Poemas de Giraut de Bornelh (trovador occitano)
Giraut de Bornelh (1138–1215) fue uno de los trovadores más célebres de Occitania, considerado “maestro de trovadores” por sus contemporáneos y elogiado por Dante y Petrarca.
Nacido en Excideuil, Lemosín, cultivó el trobar leu (estilo claro y accesible) frente al hermetismo del trobar clus. Compuso alrededor de ochenta poemas —cansós, sirventeses, albas, planhs y tensones—, de los cuales cuatro conservan música.
Viajó por cortes occitanas, Aragón y Castilla, participó en la Tercera Cruzada y fue protegido por Alfonso II de Aragón y Ricardo Corazón de León. Su obra, moral y lírica, consolidó la tradición trovadoresca
Si algún día tuve gozo y solaz
Si algún día tuve gozo y solaz,
si algún día hallé alegría o consuelo,
hoy estoy airado
y para siempre desesperado.
Pues mi ventura no retorna,
ya nunca se alza,
siempre me extravía y me confunde,
y sólo me repara el pesar,
que ya me hizo doler, de ladrones de amor.
Pues entre asperezas creo que nací,
que a Dios no place
que ninguno de mis buenos amigos íntimos
viva tanto como el resto de la gente.
Así me sucede
por mi Linhaure, de quien sufro,
pues Mos-Jois me falló primero,
en quien comenzó mi desventura.
Mas aún hallaba algún consuelo,
como hombre forzado,
pues vos, Linhaure, me amabais.
Mas ahora me desconsolaréis,
pues no os veré,
ni jamás me vendrán de allá
saludos ni corteses mensajeros,
de donde solía venir entero mi gozo.
A los bellos amigos bien instruidos,
necios en los hechos
y rectos y sabios en la memoria,
por vos tengo vil abril y mayo,
y el dulce tiempo alegre,
ni jamás me alegraré,
ni cantaré de buen grado,
si no puedo lamentaros como debo.
Tantos bellos saberes lleváis,
que ninguno dejáis,
jamás se hallará vuestro igual.
Nunca vi ni jamás veré,
tan no iré,
un solo hombre tan bello en el intento,
ni debe decir caballero
que tantos tuviera olivares.
Ya ha muerto la bella locura,
y los juegos de dados,
y los dones y damas olvidados.
Por vos se pierde el valor y decae.
Trol porta Velai,
muchos llegarán a ser sabios,
a quienes fuisteis guía y compañero,
y mejor maestro de buenos oficios.
De vuestros cantares refinados,
de las bondades,
del valor, del juicio, de las riquezas,
ha de devenir alegría
a aquel cuyo pecho va.
Jamás de vuestros bienes me apartaré,
pues el buen maestro Berenguer
en parecer era alabador.
Ya dicen que por vos se extrae
Provenza de hechos nobles,
pues allá no hay tan hacendosos.
Y sobre todo, si me fuese cercano,
el corazón se me debería hacer cartas.
Ahora me place
Ahora me place, Giraut de Bornelh,
que se sepa por qué vais censurando
el trobar clus, ni por qué motivo.
Decídmelo,
si tanto apreciáis
lo que es común a todos;
pues entonces todos serán iguales.
Señor Linhaura, no me reprochéis
si alguno encuentra en ello su gusto.
Mas yo juzgo así:
es más amado
y más estimado
quien lo hace elevado y noble;
y no me lo tengáis en mal.
Giraut, no quiero que en tal tropel
se vuelvan mis cantares; pues ya este año
se alaba al bueno, al pobre y al grande.
Jamás por los hechos
serán alabados,
pues no conocen (ni les importa)
lo que es más caro y más valioso.
Linhaura, si por esto vigilo
y mi estancia se torna en afán,
parece que temo la necedad.
¿A qué cantar
si no os place,
cuando siempre lo sepan tal cual?
Que el canto no lleva otro caudal.
Giraut, sólo que mejor lo dispongáis
y lo digáis y lo llevéis adelante,
no me importa si no se expande.
Pues nunca la gran vacuidad
fue digna:
por eso se aprecia más el oro que la sal,
y de todo canto es lo mismo.
Linhaura, fuerte en buen consejo,
sois fiel amante contrario,
y por ello tengo más pesar.
Levantad mis versos,
pues uno envidioso
me dejó y lo dijo mal,
que no lo digna hombre sensato.
