Poemas de Pedro Soto de Rojas
Poemas de Pedro Soto de Rojas (1584–1658), destacado poeta y canónigo granadino del Siglo de Oro, cuya obra representa la culminación del culteranismo bajo la influencia de Luis de Góngora. Su producción transita desde el lirismo petrarquista de sus inicios hasta una complejidad barroca extrema.
Su obra cumbre, Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos (1652), es un extenso poema descriptivo que celebra la belleza de su Carmen en el Albaicín. En este texto, Soto de Rojas utiliza una sintaxis latinizante y una densa red de metáforas para transformar la naturaleza en un artificio culto y sensorial. Considerado el discípulo más fiel de Góngora, su estilo destaca por el uso de la hipérbole y la mitología, consolidándose como una figura clave en la sofisticación estética de la literatura barroca española.
Amor, médico ignorante
Si escucho el son del regalado aliento
que al Euro amansa y al Genil suspende,
mi lastimado corazón se enciende
y solicita en su ruina al viento;
si ausente estoy, veloz el pensamiento
corre a la luz, en que su luz se ofende:
que Amor curar con su veneno entiende
y el tormento halagar con más tormento.
¡Oh, ignorante doctor, oh falsa cura!
¿Cómo no ves que en fuerza tan rendida
medicina tan cáustica es locura?
Sepan todos, Amor, que no das vida,
que abres la más difícil sepultura
más bien que cierras la menor herida.
Al pensamiento
¿Dónde vuelas, soberbio pensamiento?
Ícaro mozo, mi consejo espera:
mira que al polvo humilde y blanda cera
ni el sol perdona, ni respeta el viento.
Fénix es sol, y su divino aliento
la procelosa de Aquilón esfera;
de cera y polvo tú porción ligera;
teme, vuelve a la tierra, que es tu asiento.
Pero sube, camina, no repares,
rompa tu fuerza los contrarios vientos
hasta ver de tu sol su luz a solas;
que, si muerto cual Ícaro bajares,
nombre darás al mar de mis tormentos
y eterno vivirás entre sus olas.
Tristes quejas de amor dilato al viento
Proemio
Tristes quejas de amor dilato al viento.
Serán, por tristes, de mi error castigo;
por quejas, nuevo honor de mi enemigo;
y por de amor, de amantes escarmiento.
Será también la voz de mi instrumento
en el proceso de mi edad testigo,
y yo el áspero actor que a mí me sigo
y el culpado que canta en el tormento.
Vosotros, o jueces, o fiscales
(bien así que mis males, infinitos),
no me juzguéis si no sentís mis males;
que si buscáis castigo a mis delitos,
castigos tienen a su culpa iguales:
fuegos de amor abrasan mis escritos.
Amistad de arroyo correspondida en llanto
Ya de cristales de tu curso bello,
clara verdad de las vecinas flores,
murmuran sin recato mis amores
cuando más tiernamente me querello;
ya me descubren la coyunda al cuello
mis mejillas surcadas con dolores,
marchitas de sus campos las colores
y nevados los montes del cabello.
Bien claro, amigo arroyo, me has mostrado
-mas qué mucho- mi loco desvarío,
si doctrinas los troncos de aquel prado;
pues hoy harás emulación al río
con la paga que ofrezco a tu cuidado
en las corrientes de este llanto mío.
Deprecación al tiempo
Si quiebras, tiempo, los peñascos duros,
si aceros comes, si metales bebes,
si firmes montes con tus fuerzas mueves
y a brazos rindes invencibles muros,
si los anfiteatros mal seguros
están al golpe de tus filos breves,
si Troyas das al viento en polvos leves
y Cartagos al suelo en llantos puros,
muda aquel pecho que a mi llanto ha sido
duro peñasco, alcanza tú la gloria
de un triunfo a los mortales prohibido,
goza la pompa de tan gran victoria;
pues tienes tanta fuerza y tanto olvido,
muda aquel pecho o vence mi memoria.
