Poemas de Raimbaut de Vaqueiras (trovador occitano)
Raimbaut de Vaqueiras fue uno de los trovadores más polifacéticos y brillantes del siglo XII. De origen provenzal, desarrolló gran parte de su carrera en la corte italiana de Bonifacio de Montferrato, donde no solo destacó como poeta, sino también como caballero, llegando a ser armado tras mostrar su valor en combate.
Su obra es innovadora y cosmopolita; es famoso por crear el «descort» plurilingüe, donde utiliza diversas lenguas romances en una misma pieza. Su estilo equilibra la épica de las cruzadas con la delicadeza del amor cortés, consolidándose como un puente cultural entre Francia e Italia.
Alba
Vigila bien, centinela del castillo.
Pues aquella que me es bella y buena
es toda mía hasta el alba.
El día llega sin ser invitado,
el juego de amor,
el alba lo impide, el alba, sí, el alba.
Vigila, amigo, y observa, grita, canta.
Poseo a mi deseada,
pero contra el alba protesto
y contra el día desagradable
que nos asusta
mucho más que el alba, el alba, sí, el alba.
Cuídate, vigía de la torre,
del mal señor, el celoso,
molesto mucho más que el alba.
Nosotros, abajo, hablamos de amor.
Pero gran temor
nos llega con el alba, el alba, sí, el alba.
Dama, adiós, no puedo quedarme.
A pesar de mí debo dejaros,
pero gran preocupación me causa el alba
cuando la veo asomar tan pronto
para separarnos.
Eso es lo que quiere el alba, sí, el alba.
Guarda bien, centinela del castillo
Guarda bien, centinela del castillo,
cuando el objeto que me es el mejor y el más bello
es mío hasta el alba.
El día que llega sin desfallecer,
juego nuevo
arrebata el alba, el alba, sí, el alba.
Guarda, amigo, vela, grita, clama,
soy rico, tengo lo que más deseo,
pero soy enemigo del alba.
La tristeza que nos causa el día
me abate
más que el alba, el alba, sí, el alba.
Cuídate, vigía de la torre,
del celoso, vuestro mal señor,
estorbo más que el alba;
allí abajo hablan nuestros corazones.
Pero miedo
nos da el alba, el alba, sí, el alba.
Dama, adiós,
no puedo quedarme más tiempo:
a pesar de mí debo partir;
¡cuánto me entristece el alba!
Con qué pesar la veo levantarse,
burlarnos
quiere el alba, el alba, sí, el alba.
Altas olas
Altas olas, que venís sobre el mar,
y que el viento levanta aquí y allá,
¿de mi amigo podéis algo enseñarme,
que atravesó?
No lo veo volver…
¡Ay!
Dios de amor,
a veces me da alegría y a veces es dolor.
¡Oh, dulce brisa llegada de allá lejos,
donde mi amigo duerme, mora y reposa,
traedme bebida de su dulce aliento!
Entorno la boca, en mi gran deseo.
¡Ay!
Dios de amor,
a veces me da alegría y a veces es dolor.
Es una desgracia amar a un extranjero:
en llanto se tornan sus juegos y sus risas.
Nunca creí que el amigo me traicionara,
pues le di lo que el amor pedía;
y hoy,
Dios de amor,
a veces me da alegría y a veces es dolor.
El carro extraído
La ciudad se jacta
de formar el ejército en orden de batalla,
y hace sonar la campana.
La comunidad de las viejas viene
y dice con arrogancia
que cada uno ataque;
luego proclama
que la bella
Beatriz
es la soberana
de lo que posee la comunidad;
deshonor
es para todas y ruina.
Las trompetas suenan y el podestá grita:
«Reclamemos de ella la belleza y la cortesía,
valor y juventud», y todas claman:
«Que así sea».
Altas olas que vienen sobre el mar
Altas olas que vienen sobre el mar,
altas olas que vienen sobre el mar,
que el viento hace mover, ir y volver,
de mi amigo, ¿qué podéis contar?
¿Atravesó? No lo veo regresar.
………….¡Ay Dios, este amor!
………Ora me trae alegría, ora me causa dolor.
Ay, tú que llegas de allá, aire dulce,
de donde duerme mi amigo en la noche,
trae el perfume suave de su aliento hoy.
Abro mi boca: pasión tal nunca hubo.
………….¡Ay Dios, este amor!
………Ora me trae alegría, ora me causa dolor.
Dolor de amar a alguien de tierra extraña,
ver tornarse llanto la risa y sus dichas.