Giraut, por cielo ni por sol,
ni por la claridad que resplandece,
no sé de qué vamos hablando,
ni de dónde nací,
si estoy turbado
tan lejos de un gozo natural.
Cuando de otros cuidados, no me es cordial.
Linhaura, si se vuelve el rojo
del escudo de aquel que blanquea,
quiero decir: “a Dios me encomiendo”.
Qué locos pensamientos,
qué desmesura,
me ha puesto en duda desleal.
No recuerdo cómo me hizo conde.
Giraut, me pesa, por San Marsal,
pues vos partís de aquí en Navidad.
Linhaura, hacia la corte alegre
me voy siempre rico y cabal.
Me agradaría, señor rey
Me agradaría, señor rey,
si os viese un poco en ocio,
que os placiera decirme la verdad:
si pensáis que en vuestro amor
una buena dama de tanto honor
prefiere a otro buen caballero,
y no me tengáis por pendenciero,
sino respondedme francamente.
Giraut de Bornelh, si yo mismo
no me defendiera con mi saber,
bien sé hacia dónde queréis ir.
Pero os tengo por necio
si pensáis que por mi riqueza
valgo menos que un amante verdadero.
Así podríais comparar un denario
con un marco de plata.
Por Dios, señor, me parece
que una dama que entiende el valor
jamás falla por tener bienes,
ni por rey ni emperador
hará de ellos su amante;
eso es más visto, ni lo necesita.
Pues vos, rico hombre soberano,
no queréis sino el gozo.
Giraut, ¿y no está bien así,
si el rico sabe honrar y temer,
y entonces el corazón con el poder
se le junta? ¿Lo tiene por señor,
lo aprecia menos por su valor,
si no le halla mal ni exceso?
Ya suele decirse en reproche
que aquel que vale más, mejor obtiene.
Señor, gran mal toma la dama
cuando pierde el juicio y el buen sentido;
pues vale más en el lecho
el arte del fino entendimiento.
Mas vos, rico, porque sois mayor,
pedís el lecho primero,
y la dama tiene el corazón ligero
que ama a quien no lo entiende.
Giraut, nunca los muy ricos me impidieron
conquistar buena dama;
pero en su amistad retenerla
sí pone fuerza y valor.
Si ella se muestra burladora
y tanto me ama hoy como ayer,
no me tengáis por adulador,
que yo amo a las buenas de veras.
Señor, de mi Solatz de Quer
quisiera bien, y de En Topiner,
que aman a damas y las honran.
Giraut, sí, está bien amar ligero.
Mas a mí no me deis parecer,
que yo he ganado por un ciento.
Rey Glorioso
¡Rey Glorioso! ¡Clara luz de verdad!,
¡Dios todopoderoso! ¡Señor!, si le place,
a mi compañero, sea fiel ayuda,
Porque no lo vi desde que la noche llegó
y pronto será el alba.
Hermoso compañero, si duerme o vela,
no duerma más, despierte lentamente,
porque al Oriente veo la estrella crecida
que trae el día, que la conocí bien
y pronto será el alba.
Hermoso compañero, salga a la ventana,
Y mire las señales del cielo,
conocerá si le son fieles mensajes
Si no lo hace, será su prejuicio,
Y pronto llegará el alba.
Hermoso compañero, desde que me separé de usted
no dormí mucho, de rodillas
al contrario, recé a dios, el hijo de Santa María
que le devuelva a mí por leal compañía
y pronto será el alba.
Hermoso suave compañero, estoy en tan buena estancia
que nunca quisiera que fuera el alba ni el día
Porque la belleza que nunca nació de una madre,
tengo y conquisto, y es por esto que no temo mucho
al loco celoso ni al alba.
¡Querida compañera! Ni dormir o despertar
¡Querida compañera! ni dormido o despertando,
¡No duermas otra vez! ¡Por Lo! La mañana está cerca,
Y en el este esa estrella temprana está rompiendo,
El precursor del día, conocido por mi ojo;
La mañana, la mañana está cerca.
¡Querida compañera! con villancicos dulces te llamaré;
¡No duermas otra vez! Escucho el canto alegre de los pájaros
Ruidosos en el bosque; Que te ocurra el mal,
Y unos ojos celosos se despiertan, demorando mucho tiempo,
Ahora que la mañana está cerca.