Exhortación (Rojas)
Como al claro verano el turbio invierno,
la oscura noche al luminoso día,
al llanto de Memnón la melodía
dulce del simple pajarillo tierno,
como al morir en paz vivir eterno,
lágrimas en niñez a su alegría,
a los gozos de amor melancolía
y a sus glorias de celos un infierno,
así le sigue al ser mujer mudanza;
no hay firmeza en mujer, no hay cosa estable:
a la fortuna vence, al aire alcanza.
¡Oh tú, tirana, sé veloz, mudable!
Mas, ay, que temo ya de tu tardanza
ver el fin de Anajarte miserable.
Fénix, sol de amor
Con manos de oro la neutral cortina
corre el gran sumiller del cuarto cielo
y, descubriendo su esplendor al suelo,
las extranjeras formas avecina.
El vulgo todo de la luz se inclina,
cediendo a su mayor con santo celo,
que dar al sol la luz y al ave el vuelo
la justicia constante determina.
Sol es, Fénix, de amor vuestro semblante,
sol que dudas aclara y hermosea,
sol que forma los años del amante;
exhalación mi alma, que os desea
y por derecho natural constante
en vos la luz de vos por vos emplea.
Desprecio
La negra noche con su sombra fría
amparaba el honor de las estrellas,
cuando aquel sol que engendra mis querellas
con rayos de su luz las encendía.
Callando, pareció que les decía:
«Ya de mi fuego en esta edad centellas
no alumbraréis, que entre mis luces bellas
puso el Autor al mundo nuevo día».
Vuelta después a mí, con voz ardiente,
sin templar la virtud de tanta brasa,
me dijo: «Vete en paz, amante ciego».
Dejóme herido el corazón doliente
entre llamas secretas, do se abrasa,
y fuime en paz. ¿Qué paz? A sangre y fuego.
Ausencia triste
¿De qué te quejas, corazón? Resiste
los golpes duros de la ausencia fuerte,
pues dejaste la vida por la muerte,
cuyo triunfo en tu dolor consiste.
Mas, ay, que tanto la memoria asiste
-guerrero vigilante- en ofenderte,
que es fuerza que mi amor para valerte
en llanto te desate, en llanto triste.
Muda ya en mares, pues, los ojos míos
y este mi pecho en fuego: fuertes luchen
el agua y fuego con mi pecho roto;
viva muriendo en abrasados fríos,
donde los ecos de su voz escuchen
ausente Fénix y presente Cloto.
En la partida, hablando con Sierra Nevada
Huyo de ti, porque eres poderosa,
sierra, de helar al sol cuando te ofende
y no de hacer la llama que me enciende
o más voraz, o menos rigurosa.
Huyo, porque entre nieves y entre rosa
sobre tus faldas sus venenos tiende
sierpe, si no se ve, que bien se entiende,
sierpe a mi voz de oreja cautelosa.
Quizá el puerto tendrá de Guadarrama
o sierpes no, u orejas a mi ruego,
quizá su nieve aplacará mi llama,
y ya que no la aplaque en tanto fuego,
pues llegaré difunto mar de fama,
puerto será de mi mortal sosiego.
Llegando de esta ausencia
Salve, Fénix, honor de esta ribera,
bien que afrenta del sol, salve, pastora,
que haciendo pobre a la rosada aurora
enriqueces la fértil primavera.
Salve, serena luz que reverbera
cuando el nublado Acuario triste llora,
y cuando el Aries sus guedejas dora
haces piedras ceniza y bronces cera.
Salve, y perdona la tardanza mía,
perdona el tiempo que he vivido ausente,
si es que ausente de ti vivir podría,
aunque sólo pensando estar presente
el alma -como en premio a su porfía
vive en ti cuando en mí morir se siente.
Favor
Bien venidos seáis, rubios cabellos,
verde listón, seáis muy bien venido;
haya vuestro viaje sucedido
cual merecéis y cual merecen ellos.
Pues vistes -ay- aquellos ojos bellos,
luz objeto del sol esclarecido,
cómo quedan decid: sienta el oído,
pues que mis ojos no merecen vellos.
