer con lo que callo.
Sigo como dichoso, no lo siendo;
quisiera dar razones y estoy mudo
y de puro rendido me defiendo.
Del tiempo fío lo que en todo dudo,
y en fin he de mostrar claro muriendo
que en mí el amor más que el agravio pudo.
Romance
Francelisa, la más bella
ninfa que pisó cristal,
y sobre coturnos de oro
lleva su tributo al mar,
doliente y correspondida
de amarilis en el mal,
ella sabe por qué llora
y cuán llorosa estará.
Primas son y las primeras
flores que dio portugal:
una, formación de estrellas;
otra, de rayos no más;
lo que rubrica la perla,
la siempre luz orïental,
tensa imagen del aurora
y sol que amanece ya.
Rojos anima claveles
en los dos labios que más
bella afrenta de las perlas
el amor supo celar.
De sí mismo dé sus flechas,
pues las que al arco da
hebras son finas que clori
apenas sabe envidiar.
El aliento que respira
quintaesencia es del azahar;
abriles y mayos pisa
con su animado cristal.
Si con dos luceros mira
-que aun no se dejan mirar-,
qué no rinde, qué no vence,
y qué no conquistará.
Presa tiene a francelisa,
y ella en sus brazos está;
el peligro de sus brazos
de mi muerte lo sabrá.
Con rayos el sol
a cuya lumbre jamás
habrá libre corazón,
habrá exenta libertad.
Dulces son de amor cadenas,
y aun dellas no liberal,
en la mezcla de los ojos
donde es dulce el espirar.
Cuanto dice y cuanto hace
es peligroso ademán,
el buen aire es su retrato,
si se puede retratar.
La que en su norte es estrella
y no de lumbre polar,
sino de la luz más fija
que venera nuestra edad;
es la suya en pocos años
muchos siglos de beldad,
hermosura con veneno
y peligro que adorar.
Que se le huye y que vive
y que se deja alcanzar,
que no envidie el escarmiento,
que no desprecie el afán.
Por ella llora amarilis,
por ella llorando están
cuantos saben entender,
cuantos supieren mirar.
Francelisa, agradecida,
o teniendo que pagar,
con su hermosísima prima
dio celos y aun quizá más;
pues para sacar de amor
misterio que oculto está,
hoy le faltará el deseo
y mañana le sobrará.
Discursos son de la envidia
en la culpa de un mordaz,
francelisa y amarilis
magna conjunción es ya.
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