Del amor nunca esperé golpe tan grande,
pues sus deseos siempre acompaño.
………….¡Ay Dios, este amor!
………Ora me trae alegría, ora me causa dolor.
Eras quan vey verdeiar – Descort
Era, cuando veo reverdecer prados, vergeles y bosques,
quiero comenzar un descort de amor,
por lo cual voy errando;
pues una dama solía amarme,
pero su ánimo ha cambiado,
por lo cual hago discordar
las palabras, los sonidos y las lenguas.
Yo soy aquel que no tiene bien
ni jamás lo tendrá,
ni en abril ni en mayo,
si no lo recibo de mi dama;
cierto es que en su lenguaje
no sé decir su gran belleza,
más fresca que la flor del gladiolo,
por lo cual no me apartaré de ella.
Bella, dulce y cara señora,
a vos me entrego y me concedo;
no tendré jamás alegría completa
si no os tengo a vos y vos a mí.
Sois muy cruel enemiga
si muero por mi buena fe;
pero nunca, de ninguna manera,
me apartaré de vuestro dominio.
Dama, yo me rindo a vos,
pues sois la más buena y bella que jamás existió,
valiente y gallarda,
si sólo no me fuerais tan hostil.
Tenéis hermosas facciones
y color fresco y juvenil.
Soy vuestro, y si os tuviera
nada podría oprimirme.
Mas tanto temo vuestro juicio
que todo me espanta.
Por vos sufro pena y tormento,
y mi cuerpo está herido:
de noche, cuando yazgo en mi lecho,
muchas veces me despierto;
y como nunca obtengo nada,
he errado en el pensamiento que concebí.
Bello Caballero, tan preciosa es
vuestra honrada señoría
que cada día me sobrecoge.
¡Ay de mí! ¿Qué haré
si aquella que más quiero me mata,
sin saber por qué?
Mi dama, por la fe que os debo
y por la cabeza de santa Quiteria,
mi corazón me habéis arrancado
y, con noble palabra, robado.
Eras quan vey verdeiar
Era, cuando veo reverdecer prados, vergeles y bosques,
quiero comenzar un descort de amor,
porque una dama solía amarme,
pero su ánimo ha cambiado,
por lo cual hago discordar
las palabras, los sonidos y las lenguas.
Yo soy aquel que no tiene bien
ni jamás lo tendrá,
ni en abril ni en mayo,
si no lo recibo de mi dama;
cierto es que en su lenguaje
no sé decir su gran belleza,
más fresca que la flor del gladiolo,
por lo cual no me apartaré de ella.
Que nadie se atreva a reír de mi dolor
Que nadie se atreva a reír de mi dolor:
sin vos no puedo vivir.
Mas, bella amiga, por Dios no sea
que el celoso se burle de mi mal,
pues cara le costaría su celo
si separara a dos amantes como nosotros.
Yo jamás sería ya gozoso,
ni alegría sin vos me valdría;
tal camino tomaría
que nadie más me vería;
ese día moriría,
dama noble, si os perdiera.
¿Por qué temer perder un amor que ni siquiera ha florecido?
¿Cómo podrá perderse, o cómo podrá serme restituida
una dama, si nunca la he tenido?
Pues no se puede ser amante sólo con el pensamiento;
pero cuando el enamorado se convierte en amante,
grande es el honor que en él crece,
y el bello semblante hace surgir tal murmullo.
Y sin embargo, nunca os he tenido desnuda,
ni vencida de otro modo;
os he deseado, y he depositado en vos mi fe,
sin otra recompensa.
No podría tomar otro camino
Difícilmente hallaría alegría,
si me separara, noble caballero, tristemente de vos,
pues en otro lugar mi corazón no se vuelve
ni me atrae otro deseo, que nada más desea.
Sé que a los maldicentes agradaría,
señora, pues de otro modo no hallarían consuelo:
hay quien vería y escucharía mis desgracias,
y de ellas se alegraría,
mientras os contempla, os piensa y espera,
y su corazón suspira.
Donna Beatriz sois mejor que cualquiera, por ciencia y bondad
Así gentilmente nacéis y sobre todos,
dama Beatriz, se ennoblece y crece
vuestro valor; en mi opinión
honráis vuestro dominio con mérito
y con bellas palabras, sin error;
de nobles hechos guardáis la semilla;
tenéis ciencia, paciencia y conocimiento;
sin disputa revestís vuestro valor
con benevolencia.