¿Se desatan en llanto -dulce suerte-
en esta ausencia que con sangre lloro?
Hablad, cabellos, pues de Fénix fuistes.
Muertos estáis, mas vuestro fin me advierte
en verde campo con señales de oro
que alegres los espere, aunque están tristes.
Jazmines, esperanza en blanco
Blancos jazmines, que en el blanco pecho
de mi cándida Fénix reposastes,
a quien color, a quien olor hurtastes
con ancha mano, si por tiempo estrecho,
puesto que ya por natural derecho
parece que gozáis lo que usurpastes,
¿cómo -decid- a tanto bien llegastes
que estoy de envidia, cual de amor, deshecho?
Volved las hojas ya lenguas risueñas,
así no le paguéis a la mudanza
el censo a que os obliga haber nacido;
pero no las volváis, que, pues por señas
muestran agora en blanco mi esperanza,
dirán mi muerte y, tras mi muerte, olvido.
A Fénix, habiendo cantado
Al dulce son de vuestro blando acento
vi las aves sin dueño ya cautivas,
suspensas vi las aguas fugitivas
del Dauro en su orgulloso movimiento,
vi el rumor de los árboles atento,
vi del aire cesar las lenguas vivas,
vi humanarse las fieras más esquivas
y moverse las piedras de su asiento.
Vime también de vuestro canto asido,
Fénix bella, y al céfiro, a las aves,
piedras, árboles, fieras y corriente
dije: «Pues este canto os da sentido,
sentid, testigos de este bien suaves,
que ya mi alma de sentir no siente».
Ojos de Fénix, si matadores, deseados
Indicios claros de la luz, espías
del luminoso general del cielo,
cuyo valor ardiente, cuyo celo
años le rinde y le conquista días;
apacibles tiranos, que alegrías
dais y quitáis al más cortés desvelo;
deidad tonante, que fulmina yelo
sobre el volcán de las entrañas mías;
volved a mí, volved, aunque de fiero
basilisco seáis: vuestra hermosura
más que la vida en vuestra ausencia quiero,
si ya no sube a tanto mi ventura
que os puedo -¡oh cuán difícil!- ver primero,
y es cada cual difunto y sepultura.
Envidia dulce
Tras el desdén de las que argenta escamas,
goza el amante del vellón que dora;
pasó el rigor del yelo y ya de Flora
es el campo galán en mil retamas.
El pajarillo entre las dulces ramas
corresponde a la voz que le enamora;
el tierno amante, aljófar del aurora,
blancas flores abraza y verdes gramas.
¡Oh, todos venturosos amadores,
a quien asignan los piadosos cielos,
para un rigor, sin número favores!
¿Cuándo saldrá mi sol de tantos yelos?
¿Cuándo se oirá esta voz? ¿Cuándo habrá flores?
¿Cuándo tendrán reposo mis desvelos?
Estando en la cumbre de Guadarrama
Anciano risco, a quien la joven nieve
abraza y besa con callados labios.
Necias corrientes y remansos sabios,
¡cuán sabio el que a partirse no se atreve!
Robles, ruinas ya, do el cierzo aleve
manifiesta sus ásperos resabios.
Todos imagen sois de mis agravios,
hasta el cielo me imita cuando llueve.
Como la nieve, con el risco estuve;
divídenme los tiempos como al agua;
y roble soy, a quien ausencia ofende;
mis ojos son una copiosa nube:
si te parezco tanto, ¿cómo enciende,
oh Guadarrama, Amor en mí su fragua?
Mirando un incendio
Subes, oh llama, con veloz carrera
de estos cansados leños desatada,
solicitando en humos transformada
el distante reposo de tu esfera;
pero al subir por la región ligera
te vuelve el viento burlador en nada;
¡ay de ti, cuanto amante, desdichada,
de mi más dulce acción imagen fiera!
Así disuelta sube el alma mía
del corazón solicitando asiento
a la esfera veloz de su alegría,
y nunca llega a conseguir su intento:
que es humo mi ardor, y a su porfía
es un desdén dificultad del viento.
