Poemas de Mimnermo (poeta griego)

mimnermo

Mimnermo de Colofón (siglo VII a.C.) fue el gran exponente de la elegía amorosa griega. Su poesía se aleja de lo bélico para centrarse en la brevedad de la vida y el contraste entre la juventud y la «funesta» vejez.

Considerado el precursor de la lírica sentimental, cantó al placer efímero y a su musa, Nanno. Para Mimnermo, la existencia pierde sentido sin el amor y los dones de Afrodita.

 

Fragmentos

Fragmento 1

¿Qué vida y qué placer hay sin la dorada Afrodita?

Ojalá muera cuando esto ya no me importe.

El amor escondido, dones agradables del lecho,

los cuales son las flores seductoras de la juventud

para los hombres y mujeres. Cuando llega la dolorosa

vejez, que hace feo incluso al hombre bello,

a él continuamente las malas preocupaciones le consumen su mente.

Y no disfruta al contemplar los rayos del sol,

sino que es odioso para los niños e indigno para las mujeres.

Un dios estableció así la dolorosa vejez.

 

Fragmento 2

Nosotros como las hojas que la muy florida estación de primavera

hace crecer, cuando rápidamente crecen con los rayos del sol,

nosotros semejantes a estas gozamos de las flores de la juventud durante un breve espacio de tiempo,

sin saber por parte de los dioses ni lo malo ni lo bueno.

Las negras Keres están presentes junto a nosotros,

la una trayendo consigo el cumplimiento de la dolorosa vejez

y la otra el de la muerte. Poco tiempo dura el fruto de la juventud,

cuanto se extiende el sol sobre la tierra.

Pero cuando se sobrepasa este final de la estación de la juventud,

entonces es mejor estar muerto que estar vivo.

Pues muchos males hay en el ánimo, a veces el patrimonio

se arruina y vienen los dolorosos hechos de la pobreza:

Mientras que otro carece de hijos

y deseándolos mucho marcha al hades bajo tierra.

Otro padece una enfermedad letal y no hay ningún

hombre a quien Zeus no otorgue muchos males.

 

Fragmento 3

Cuando pasa la juventud ni siquiera el padre,

en otro tiempo tan hermoso,

es honrado y querido por sus hijos.

 

Fragmento 4

Zeus entregó a Titono para que lo tuviese un mal imperecedero,

la vejez, que incluso es más fría que la dolorosa muerte.

 

Fragmento 5

Al instante un sudor abundante fluye por mi piel,

me paralizo cuando contemplo la flor de la juventud,

agradable al igual que bella. Ojalá durase más.

Pero como un sueño poco tiempo dura

la estimada juventud.

Pues la dolorosa y fea vejez cuelga sobre la cabeza al instante,

odiosa a la vez que honrosa, la cual vuelve desconocido al hombre

y daña tanto los ojos como la mente al cubrirnos.

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Fragmento 6

Ojalá el destino de la muerte me llegue a los sesenta sin enfermedades ni dolorosas preocupaciones.

 

Fragmento 7

Alegra tu corazón.

Alguien de los ciudadanos crueles
hablará mal de ti,

otro hablará mejor.

 

Fragmento 8

Haya entre tú y yo sinceridad, la posesión más justa de todas.

 

Fragmento 9

Rápidamente, tras abandonar Pilos, ciudad de Neleo,

llegamos con las naves a la amable Asia,

nos asentamos en la bella Colofón trayendo una insolente fuerza,

causantes de la dolorosa violencia.

De allí, alejándonos del río Ales,

por voluntad de los dioses tomamos la eolia Esmirna.

 

Fragmento 10

Andraemón funda Colofón, como dice Mimnermo en Nanno.

 

Fragmento 11

Jamás el propio Jasón habría traído el vellocino de Ea
realizando la dolorosa expedición,
y haciendo la dura prueba para el malvado Pelias
ni habría llegado a la bella corriente del océano.

A la ciudad de Eetes, donde los rayos del rápido sol
residen en una guarida dorada
junto a la orilla del océano, a donde el divino Jasón llegó.

 

Fragmento 12

Pues Helios tuvo trabajo durante todos los días,
y no había ningún descanso
para los caballos y para él cuando la Aurora de dedos rosados
subió al cielo tras abandonar el océano.
Entonces a él lo trae con una ola la cama más deseada,
cóncava, forjada por Hefesto con las manos,
de oro caro, alada, por encima del agua
mientras duerme deseosamente desde el territorio de las Hespérides
hasta la tierra de los Etíopes, donde se colocan el rápido carro y
los caballos hasta que la Aurora, hija de la mañana, llegue.
Desde allí el hijo de Hiperión se sube su carro.

 

Hedonista

¿Y qué vida, y qué goce, quitando a Afrodita de oro?

Morirme quisiera, cuando no importen ya más

los amores ocultos, los dulces obsequios, la cama,

cuanto de amable tiene la flor de la edad

para hombre y mujer; pues tan pronto llega la triste

vejez, que hace al hombre feo y malo a la par,

sin cesar le consumen el alma los viles cuidados,

ya no se alegra mirando a los rayos de sol,

los muchachos lo odian, lo vejan también las mujeres

tan terrible dispuso dios la vejez.

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