Dama gentil, todos alaban y proclaman
Dama gentil, todos alaban y proclaman
vuestro valor, que es amable,
y quien os olvida poco le vale la vida,
por lo cual yo os adoro, señora distinguida;
pues por nobleza os he escogido
y por mejor, perfecta en mérito,
cortejada y servida más aún
que Erec a su Enida.
Compuesta, concluida, señor Inglés,
he hecho la estampida.
Kalenda Maya
Ni la calenda de mayo,
ni el canto de pájaro,
ni las flores de gladiolo
creo que me plazcan,
noble dama alegre,
hasta que no tenga un rápido mensajero
de vuestra bella persona que me cuente
sobre un nuevo placer que el amor me trae;
que yo lo posea
y nos conduzca
hacia vos, dama verdadera
y caiga
de placer
el celoso antes de que me retire.
Mi bella amiga
por Dios no sea
que ya el celoso
de mi daño se ría,
bien caro vendería
su celosía,
si a dos tales amantes separara,
que yo ya contento
más no estaría
ni la alegría sin vos tendría beneficio para mí;
esa fuga haría
que los hombres jamás me vieran;
día en el cual
moriría,
valerosa dama, si yo os perdiera
Cómo serás perdida
o me serás devuelta,
dama, si antes no te he poseído?
Que un amante o una querida
no lo es porque lo piense;
pero cuando un pretendiente se transforma en amante,
el honor que crece en él es grande
y su bello semblante hace generar tal chismorreo;
que desnuda
tenido
no os he, ni vencida de otra manera;
deseado,
creído,
os he, sin otra ayuda.
Difícilmente me alegrara,
si ya me separara,
bello caballero, de vos con ira,
que hacia otra parte no voltea
mi persona, ni me afligen
mis deseos, que otra cosa no deseo;
Que a los aduladores sé que agrada,
dama, que de otra manera no los sanaría:
Alguno que viera,
sintiera
mis dolores, os lo agradecería,
ya que os admira,
reflexiona,
piensa en lo que hace suspirar al corazón.
Tan noble comienza,
noble entre todas,
Doña Beatriz, y adquiere crecimiento
vuestro valor;
en mi opinión,
con mérito armáis vuestro dominio
y con bellas palabras, sin fallas,
de hechos agradables tenéis la semilla;
sabiduría,
paciencia,
tenéis y conocimiento;
valor
indisputable
cultiváis con benevolencia.
Dama amada,
Cada alabanza y proclamación
vuestro valor que es placentero
y a quien os olvida,
poco le vale la vida.
porque yo os adoro, dama distinguida,
puesto que por gentileza os he escogido
y por mejor, de mérito completo,
cortejado,
servido,
mejor que Erec a Enid.
Construida,
terminada,
Don Engles, está la estampida.
Savis e folhs – Canso
Sabios y necios, humildes y orgullosos,
avaros y generosos, astutos y osados
soy, cuando ocurre, y gozoso y afligido,
y sé ser agradable y molesto,
vil y caro, villano y cortés,
ruin y noble, y conozco males y bienes,
y tengo de todas las virtudes corazón y saber,
y si en algo fallo, lo hago por no poder.
En todos los asuntos soy sabio y hábil,
pero mi dama me ama tanto que en ello me enloquezco,
y soy humilde cuando me reprende y me habla,
y tengo orgullo, pues es tan bella y noble,
y soy avaro de yacer con su hermoso cuerpo,
tanto que más generoso soy y mejor aprendido,
y soy astuto, pues no me atrevo a pedirlo,
y demasiado osado, pues tan rica alegría espero.
Bella dama, tal gozo me viene de vos
que afligido estoy, pues no os he alcanzado;
que por vos estoy tan ennoblecido entre los nobles
que los malvados envidiosos se enojan.
Bien me tendré por vil si de vos no obtengo merced,
pues me tengo tan caro por vos en todas las cosas
que por villano me hacen tener entre los rudos,
y por cortés entre los nobles sé valer.
Del amor digo mal en mis otras canciones,
por el mal que me hizo la bella engañadora;
mas vos, dama, con todas las virtudes cumplidas
me hacéis tanto bien que sois enmienda y don;
pues amor y vos me habéis prometido tal recompensa
que vale cien dones que otra dama me hiciera;
tanto valéis más, por lo cual os quiero más tener,
y temo perderos, y os quiero más conquistar.
Alegría y juventud y hermosas maneras,
dama, y el gentil cuerpo nutrido de enseñanzas
os han dado mérito que es entre los mejores escogido;
y por mi fe, si mi ventura fuera
que yo ni mi amor ni mi canto os agradara,
lo mejor del mérito habría conquistado en vos,
y de belleza, lo puedo decir en verdad,
que por oírlo lo sé y por verlo.