Dijo Fénix que no le hacía bien ni mal
Decís que bien ni mal, señora mía,
me hacéis; estoy de vos tan olvidado
que aun aliviar con penas mi cuidado
estorbáis a mi loca fantasía.
Más mal me hacéis que sustentar podría
en el que yo he sentido y vos negado;
mas, si podéis, hacedme mal doblado,
hacedme males mil, por cortesía.
Que aunque es bastante para darme muerte
el que a todos hacéis mirando acaso,
quiero morir por vos de mal más fuerte:
dadme veneno, dadme, que me abraso;
no beba alguno de él, que está mi suerte
en apurarle la ponzoña al vaso.
Lisonjea al Genil porque tercie en su amor
Saca, Genil, de tu nevada gruta
los corvos cuernos de cristal luciente;
alza con los remansos la corriente
y echa la vista en tu ribera enjuta:
a Flora en flores y a Pomona en fruta
coronando verás tu anciana frente,
y a la ninfa que es menos obediente
tus pies besando, humilde más que astuta.
En tu arena verás mi ingrata hermosa,
pomposa causa de tu honor florido,
y dirásle mi herida lastimosa.
Mi herida… Y guarda si te niega oído:
del pie veloz la estampa rigurosa
será consuelo de mi amor perdido.
Persuasión
Traslada el curso de las rejas duro
con sordos pasos a las blandas puertas,
que, si pretendes las del alma abiertas,
rotas las tiene ya mi llanto puro.
Ya es pretérito el tiempo que, futuro,
pudiera hacer mis esperanzas ciertas;
las horas miro a mis espaldas muertas,
que pretendí para vivir seguro.
Abre las puertas, ángel riguroso,
para que goce con descanso amigo,
tras tormento de amor, de amor reposo;
abre, si no las puertas, un postigo;
abre, que amor no es mal contagioso
ni es, aunque tira flechas, enemigo.
Fénix, santelmo en el mar de amor
Si lucha con el casco el Euro fuerte,
los deshojados árboles desgaja,
arrebata el timón, las tablas raja,
nada perdona a que su furia acierte.
Teme el piloto la contraria suerte
y el marinero en partes mil trabaja,
porque en mil partes mira la mortaja
que el mar previene a su vecina muerte.
Pero si el Euro de los Celos llega
al instable bajel, mi pensamiento
no sólo en embestir no se acobarda,
mas el piloto Vista el temor niega,
descansa el marinero Entendimiento,
porque el Santelmo Fénix va en su guarda.
Quejas disculpadas
Del áspero segur la seca rama
se querella, si al fuego la condena;
la blanca vela, de la parda entena,
si su tesoro el Aquilón derrama;
si al coral falta su cerúlea cama,
se altera endurecido en tierra ajena;
el mal seguro leño en mar serena,
gimiendo, al monstruo que le rige infama.
Éstos se quejan sin tener sentido,
sin tener vida: pues que vivo, y siento
fuego en mi pecho, mares en mis ojos,
la boca en aire y a la tierra asido,
portentoso de amor soy vencimiento.
Deja, Fénix, que sienta mis enojos.
Ausentándose por no ofenderla
Hermosa Fénix, si la luz serena
de vuestros claros ojos no abrasara,
su pureza devoto contemplara,
que al no encendido, al temerario enfrena;
mas si mi vista enciende y desordena,
cual suele el viento y fuego a polvo y vara,
si, aunque se oculta, sierpe ostenta clara
purpúrea rosa y cándida azucena,
¿cómo queréis que mire vuestros ojos
menos que con intento así advertido?
Ausente estoy mejor, si os causo enojos:
adiós, Fénix, adiós, que voy perdido;
huyendo voy de amor y sus antojos,
mas, ay, que viene a la memoria asido.
Piedad declarada por rigor
Puso en ti del Autor la sabia mano
alma quieta en sangre generosa,
anciano fruto en niña flor hermosa,
divino ingenio en un sujeto humano;
mas luego puso -¡ay, triste!- Amor tirano
entre blanco jazmín y fresca rosa
la ceraste mordaz más venenosa
que humor vertió de racional insano.
Tú, piadosa, quizá por no acabarme,
huyes y escondes su veneno esquivo,
como si esto bastara a remediarme;
pero es aumento que en mi mal recibo,
pues muero cuando dejas de matarme
y sólo al tiempo que me matas vivo.
Al peregrino
¿Dónde vuelas soberbio pensamiento?
Ícaro mozo mi consejo espera:
mira que al polvo humilde y blanda cera
ni el sol perdona ni respeta el viento.
Fénix es sol y su divino aliento
la procelosa de Aquilón esfera;
de cera y polvo tu porción ligera;
teme vuelve a la tierra que es tu asiento.
Pero sube camina no repares
rompa tu fuerza los contrarios vientos
hasta ver de tu sol su luz a solas;
que si muerto cual Ícaro bajares
nombre darás al mar de mis tormentos
y eterno vivirás entre sus olas.
Conocimiento perfecto
Dichoso aquel que de su techo amado
lejos de la vulgar y ciega gente
con pecho firme con serena frente
vive de amores de ambición purgado.
Dichoso aquel que de su techo amado
ve la Aurora nacer por el Oriente
dejando entre las flores dulcemente
de su terneza y su color traslado.
Macize el pecho de oro el Midas necio
sufra inconstante aliento a dulces labios
pues cosas tan vacías tienen precio.
¡Oh mil veces feliz quien ya de agravios
de una esperanza sale en un desprecio!
¡Feliz quien ama el oro de los sabios!
Desengaño de amor exhortando
Oh tú que adoras miserablemente
fantástica apariencia de belleza
vuelves mis hojas llenas de aspereza
y en noche instable aprende luz constante.
Amor verás si se creyó diamante
frágil vidrio después que en su entereza
coronado de llanto y de tristeza
brindó al mejor de su campaña errante.
Veneno entre cristales embozado
excusa y solicita ya sediento
ciervo curso de fuentes dilatado.
Toma de tanto hidrópico escarmiento:
más medra el abstinente el recatado
que cuanto el mundo ofrece es sombra es viento.
Misericordia
Vuelve a poner Señor en mí tus ojos
puesto que tantas veces me miraste
cuando de sombras vanas me sacaste
tras quien fui ciego en falsa luz de antojos.
No sufra tu piedad largos enojos
pues de inmortal mortal carne tornaste;
que no es bien que del soto que plantaste
gocen tus enemigos los despojos.
Baste que al día mil veces lo han cazado
en tu desgracia y mía sin ser suyo;
no lleven la ya leña estéril seca.
Y si mil desengaños no han bastado
a libertar a este hombre vil que peca
llévale Tú por fuerza pues es tuyo.
División tributo nacional
Allá dejé mi corazón atado
dentro de vuestro pecho en mi partida
y por dulce principio de mi vida
guardo del vuestro el singular traslado.
Con vos unido estoy aunque apartado
sin que pesada intermisión lo impida
que de amistad por Ebos extendida
montes penetra el curso dilatado.
Bien es que el alma sensitiva aprieta
y de hambre y sed en esta ausencia muere
porque le quitan su porción perfecta;
mas oficiando la razón infiere
(y le propone) que nació sujeta
a división de lo que bien se quiere.
Al sueño
¿Por qué di de mis ojos sueño blando
los desvelados párpados no pegas?
¿por qué a mis miembros tus licores niegas
si por el mundo los estás regando?
De mí porque te invoco vas volando
y a quien menos te busca más te llegas;
bien claro el arte de tus obras ciegas
con castigo cruel me va mostrando.
Si oscuridad procuras ¿qué tiniebla
como mis ojos? Si el silencio estrecho
su imagen son sin dedo mis dos labios:
llega que alcázar te dará mi pecho
gruta será mi herida mi amor niebla
mi llanto humor ministros mis agravios.
Tisbe
Tisbe a su amante que en cadáver mira
con temerosa mano el rostro toca
límpiale con los cabos de la toca
y en los labios desiertos le suspira.
Engañada imagina que respira
y es el aliento de su misma boca;
su fin estudia a su maestro invoca
sus manos tuerce sus cabellos tira.
Nadie le ayuda en tanta desventura
sino la muerte ¡oh caso lastimoso!
el pecho arroja a la enemiga espada;
asió la mano de su esposo dura
y mirose en el tálamo espantoso
doncella viuda muerta y desposada.
Tapices de rosas
Borde el Darro gentil su margen de oro
sobre tapetes de esmeralda hermosa
y matutina deshojada rosa
en él disipe intacto su tesoro;
las bellas ninfas olvidando el coro
en profusión de flores olorosa
imiten divertidas a la diosa
que presta a mayo su primer decoro;
para que Fénix con altivo orgullo
favorecida pise arroyo y prado:
mas si le da como el amor desvío
ni deshoje la rosa su capullo
ni de Flora las ninfas sean traslado:
ni de oro el margen suyo borde el río.
A Fénix en la empresa
No de aromas sabeas sí en pomposa
altiva ostentación al nido aspira
¡Oh Fénix! tu ambición; ¡Oh Fénix! mira
cuanto la igual modestia es honorosa.
Si duración afectas codiciosa
prepara en la feliz Arabia Pira
al tránsito fatal; venera admira
fragante copia al Evo sonorosa.
No rara ya no prohibida no sabia
te niegas premio a dignos tanto ardores:
cambias el blando Soto a Alcázar fuerte.
Si feliz no sin ti siempre tu Arabia:
vuelve (¡mas tarde ya!) goza sus flores
apacibles desdenes de la muerte.
Invocación
En la parte más tierna de mi pecho
pintaste Amor la forma más hermosa
que el mudo vio con sangre lastimosa
compungente pincel de metal hecho;
Oh pintor peregrino satisfecho
de obra a ti igual a mí maravillosa
muestra como mi pluma temerosa
de un gran traslado; en mi papel estrecho:
Y ya que no descubre en esta sombra
una señal de luz de aquella brasa
que los nublados de mi llanto escombra.
Y sí la pluma en discurrir escasa
de mi confusa ceguedad se asombra
préstele luz el fuego que me abrasa.
Día primero de su amor
Cuando el Planeta que las horas cuenta
el encanto de Cholcos encendía
en la estación primera de aquel día
que honró al actor su pueblo que le afrenta;
Dio a la más cuerda Amor la más sangrienta
flecha que dentro en su carcaj tenía
y orgullosa con tanta valentía
entró al rendido corazón exenta.
Estaba yo sin armas descuidado
y para honor de su cobarde hazaña
armas me dio el Amor después de herido:
Pruebo herirle con ellas está armado
pruebo mi llanto es su dureza extraña
pruebo a rendirle a fuerza estoy rendido.
Amor habla callando mata y eterniza
¡Ardo pero mi ardor qué desventura!
dentro del corazón triste encogido
(gigante castigado aun no atrevido)
debajo el nombre de un silencio dura;
de allí en centellas por mi luz oscura
delincuente primer: primer sentido
habla (mudo mi espíritu ofendido)
el colérico fuego que me apura.
Crece la llama y mi mortal herida
(por aplacar su fuerza) humor le vierte;
crece y sale en suspiros divertida;
crece mi mal y con mi mal mi suerte
que aunque este fuego es muerte de mi vida;
dulce vida le espero de mi muerte.
Pretende satisfacer al amor callando
¡Oh gran dolor! Mi corazón se enciende
y si intento decir el mal que pasa
es mi concepto un rayo que me abrasa
no sale de la boca y más me ofende.
Con el rigor que las entrañas hiende
penetra el pecho; a la memoria pasa;
llega a los ojos y deshecho en brasa
(tal son mis tiernas lágrimas) desciende.
Así me deja en tu ministro airado
en fuego ardiendo en lágrimas deshecho
por un error apenas intentado.
¿No estás Amor con esto satisfecho?
¡Quieres que calle y muera ya he callado!
y ya es sepulcro a mi ceniza el pecho.
Pide favor
Entre la luz de tus serenos ojos
donde aprende la suya el Sol dorado
entre las hebras del sutil trenzado
que desdeñan del oro los manojos;
entre las perlas los corales rojos;
entre la nieve entre el color rosado;
entre el son de tu aliento regalado
puso el término amor de mis enojos.
Y si hallarse dilatas mis entrañas
entre luz oro perlas nieve aliento
según las llamas crecen ya tamañas
las verás deshacerse en un momento
cual suele al Sol la nieve en las montañas
y tus ojos serán el instrumento.
Pagando crece la obligación
La luz de la razón o muerta o ciega
dormida tiene el alma y el sentido
quien mira vuestros ojos atrevido
y luego Fénix que los ve no ciega.
Pues no goza la gloria donde llega
ni el hospedaje os paga el recibido
así se da el castigo merecido
y a vos la justa obligación os niega.
Yo por pagaros os rendí mi vida
y rendiré lo que me dais de nuevo
pero hallo la deuda más crecida:
Porque si el alma cada instante os llevo
es el pagaros gloria tan subida
que cuanto más os pago más os debo.
Deprecación
Pues descubriste de tu sol ardiente
la hermosa luz de que se informa el día
pues el oro que Arabia desafía
me descubriste en tu serena frente.
Pues me venció tu proceder valiente
con fuerzas de una blanda cortesía
a cuyos pechos el amor se cría
que en mi tamaño engendra el accidente:
Los celajes descubres donde asistes
o soberano luminar esquivo
así regiones frígidas conquistes.
Que como soy tu esclavo si me privo
de tu presencia entre memorias tristes
me aprisiona el amor por fugitivo.
A un suspiro
Si pretendes suspiro nombre y fama
pues de mi pecho sales encendido
hazle que sienta al (sin sentir) sentido
de aquella que te engendra y te da fama.
Sigue el curso del fuego que me inflama
mas que alguna otra vez enternecido
y serás el primero que atrevido
en Fénix entra mi amorosa llama.
Seguro vas ardiente mensajero
pues que le das a la enemiga mía
cierta noticia de que triste muero.
Haz ultraje a su orgullo y mi porfía
viste el armado corazón de acero
de la piedad con que mi amor te envía.
Todo se muda su desdicha no
Múdase el tiempo y con mudarse muda
la planta el animal el ave el peze
estrecha a Anfitre y a Anfitrite crece
orna a Cibeles y a Cibel desnuda;
Hace que humilde a tanto imperio acuda
cáucaso erguido que inmortal parece
cual sombra todo vana desfallece
a su cuchilla incontrastable aguda.
Este mundo interior es de una infiable
forma imperfecta y cuanto en él se cría
imita a su principio invariable.
Sólo es constante la desdicha mía
que como nace de mi amor durable
no se puede mudar como solía.
Consejo sano a sus ojos
¿Qué pretendéis de amor? ¿qué de fortuna
si muertes no? ¿sino pesares tristes?
¡Ay ojos de llorar! otros os vistes
(¡cómo pasan los bienes!) en la cuna.
Otros cuando con lágrima importuna
(lengua enloquece en la niñez) perdistes
dulce sustento y dulce obedecistes
materno arrullo sin violencia laguna.
Rebeldes ya ni conocéis sustento;
muros si combatís do amor tirano
(no el arco) rayos vibra ciento a ciento.
Tan difícil conquista en bulto humano
ojos mejor será (mudad intento)
vencerse tarde que morir temprano.
Complacencia en el dolor
Miré la luz de tus serenos ojos
soles a las tinieblas de los míos
que ya dilatan lastimosos ríos
dignos del mar de tu beldad despojos.
Siento que ciego entre ásperos abrojos
me encienden hielos y me abrasan fríos
que me aparto de mí con mis desvíos
que gusto solicito en mis enojos.
¡Oh miserable suerte! ¡Oh mal extraño!
¡Cómo! ