Poemas de Hernando de Soto
Poemas de Hernando de Soto (1568-1642) quien fue un destacado humanista y poeta del Siglo de Oro español. Su relevancia literaria reside en su maestría para la emblemática, género que fusiona grabados simbólicos con versos morales. Su obra cumbre, Emblemas moralizadas (1599), utiliza el soneto como herramienta pedagógica para denunciar vicios como la envidia, la avaricia y la tiranía.
A diferencia de sus homónimos, este autor se enfocó en la arquitectura del carácter individual. Su pensamiento defiende el «dorado medio» aristotélico: la moderación frente a las pasiones y la propiedad como base de la virtud. Para Soto, la verdadera nobleza no emana del linaje, sino de la integridad ética y el dominio de la razón sobre los instintos, principios que aún resuenan en la defensa de la libertad.
Liberal Pero No Pródigo
Nadie es bien que llegue a dar
más de aquello que tuviere,
que el dar lo que se pudiere
no se debe condenar.
Cual la vela (pues no ofende)
el dar se ponga en costumbre,
que sin perder de su lumbre
otras mil velas enciende.
De Alejandro Magno cuentan las historias que entre otras cosas dignas de su grandeza tenía el ser liberal y dadivoso, propia cosa de príncipes. Y así Dios, como rey y señor de todos, es el que da abundantísimamente sin hacer cargo dello, que sus manos son de oro, están llenas de jacintos y son torneadas para dar cuanto poseen. ¡Oh, buen Dios y señor! Que con ser todo lo que está criado suyo, recibe por servicio la liberalidad que se usa con un pobre y la limosna que se le da (al cual hace figura suya y llama su hermano), de tal manera que es parte para librar de pecado y muerte, y no deja perder el alma.
Danos Tobías lección para que seamos liberales y no pródigos diciendo: «ten misericordia como pudieres; si tuvieres mucho, da con abundancia; si poco, da poco, que atesoras un grande premio para el día de la necesidad». Donde nos muestra que ninguno dé más de lo que pudiere ni tampoco sea miserable.
Cicerón aprueba aquella sentencia de Enio, de que cualquiera cosa que se pudiere dar sin detrimento se dé; porque la liberalidad, según el mismo, es una de las cosas más acomodadas a la naturaleza del hombre que hay, pero ha de tener muchas cautelas. Cuanto a lo primero, se ha de considerar que la benignidad no dañe a los mismos que parece que usan della y a los demás con quien se usa, porque en tal caso no liberales, sino perniciosos se pueden llamar; que los pródigos son aquellos que derraman su hacienda en aquello de que han de dejar poca o ninguna memoria, y a los tales se les sigue el hurtar, que es vicio el distribuirlo en mala parte y virtud en buena. De un pródigo hace parábola el evangelista san Lucas, que llegó a tanta miseria, que vino a guardar puercos siendo hijo de padres ricos. Porque todos los que no se fueren a la mano, así en gastos excesivos como en dádivas superfluas, de necesidad han de parar en la desventura, que muchos que se han visto en nuestra edad y las pasadas.
El Amor Todo Lo Vence
De Venus, en la manzana,
dio Paris bien a entender
que con supremo poder
el amor todo lo allana.
A do está no hay competencia,
pues es cosa averiguada
que pueden muy poco, o nada,
la riqueza, armas y ciencia.
El amor lo vence todo, que ni deja hacer justicia al juez ni deja ser al hombre señor de sí, que burla los sentidos, cubre los ojos y quita la libertad del ánimo. A este amor llama san Agustín lujuria, por ser lascivo; el cual está generalmente en los brutos y los racionales. Que la diferencia que hay entre la caridad y el amor es que la caridad es especie, y amor el género; este, pues, es olvido de la forma de la razón, según Séneca. De tal suerte que, defendiendo Hipérides a aquella famosa ramera Frine, que estaba delante de los jueces, y echando de ver que no podía moverlos para que la perdonasen, llegose junto a ella, y rompiéndole el vestido, la descubrió los pechos, que eran muy bellos, con los cuales los obligó a que la perdonasen y absolviesen, que les cegó tanto su hermosura, que torcieron de la justicia.
Ni más ni menos la desenvoltura de Caya Afrania y otras que cuenta Valerio Máximo. También aquel juicio de César por Cleopatra, que le puso a riesgo de perder la vida, a cuya causa fue acordado que las mujeres no tratasen causas jurídicas: lo uno, por su honestidad, y lo otro por el peligro de juzgarlas. Que Cornelio Tácito refiere que no se consentía entre los romanos que nadie que fuese a gobierno alguno llevase a su mujer consigo.
Finalmente, la fuerza deste monstruo se echa de ver en la sentencia de Paris, príncipe de Troya, pues no estimó la riqueza que le prometía Juno, ni la ciencia y valor en la guerra que Palas le ofrecía, sino la ventura en amores que Venus le aseguraba. Y así juzgó en su favor, dándole la manzana de oro. Porque el amor es tan poderoso que nada se le antepone y cuanto hay facilita.
Soneto al Emblema de la Liberalidad (Contra la Prodigalidad)
Si de Alejandro el ánimo excelente,
Y el de Tobías santo, y de Enio el juicio,
Seguís, haciendo al dar vuestro ejercicio,
Hacedlo, que es de reyes, llanamente.
Mas no sea el dar tan libre y tan ardiente,
Que el dar se vuelva en daño y en su vicio,
Que el pródigo no hace beneficio,
Sino que su hacienda echa de la mente.
Buscad el medio, que es lo más perfecto,
No seáis con el pobre tan escasos,
Ni con lo vuestro tan inadvertidos.
Que el dar sin orden causa mal efecto,
Y el que camina por tan malos pasos,
Verá sus bienes pronto consumidos.
Soneto al Emblema del Amor (La fuerza que vence a la razón)
El amor lo vence todo, y su bandera
Levanta sobre el mundo y sus sentidos;
Trae a los más prudentes ya perdidos,
Y al juez más recto saca de su esfera.
No hay fuerza de razón que se le fiera,
Ni ánimos que no tenga ya rendidos,
Que por los ojos entran sus gemidos,
Y el alma queda de su luz primera.
Venció de Friné el pecho la justicia,
Y a César puso en riesgo por su amada,
Siguiendo de un engaño la falsía.
Cegó de Paris la alta profecía,
Que por una manzana, bien dorada,
Troco su reino y toda su milicia.
Sobre la Ambición de Poder
Este soneto advierte sobre cómo el deseo de mando ciega al hombre y lo lleva a su propia caída.
Si de subir al cielo tienes gana, Y en la silla de Júpiter sentarte, Mira que el mando suele así engañarte, Que es humo y viento la esperanza vana.
No quieras ser señor de la mañana, Ni en trono ajeno quieras colocarle, Que el que más sube, más ha de bajarte, Si no se rige por razón humana.
Que la ambición es fuego que consume, Y al que se precia de ser soberano, Le quita el juicio y toda la prudencia.
Buscad, pues, la virtud, que no presume, Y tened el poder en vuestra mano, Con limpia y muy segura conciencia.
Contra la Envidia
Describe a la envidia como un monstruo que se alimenta de sí mismo al ver el éxito ajeno.
¿Qué sierpe es esta que el pecho muerde, Y del bien ajeno se alimenta y vive? Que cuanto el otro de la suerte recibe, Tanto este ciego su reposo pierde.
No hay laurel que a su vista no se acuerde, Ni honor que en su ponzoña no se inscriba, Que el envidioso quiere que se derribe Lo que en el mundo más florece y verde.
¡Oh, vicio infame, que al que lo posee Le gasta el alma y el color del rostro, Haciendo de su vida un cautiverio!
No hay mal que tanto al hombre así afee, Ni que lo vuelva tan horrendo monstruo, Como el pesar del ajeno imperio.
Sobre la Verdad y el Tiempo
Basado en la idea clásica de que el tiempo es el padre de la verdad.
Debajo de la tierra está escondida La blanca Verdad, pura y constante, Y el Tiempo, con su paso vigilante, La saca a luz, de sombras revestida.
Aunque la Mentira ande muy erguida, Y el Engaño se muestre tan triunfante, No habrá maldad que pase adelante, Que no sea por el Tiempo descubierta y vencida.