¡Querida compañera! desde la ventana mirando,
Atentos a las señales de ese cielo;
Si no es correcto, leí lo que significan:
Toda la pérdida tuya, aunque sea vana la advertencia dada;
La mañana, la mañana está cerca.
¡Querida compañera! ya que te alejabas de aquí,
Ni sueño ni descanso han visitado estos ojos;
Mis oraciones incesantes a la Virgen pagando,
Para que tú en paz camines tu camino atrasado.
La mañana, la mañana, está cerca.
¡Querida compañera! ¡Así que a los campos conmigo!
A mí me prohibiste dormir toda la noche,
Y he vigilado esa noche larga por ti;
Pero tú en el canto o yo no tienes deleite,
Y ahora la mañana está cerca.
RESPUESTA
¡Querida compañera! tan felizmente de viaje,
Tan bendecido que no me importa apresurarme:
Aquí reina la belleza más brillante, con sus sonrisas adornando
Su morada,– entonces ¿a qué debo prestarme atención?
¿La mañana o los ojos celosos?
Hermoso compañero, si duermes o velas,
no duermas más, que el día se acerca,
pues en oriente veo la estrella creída
que trae el día, la he reconocido bien,
y pronto será el alba.
Hermoso compañero, cantando te llamo,
no duermas más, que oigo cantar al ave
que va buscando el día por el bosque,
y temo que el celoso te ataque,
pues pronto será el alba.
Verso elevado y movido
El verso elevado y movido,
como de buen trovador,
se tornó en error
el canto cuando fue apresurado,
pues uno se hacía pregonero
de dichos de los que otro era ladrón,
como hizo la grajilla en reposo.
Y yo que aquí he venido,
buen rey, por vuestra valor,
no traigo cuentas ni cómputo,
sino el verso, cuando fue sabido,
hacia vuestra clara mirada;
pues sé que sois guía y padre
del mérito, y tenéis las llaves.
Cancioncilla sencilla
Tal cancioncilla ligera
que mis hijos entiendan
y cada cual se divierta,
haría, si supiera hacerla;
mas no puedo lograrlo,
pues otras preocupaciones
me tienen más atado.
Ahora, si me fuese tenido en gracia,
podría yo sin exceso
un cantar pequeño y delgado,
que en el mundo no hay
doctor tan fino ni más llano
que lo aprecie
ni mejor lo perfeccione;
y quien me creyese
que así canto,
puliría,
forjaría
mi canto
sin gran
afán.
Mas, a sus oyentes,
pues no saben mucho,
falla, porque no lo esclarece
tanto
que lo entendiese hasta un niño.
Verso ligero y claro
Apenas sé comenzar
un verso que quiero hacer ligero,
y he pensado desde antes
que lo hiciera con tal razón
que lo entendiera toda la gente
y que se cantara fácilmente;
pues lo hago para alegre recreo.
Bien podría hacerlo más encubierto;
pero no tiene el canto valor entero
cuando todos no son partícipes.
Quien se irrita, me parece bien,
pues digo que en oscurecer
no está el esfuerzo,
sino en la obra esclarecer.
Ya que veo el trobar cerrado,
no creo tener gran opinión
con aquello que bien se requiere
para hacer una canción ligera;
pues pienso que tan gran sentido hay
en quien sabe guardar la razón,
como en entremezclar las palabras.
Es más difícil escribir claro que escribir oscuro
Mas, para mejor asegurar mi canto,
voy buscando buenas palabras frescas,
que estén todas cargadas y llenas
de un extraño sentido natural,
aunque no todos sepan de cuáles.
Una cancioncilla ligera y humilde
me sería necesario hacer,
que pudiera enviar
a Auvernia, al Delfín.
Pero si por el camino recto
pudiera encontrar a N’Eblon,
bien podría mandar
que digo que en oscurecer
no está el esfuerzo,
sino en la obra esclarecer.
Mas ahora dirán
que, si me esfuerzo
como quien canta ligero,
mejor me estaría callar.
Y no es verdad;
pues sin desvío
se alcanza mérito y honor,
así como la ocasión
no se deja perder;
y creo bien
que ningún canto antes
vale tanto en el comienzo
como después, cuando se entiende.
Así como lo oscuro es como el ébano:
mi trobar está lleno de saber.
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