Bello Caballero, elección y merced,
y fino amor, y sobrebuena fe,
que os tengo y os porto, me debería valer
en derecho de amor, pues otra alegría no espero.
Dama Beatriz, vuestro hermoso cuerpo cortés,
y las bellezas, y el fino mérito que en vos está,
hacen noble mi canto sobre los mejores,
pues está dorado con vuestro rico mérito verdadero.

Era me requier sa costum’ e son us – Canso
El amor me exige su costumbre y su uso,
por quien lloro, suspiro y velo,
pues a la más noble del mundo he pedido consejo,
y dice que amo tan alto como puedo,
a la mejor dama, y me pongo en su confianza;
pues honor, virtud y mérito me serán, y no daño;
y porque ella es la más valiosa del mundo,
he puesto en ella mi corazón y mi esperanza.
Jamás nadie amó tan alto como yo,
ni tan noble dama, y como no hallo igual,
me entrego a ella, y la amo según su consejo
más que Tisbe amó a Píramo;
pues alegría y mérito sobre todas la elevan,
que es a los nobles agradable y cercana,
y a los ruines muestra semblante orgulloso;
es generosa en bienes y en honrada compañía.
Jamás Perceval, cuando en la corte de Arturo
tomó las armas al caballero rojo,
tuvo tal gozo como yo de su consejo;
y me hace morir como muere Tántalo,
pues me niega aquello de lo que me da abundancia
mi dama, que es noble, cortés y benévola,
rica y gentil, joven y de hablar elegante,
y de buen juicio y de bello semblante.
Buena dama, tan osado fui o más
cuando os pedí la joya del cabello,
y que me dierais consejo de vuestro amor,
no fue menos que el salto de Tir Emenidus:
mas para mí vale más en mérito y honra,
pues en derecho de amor fue el arrojo mayor;
pero bien debe hacer tanto de osadía vuestro amante
que muera de ello, o alcance bienaventuranza.
Ya mi Inglés no me culpe ni me acuse
si me alejo por ella de Aurenga y de Montelh,
pues así me da Dios consejo de su hermoso cuerpo;
que más valen de ella que de ningún hombre abajo;
que si fuera rey de Inglaterra o de Francia,
me honraría en hacer todos sus mandatos;
pues en ella está todo mi corazón y mis deseos,
y es la razón en la que más confío.
Bello Caballero, en vos tengo mi esperanza;
y porque sois del mundo el más valioso
y el más noble, no me debe ser daño,
pues me dais consejo, y me hacéis firmeza.
Dama Beatriz de Monferrat se engrandece,
pues todas las buenas obras le van siempre delante;
por lo cual alabo con sus loores mis cantos,
y los ennoblezco con su bella semblanza.
Truhan, mala guerra
Truhan, mala guerra
quieren comenzar aquí
las damas de esta tierra,
y levantar villas en desafío;
en llanura o en sierra
quieren fundar ciudad
con torres;
pues tanto crece el honor
de aquella que bajo tierra
guarda su mérito y lo tiene caro,
que es flor
de todas las mejores,
Na Beatriz; pues tanto les es soberana
que contra ella quieren alzar enseña,
guerra y fuego y humo y polvareda.
La ciudad se prepara
para hacer muros y fosos;
las damas sin demora
vienen de todos lados,
de modo que su mérito les cuesta
juventud y belleza;
y me pesa
que la hija del marqués
no tendrá dura lucha,
pues conquista en paz
todos los bienes,
y todas las virtudes cortesanas;
y como es noble, franca y de buen aire,
no quiere estar más en paz que su padre,
que ha vuelto al lanzar y al combatir.
Las damas de Versilia
quieren venir al ejército,
Sebeli y Guilha
y Na Rixenda pronto;
la madre y la hija
de Amsiza, cueste lo que cueste;
enseguida
viene de Lenta Na Agnes,
y de Ventimiglia
Gilbelina resuelta;
después
estará la ciudad en paz;
de todas partes vienen con gran alegría;
hacen ciudad, y le ponen nombre Troya,
y hacen podestá de mi dama de Saboya.
Na Aud’ y Na Brelanda,
Na Palmier y Na Auditz,
Engles y Guarcenda,
Na Agnes y Na Eloitz,
quieren que les entregue
la joven Na Beatriz;
si no,
las damas de Ponso
le pedirán enmienda;
y allá por Mont Senis
se alza
la ciudad contenciosa,
que enseguida combate contra ella, tan buena y bella,
que su hermosura arrebata, a la doncella,
los colores frescos y nuevos de las otras.
La podestá se vanagloria
de formar ejército en orden,
y suena la campana,
y el viejo común acude;
y dice con arrogancia
que cada una ataque;
luego proclama
que la bella Beatriz
es soberana
de lo que el común posee;
que deshonor
es para sus manos y derrota.
Las trompetas suenan y la podestá grita:
“Reclamemos de ella juventud y cortesía,
mérito y valor!” Y todas claman: ¡Sea!
María la Sarda
y la dama de San Jorge,
Berta y Bastarda,
mandan todo su esfuerzo
para que la joven lombarda
no quede de este lado de los puertos;
pues saben
que a Na Beatriz place,
que su retaguardia
no puede ser tan fuerte,
que espante
su verdadero mérito.
De Canavese viene gran compañía,
de Toscana y damas de Romaña,
Na Tomazina y la dama de Suraina.
La ciudad se mueve,
y avanzan sus carros,
y el viejo común se esfuerza;
y arrojan sobre sí
corazas de cuero
con que cubren sus huesos;
llevan gambesones
y arcos y carcajes;
y no temen la lluvia,
ni el mal tiempo les daña;
hoy mismo
harán grandes pruebas.
De todas partes comienzan a combatir,
Na Beatriz quieren de mérito abatir;
pero no les vale, pues por una son cuatro.
Para abrir sus muros
hacen ingenios y catapultas,
trabuquetes tensos,
gossas y manganeles,
fuego griego encendido,
hacen volar proyectiles;
desde abajo
golpean muros con mazas;
por tal no se rinde
su joven cuerpo bello,
gozoso,
lleno de hermosas maneras.
Todas claman ayuda desde la ribera,
unas a otras; la tercera sostiene la honda,
y arrastran todos los ingenios alrededor.
Na Beatriz se alza,
y se va a armar de mérito;
ni loriga ni manto
quiere, y va a herir;
aquel con quien se enfrenta
es seguro de morir;
y embiste,
y derriba cerca y lejos;
y hace tal acometida
que el ejército se desbarata;
luego golpea,
de modo que los carros desune.
Tantas ha vencido, derribado y muerto,
que el viejo común se espanta y se desconcierta,
de modo que en Troya se encierra dentro de la puerta.
Na Beatriz, bien me place, pues os habéis vuelto
contra las viejas, pues vuestro gentil cuerpo porta
mérito y juventud que a su proeza mata.
Bello Caballero, vuestro amor me conforta,
y me da alegría, y me alegra y me recrea,
cuando la otra gente se espanta y se desconcierta.
Pons de la Garda – Canso
Aunque no tengo en el corazón gran alegría,
debo cantar y mostrar buen semblante;
y por eso me place cubrir mi desgracia,
pues no quiero dar gozo a mis enemigos.
Y si diré algo de mis pensamientos,
muchas palabras dejaré por temor de decirlas.
Ahora no sé hacia dónde volverme,
pues mi mejor amigo intenta matarme;
que tal me ha hecho aquello por lo cual lloro y suspiro,
y os juro por mi fe que lo creía fiel,
que buscaba mi bien y mi provecho;
pero así falla el hombre en muchas acciones.
No diré tanto que nadie me entienda,
pues de este agravio no quiero tener enmienda;
si el mal me ha tomado, no quiero que peor me alcance.
¡Ay! cómo estaría curado, si nunca hubiera visto
el día en que vi y conocí los engaños
que me ha hecho aquel de quien no quiero sostén.
Mas sé bien que él tiene tal conocimiento
más por sí mismo que por otro temor,
que se dejará mostrarme su valía,
y quien será mi leal amigo y fiel;
pero nunca, aunque viviera mil años,
se lo diré, si él no lo quiere entender.
A menudo me hace amor contender conmigo:
cuando creo subir, el hombre debe descender.
¡Maldito el día en que amor me hizo emprender!
Pues, si amara como hacen mis vecinos,
no sufriría las penas ni los afanes
que me hace sufrir amor de noche y de día.
En esto hace amor gran villanía,
menos bien hace a aquel que más confía;
pues yo me quejo de amor y de mi amiga
a quien largo tiempo he estado sometido;
y la recompensa no me es nada sino afán,
mas yo la sirvo siempre con buen coraje.
Ruego a Dios que me haga ver, antes que muera,
cómo sería mi bien, y ya no mi daño,
de vuestro amor, dama de buen linaje.
Publicar comentario