Poemas de Baquílides (poeta griego)
Poemas de Baquílides (c. 518–451 a. C.), sobrino de Simónides, fue el gran rival de Píndaro en la lírica coral. Su estilo se caracteriza por la claridad narrativa, la elegancia y el uso de metáforas coloridas.
Destacó en el epinicio (odas a vencedores atléticos) y en el ditirambo, donde introdujo diálogos precursores del drama. Redescubierto gracias a papiros egipcios en 1896, su obra ofrece una visión humana y fluida del mito griego.

Odas
De la paz
Ya la gran paz sagrada
torna a llenar los hombres de riquezas.
La lengua delicada
del divino poeta en mil bellezas
alegre se desata,
y en dulces versos los asuntos trata.
Arden llamas doradas
en la ara de los dioses poderosos,
y con ellas mezcladas
las piernas de los bueyes vigorosos,
y la lanuda oveja
tampoco de acudir al rito deja.
La juventud ardiente
himnos y flautas suena, y va al amado.
Gimnasio diligente,
y en el arnés de hierro entrelazado
en tanto se desvela
la negra araña en fabricar su tela.
La aguda lanza muerde
la roña y la consume, y las espadas
de dos filos las pierde;
y ni ya a las pupilas fatigadas
de la trompa el sonido
arranca el dulce sueño apetecido.
Veanse por todas partes
gratos convites de amistad gozosa
en diferentes artes,
y en todos ellos suenan, con hermosa
música cuanto cabe,
sagrados himnos al amor suave.
Del beodo
La Venus poderosa,
cuando en las copas cándida se mezcla,
fomenta el alma blanda y amorosa:
luego el alegre Baco
con sus sabrosos dones
las mentes turba y de esperanzas llena
los tristes corazones,
lanzando de su imperio el llanto y pena.
Entonces el beodo
derrueca las murallas de los pueblos,
y ya del orbe todo
monarca se figura.
Brilla en sus casas el marfil y el oro;
de trigo del Egipto
cargados sus bajeles,
le conducen riquísimo tesoro.
Que así del embriagado
piensa o delira el corazón turbado.
De los cuidados
Solo un camino es dado
a los mortales por do el bien consigan;
y aquel a quien no instigan
el ánimo agobiado
los continuos dolores
puede contar sus días por mejores.
Pero el que, perseguido
de males infinitos noche y día,
en angustiar porfía
su ánimo afligido
con la suerte futura,
¡cuán neciamente su dolor procura!
De sí mismo
Yo ni tengo vacadas
ni alfombras de la púrpura pintadas;
mas tengo un alma buena,
de dulce paz y de contento llena.
Tengo una dulce musa
que por larga costumbre amarme usa.
Y no de gusto escasos,
añejos vinos en beocios vasos.
Epigrama a Ferenico
A Ferenico, el de las rojas crines,
que venció en las orillas del Alfeo:
caballo que a las negras tempestades
tal vez iguala en el correr ligero.
Fragmentos
I
¡Dichoso aquel a quien piadoso el cielo
la suerte ha dado de las almas buenas!
Riquezas sin recelo,
y aún más, las horas de su vida llenas
de fortuna envidiable a nuestro modo,
que nadie puede ser feliz en todo.
II
A pocos hombres Dios ha concedido,
aunque virtuosos, bienhechores sean,
que la tarda vejez al cabo vean
sin que algún mal les haya sucedido.
III
El oro no se encubre
a la piedra del toque, y las virtudes
del hombre las descubre
la alta sabiduría,
y la verdad omnipotente y pía.
IV
Él en el pavimento
de piedra se paró, mientras los otros
el alegre banquete prevenían,
y dijo: «Al opulento
convite de los buenos
asisten de derecho
los hombres justos y de recto pecho».

Ditirambo 17: Teseo y los jóvenes (Los hijos de Atenas)
“…Teseo no frenó su ímpetu, sino que, puesto en pie sobre la sólida cubierta, saltó al mar. Y el recinto del mar lo recibió benévolo. Se asombró el hijo de Zeus [Minos] en su corazón… Pero Teseo llegó a la morada de su padre, el soberano del mar. Allí vio con asombro a las ilustres hijas del próspero Nereo…”.
Ditirambo 18: Teseo (El diálogo)
“Viene un solo hombre, dicen, y con él dos acompañantes… maneja una espada de empuñadura de marfil y dos pulidas jabalinas; sobre su cabellera roja lleva un casco de laca de Eubea…”.
Ditirambo 16: Hércules (o Deianira)
“¡Oh, desdichada, qué mal tramaste! El invencible celo fue su ruina, y la negra tiniebla que le veló el juicio cuando recibió la noticia dolorosa…”.
Ditirambo 15: Los Antenóridas o la reclamación de Helena
«¡Oh troyanos amantes de la guerra!, Zeus que reina en lo alto y todo lo ve no es el culpable de las grandes penas de los hombres; a todos nos es posible alcanzar la Justicia que acompaña al orden…».
Epinicio 5: Para Hierón de Siracusa
Dichoso caudillo de Siracusa, la de los caballos que giran, tú sabrás juzgar rectamente el dulce regalo de las Musas coronadas de violetas… pues el águila, mensajera de Zeus de ancho trueno, confiada en su fuerza vuela veloz por las alturas…
Allí vio Hércules junto a las corrientes del Cocito las almas de los desdichados mortales… como hojas que el viento agita en las brillantes laderas del Ida…
No hubo piedad en mi madre de corazón audaz; la muy desdichada quemó el tronco de rápida muerte… y mi dulce vida se consumió mientras sentía que mis fuerzas se desvanecían…
La victoria acompaña a Hierón… y Ferenico, el caballo de ágiles patas, voló como el viento del Norte al lado del Alfeo, dando la gloria a su dueño…
Dichoso aquel a quien la divinidad ha procurado una parte de bienes y con envidiable fortuna llevar una vida opulenta; pues ningún hombre ha nacido, en verdad, feliz en todo.



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