Poemas de Lucano (poeta romano)
Poemas de Lucano (39–65 d.C.), poeta romano nacido en Córdoba, fue autor de Las Farsalias, una épica sin dioses que narra la guerra civil entre César y Pompeyo.
Admirado por su talento precoz, fue protegido de Nerón hasta caer en desgracia por conspirar contra él.
Su estilo es vehemente, político y trágico, exaltando la libertad republicana frente al poder imperial. Murió joven, obligado al suicidio, pero su obra perdura como testimonio de resistencia y pasión por Roma.
Esta es la síntesis poética que recoge los momentos clave del poema: la guerra civil entre César y Pompeyo, el paso del Rubicón, la batalla de Farsalia, la necromancia de Ericto, y la caída de la República.
Inicio de la guerra civil
Canto la guerra más que civil,
cuando Roma se hiere a sí misma,
y brazos romanos matan hermanos,
el derecho se rinde al poder,
y la patria se parte en dos sombras.
No fue por bárbaros ni por reyes,
ni por tierras ajenas o botines,
sino por Roma contra Roma,
por César y Pompeyo enfrentados,
como dos soles que chocan en fuego.
El paso del Rubicón
César se detiene ante el Rubicón,
el río murmura leyes antiguas,
pero la ambición rompe el cauce,
y el general cruza con furia sagrada,
sellando el destino de la República.
¡Aquí termina la paz!”, grita el río,
y los dioses se apartan del camino,
la guerra entra como sombra creciente,
Italia tiembla bajo pasos de hierro,
y Roma se convierte en campo de ruina.
Pompeyo y la huida
Pompeyo abandona la ciudad sagrada,
su gloria pasada pesa como plomo,
el pueblo lo mira con ojos de duda,
y el Senado se dispersa en miedo,
como hojas que huyen del viento imperial.
El viejo general busca tierras seguras,
pero César avanza como tormenta,
las legiones lo siguen sin descanso,
y cada paso es un golpe de destino,
que borra fronteras con fuego y poder.

Batalla de Farsalia
En Farsalia chocan los mundos romanos,
el polvo se alza como nube de muerte,
las lanzas brillan como astros caídos,
y los escudos cantan su último canto,
mientras la historia se parte en dos.
Pompeyo cae sin gloria ni tumba,
su sombra se disuelve en la arena,
César contempla el campo de ruinas,
y Roma se inclina ante su victoria,
aunque la libertad muere en silencio.
Ericto y la necromancia
En Tesalia, la bruja Ericto despierta,
su voz convoca a los muertos sin paz,
los huesos tiemblan bajo tierra maldita,
y el infierno se abre en sus palabras,
como grieta que revela el futuro.
Ella arranca secretos del cadáver,
el alma responde con gritos de sombra,
la guerra se anuncia en sangre y fuego,
y el destino se escribe en carne muerta,
como profecía que nadie puede evitar.
Caída de la República
Roma ya no es madre de leyes,
sino esclava de un solo hombre,
el Senado se convierte en eco vacío,
y la libertad se oculta en ruinas,
como estatua rota en templo olvidado.
Ya se llora la patria perdida,
su canto es lanza contra el tirano,
cada verso es un grito de justicia,
y su poema arde como llama eterna,
en defensa de lo que fue Roma.
Viajes y presagios
César navega hacia tierras egipcias,
el Nilo lo recibe con sangre real,
Pompeyo yace sin cabeza ni honra,
y Cleopatra teje redes de poder,
bajo cielos que ya no conocen ley.
Los augures callan ante tanta ruina,
los dioses se ocultan en sus templos,
el destino se ríe de los hombres,
y Roma se convierte en teatro de sombras,
donde el poder es máscara sin alma.
El canto del dolido
No canto héroes ni dioses benévolos,
sino hombres que destruyen su mundo,
mi verso es filo que corta la historia,
y mi pluma es testigo de la caída,
como llama que arde en ruinas sagradas.
La épica ya no es gloria ni virtud,
sino espejo de sangre y ambición,
mi poema no busca consuelo ni paz,
sino verdad en medio del desastre,
como luz que revela el abismo romano.
Final inconcluso
El canto se detiene en Egipto,
la historia queda abierta como herida,
El marchante muere antes de cerrar el ciclo,
y su voz queda suspendida en el tiempo,
como eco que aún busca justicia.
La Farsalia no tiene dioses salvadores,
ni héroes que restauren el orden,
solo hombres que destruyen su patria,
y un poeta que canta entre ruinas,
como testigo de la última Roma.
Epílogo
Así se alza la voz de quien habló,
contra el César, contra el destino,
su poema es mapa de ruina y poder,
un canto sin consuelo ni redención,
pero lleno de verdad y memoria.
Las Farsalias viven en cada verso,
como llama que no se apaga jamás,
su épica es espejo de nuestra historia,
y su furia es legado de resistencia,
en tiempos donde todo parece perdido.
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