Tened paciencia, que el que sufre espera, Y no temáis del malo la malicia, Que el sol del día siempre al fin asoma.
Que la Verdad no es cosa pasajera, Sino que vuelve siempre con justicia, Y al mentiroso su castigo toma.
De la Nobleza del Ánimo
Argumenta que la verdadera nobleza no viene de la sangre, sino de las acciones.
No creas que la sangre y el linaje, Ni el escudo pintado en tu fachada, Te dan la gloria que es tan deseada, Si el vicio ensucia tu real ropaje.
Que el que desciende de alto personage, Y tiene el alma de virtud vaciada, Es como luz que queda ya apagada, Haciendo de su nombre un gran ultraje.
La nobleza consiste en la victoria Que el hombre alcanza de sus propios vicios, Siguiendo la razón con fe sincera.
Haced, pues, de virtud vuestra memoria, Y en los buenos y honestos ejercicios, Hallaréis la nobleza verdadera.
Sobre la Hipocresía (El Lobo con Piel de Oveja)
Advierte sobre aquellos que ocultan malas intenciones tras una fachada de bondad.
Debajo del vellocino más blando, Esconde el lobo su intención dañada, Y con voz dulce y muy disimulada, Va por el mundo al simple engañando.
¡Cuántos veréis que están siempre rezando, Y tienen la conciencia tan pesada, Que la virtud en ellos es nada, Sino un disfraz para irnos robando!
Guardaos del que muestra tanta santa, Y en su interior maquina mil traiciones, Que el falso amigo es el mayor veneno.
Que no es el hábito el que así levanta, Ni las palabras limpian los pulmones, Si el corazón de engaño está muy lleno.
De la Templanza y la Prudencia
Un elogio a la moderación frente a los excesos del placer.
El que no sabe el freno a su deseo Poner con mano firme y con cordura, Verá que su alegría es desventura, Y su placer un triste devaneo.
No sigas de la mar el balanceo, Ni de la copa la dulzor impura, Que el que se entrega a tanta desmesura, Se vuelve esclavo de su propio empleo.
La templanza es la guía del prudente, Que mide el gasto y rige la palabra, Sin que la pasión le mude el sentido.
Vivid con orden, clara y llanamente, Y antes que el vicio vuestra fosa abra, Sed de vosotros dueños, no el olvido.
Contra la Avaricia
Retrata al avaro como un pobre que posee riquezas pero no puede disfrutarlas.
Rico de bienes, pobre de reposo, Está el avaro sobre su tesoro, Que cuanto más aumenta la plata y oro, Tanto más vive el triste y temeroso.
No es dueño de su bien, sino un costoso Guardián de un metal mudo y sonoro, Que no socorre al pobre en su lloro, Ni es para sí mismo provechoso.
¡Oh, hambre canina, que nunca se harta! Que por guardar lo que la tierra cría, Pierde la vida y el descanso eterno.
La muerte viene y del dinero lo aparta, Dejando al mundo su gran necedad, Y llevando su alma hasta el infierno.
Sobre la Elocuencia y el Silencio
Advierte que hablar en exceso es propio de necios, mientras que el sabio mide sus palabras.
No por mucho hablar es más oído Aquel que tiene lengua muy ligera, Que la palabra vana y pasajera Se pierde pronto en el mortal olvido.
El sabio calla, estando apercibido, Y espera el tiempo y la ocasión entera, Que la verdad no es siempre vocinglera, Ni el buen consejo debe ser ruido.
Mide tu labio con la ley del juicio, No derrames la voz sin fundamento, Que el mucho hablar es madre de la yerra.
Ten por el silencio un buen ejercicio, Y antes que des tus quejas al viento, Mira que el necio su razón destierra.
De la Educación de la Juventud
Usa la metáfora de la planta que debe enderezarse desde temprano.
La tierna planta, mientras es pequeña, Se dobla y rige a voluntad del dueño, Y si con arte pones tu diseño, Verás que al cielo su rigor enseña.
Mas si en dejarla el cuidador se empeña, Y el vicio toma su vigor y ceño, Será después un tronco de gran peso, Que ni se dobla, ni la mano ordena.
Así el mancebo en su primera edad, Ha de ser corregido con blandura, Antes que el mal lo vuelva endurecido.
Que si crece en la libre voluntad, Dará por fruto amarga desventura, Y el buen consejo quedará perdido.
Contra la Adulación
Describe al adulador como un espejo que solo devuelve lo que el poderoso quiere ver.
Aquel que siempre te alaba y sonríe, Y a toda tu palabra dice «amén», No busca, por cierto, tu propio bien, Sino que el alma con su engaño líe.
Es sombra vana que contigo envíe Su falsa luz para que no te den Aviso claro de lo que ven, Y de tu propia falta se ríe.
Huye del que te ensalza sin medida, Que el dulce trato es lazo de traición, Y el caramelo esconde la ponzoña.
Busca al amigo que la falta olvida Y te corrige con recta intención, Antes que el vicio tu nombre carroña.

De la Ingratitud
Compara al ingrato con el suelo estéril que recibe agua y no da fruto.
Suelo maldito es aquel que recibe La lluvia clara del cielo clemente, Y no devuelve al labrador ausente El fruto noble que en su seno vive.
Así es el hombre que del bien prescribe, Y olvida el beneficio del presente, Volviendo el rostro con el pecho ardiente Al que su mano de la falta inhibe.
¡Oh, monstruo infame, negra ingratitud! Que secas la fuente de la clemencia Y cierras la puerta del pecho franco.
No hay mayor falta en la humana virtud, Ni que cargue tanto la conciencia, Como ser piedra y el corazón blanco.
Sobre la Fugacidad del Tiempo
Un «memento mori» sobre cómo las horas consumen la belleza y el poder.
Vuela la vida en alas del momento, Y el tiempo corre con ligero paso, Llevando el alba hacia el amargo ocaso, Sin que lo detenga el humano intento.
Lo que hoy es fuerza y alegre contento, Mañana es polvo y un recuerdo escaso; Que nadie piense que se libra al paso De aquel que muda todo fundamento.
Mira la rosa que en la aurora nace, Y en la tarde su pompa se marchita, Volviendo a la tierra de donde vino.
Así la gloria del mundo se deshace, Y la muerte su imperio nos limita, Marcando a todos un mismo destino.
De la Justicia Igualitaria
La justicia debe ser ciega a las riquezas y mirar solo la verdad.
Si tienes balanza en la diestra mano, Y el cargo de juzgar el bien ajeno, No dejes que el interés de lo ajeno Mude tu juicio en rigor inhumano.
No mires si es humilde o es soberano Aquel que viene de justicia lleno, Que el oro suele ser mortal veneno Para el sentido de un juez tirano.
La ley es una y a todos abraza, Sin que la acepción de la persona Pueda torcer la línea del derecho.
Que si la mano al poderoso pasa, Y al pobre aflige y nunca lo perdona, Dios juzgará lo que hay en tu pecho.
Sobre el Trabajo y la Pereza
Elogio del esfuerzo frente a la ociosidad que corrompe el alma.
El agua estancada pronto se corrompe, Y el hierro se gasta si no se usa; Así el ingenio que la acción rehúsa, En la pereza su vigor se rompe.
No esperes que la suerte te corone, Ni que el azar te libre de la falta, Si la desidia tu camino asalta Y en el descanso tu vida dispone.
El trabajo es salud y es honra clara, Que labra el nombre y el sustento da, Haciendo al hombre de sí mismo dueño.
Huye del ocio que la mente para, Que el que durmiendo siempre vivirá, Verá su vida pasar como un sueño.
De la Amistad Verdadera
La prueba del amigo se da en la adversidad, no en la fiesta.
Mientras la nave va con viento en popa, Muchos amigos verás en el puente; Pero si el mar se vuelve más rugiente, Verás que el grupo de pronto se apoca.
No es buen amigo el que solo toca A tu mesa cuando es abundante; Sino aquel que se muestra constante Cuando la angustia tu puerta provoca.
Uno es el alma en cuerpos divididos, Y una la voluntad que los sostiene En la fortuna y en la desventura.
Tened los lazos siempre bien ceñidos, Que el que un amigo fiel consigo tiene, Halla en el mundo la mayor ventura.
Sobre la Prudencia ante el Peligro
Advierte que es mejor prevenir que tener que lamentar.
El que ve el fuego y no se retira, Y piensa que la llama no le toca, Verá que el daño en su pecho provoca Lo que su necia confianza admira.
No vayas donde la pasión suspira, Ni pongas el pie en la selva loca, Que una caída de una alta roca Todo el sentido y la vida retira.
Prudencia pide el vivir en la tierra, Que hay muchos lazos y muchas traiciones Debajo de la hierba más florida.
Gana el que huye de la incierta guerra, Y el que refrena sus propias pasiones, Asegurando así su propia vida.
Contra la Vanidad de las Riquezas
El dinero no puede comprar la paz ni el tiempo.
¿De qué te sirve amontonar tesoros, Y tener de la tierra el señorío, Si tienes el alma de virtud vacío Y pasas tus días entre desdoros?
No calman el dolor los granos de oros, Ni quitan al pecho el pesar sombrío; Que el dinero es un caudal de un río Que se pierde en los valles más sonoros.
Rico es aquel que con poco se apaña, Y tiene limpia la propia conciencia, Sin desear lo que el otro posee.
Que la avaricia al hombre siempre engaña, Y le hace perder toda la prudencia, Por más que el mundo su nombre jalee.
De la Constancia en la Virtud
No basta con empezar bien; lo importante es perseverar.
No es buen soldado el que bien comienza La batalla con fuerza y con denuedo, Si al primer golpe lo vence el miedo Y deja el campo con gran vergüenza.
La virtud pide una fe que convenza, Y un paso firme que no sea quedo, Haciendo del bien un eterno enredo Que de la vida sea la defensa.
Sigue el camino que al cielo te guía, Sin que los vientos te muden la cara, Ni las espinas te hagan detener.
Que el premio se da al fin del día, A aquel que con paso fuerte y clara, Supo en el bien siempre permanecer.
Sobre la Moderación en el Comer y Beber
El exceso en la mesa nubla la razón.
La gula es madre de mil dolencias, Y el mucho vino quita la cordura; Que el hombre olvida su alta natura Y se entrega a las bajas complacencias.
Buscad la mesa de las abstinencias, Donde el sustento sea cosa pura; Que la sobriedad es la gran ventura Para tener limpias las inteligencias.
No seas siervo de tu propio vientre, Ni de la copa el esclavo rendido, Que el vicio entra por la boca abierta.
Mira que el alma no tiene ya donde entre, Si el cuerpo está de excesos ya vencido Y tiene la razón del todo muerta.
De la Humildad
El que se humilla será ensalzado.
Mira la espiga que está más granada, Cómo se inclina hacia la tierra fría; Y la que está de grano muy vacía, Se muestra al viento más levantada.
Así la mente que está bien dotada, Huye de toda vana ufanía, Y busca en la humilde compañía La paz que el cielo tiene ya guardada.
Huye del orgullo que al ángel dio muerte, Y de la soberbia que el mundo condena, Haciendo del alma un campo de guerra.
Que el que es humilde tendrá mejor suerte, Y vivirá con la conciencia plena, Siendo el más grande de toda la tierra.
El Engaño de las Apariencias
No todo lo que brilla es oro.
Muchas veces la fruta más hermosa Tiene en su centro el gusano escondido; Y el campo que se muestra más florido, Guarda debajo la sierpe dañosa.
No te fíes de la cara graciosa, Ni del hablar que suena bien al oído, Que el engaño viene siempre vestido De la forma más dulce y generosa.
Mira el fondo de todo lo que trata, Y no te quedes en la superficie, Que la apariencia suele ser mentira.
Que hay mucho cobre que parece plata, Y mucha mala y muy vana malicia, Que de lejos la vista nos admira.
Sobre la Fortuna Mudable
Advierte que la suerte es como una rueda: quien hoy está en la cima, mañana puede estar en el suelo.
No te fíes de la próspera ventura, Ni del favor de la fortuna loca, Que con la misma mano que te toca, Te labra luego la desventura.
Es como el mar, que tiene su mesura, Y de repente contra el cielo choca; Es como el viento que la calma apoca, Y vuelve en sombras la luz más pura.
Vive de suerte que si el bien se fuere, No te halle el alma de virtud desnuda, Ni te sorprenda el golpe del destino.
Que al hombre sabio, mientras que viviere, No le espanta la suerte, aunque se muda, Siguiendo siempre su recto camino.
De la Fuerza de la Costumbre
La repetición de los actos crea hábitos difíciles de romper, ya sean buenos o malos.
El camino que el pie suele pisar, Se vuelve llano y fácil de camino; Así el hombre se labra su destino, En el continuo y largo ejercitar.
Si te acostumbras siempre a mal obrar, Serás del vicio un siervo peregrino; Pero si buscas el valor divino, La virtud sola te ha de coronar.
Mira que el hábito es segunda naturaleza, Y lo que hiciste ayer por mero ensayo, Hoy es ley que tu voluntad cautiva.
Pon en el bien toda tu fortaleza, Antes que caiga el repentino rayo, Y el mal en tu alma para siempre viva.
Sobre el Castigo de la Tiranía
Reflexión sobre cómo el poder ejercido sin justicia termina en la ruina del gobernante.
Aquel que reina con el miedo y saña, Y en la sangre del pueblo se sostiene, No piense que el imperio siempre tiene, Ni que el castigo su maldad engaña.
Que la injusticia al propio dueño daña, Y la venganza desde el cielo viene; No hay muro firme que al malvado frene, Cuando su propia culpa lo acompaña.
Cae el tirano de su alta silla, Y el nombre suyo queda por espanto, Siendo de todos al final aborrecido.
Que la soberbia siempre se arrodilla, Y el que causó con su rigor el llanto, Se ve por Dios y el mundo ya vencido.
De la Paciencia en los Trabajos
La paciencia es el escudo que protege al hombre de las flechas de la desdicha.
No te rindas, ¡oh, alma!, al sufrimiento, Ni dejes que la queja te venza, Que no hay tormenta que al fin no se convenza, Ni mar que no recoja su elemento.
Sufre con rostro firme el desaliento, Y de tu propia fe ten la defensa, Que la paciencia es la mayor recompensa, Y el puerto firme contra todo viento.
El oro en el crisol se vuelve puro, Y el hombre en la aflicción se hace fuerte, Ganando al mundo su mayor victoria.
Pasa el invierno gélido y oscuro, Y tras el golpe de la mala suerte, Viene la luz de la eterna gloria.
Contra la Murmuración (La Mala Lengua)
Compara la crítica malintencionada con un dardo que hiere por la espalda.
La lengua del que muerde al que está ausente, Es dardo que se lanza en la espesura; Es veneno que mata la hermosura, Y mancha el nombre del más inocente.
¡Oh, falso amigo, que de frente miente, Y por detrás destila su amargura! No hay herida que sea tan segura, Como la que hace el necio y el imprudente.
Cierra el oído al que te trae el cuento, Y no seas parte de la ajena infamia, Que el que hoy te alaba, mañana te desdora.
Lleva la voz la fuerza del aliento, Y si se ensucia con tan mala trama, El alma entera ante el cielo llora.
El Valor de la Mediocridad (El Medio Dorado)
Defiende la vida sencilla y alejada de los extremos.
Ni tan arriba que el rayo te alcance, Ni tan abajo que el lodo te ensucie; Busca la senda que el bien te anuncie, Sin que el exceso tu vida balancé.
El que camina por el medio, avance, Sin que la envidia su paz le renuncie; Y el que su propia ley así pronuncie, Se librará de cualquier amargo trance.
Pobreza extrema es falta de reposo, Y la riqueza es carga de cuidado; La medianía es el estado santo.
Vivir con lo que basta es lo dichoso, Huyendo siempre del extremo amado, Que suele al fin cobrarse con el llanto.
Soneto con un adiós
Has visto, ¡oh, lector!, en este espejo, De la virtud y el vicio la figura; Si quieres caminar con fe segura, Toma del libro el místico consejo.
No te detengas en el verso viejo, Sino en la idea que en él se procura; Que la palabra pasa y no perdura, Pero el ejemplo brilla como un dejo.
Si algo de bueno en estas líneas hallas, Dale las gracias al que el bien inspira, Y pon en obra lo que aquí se canta.
Gana el que vence en estas mil batallas, Y el que con ojos de razón se mira, Hacia la cumbre su esperanza levanta.
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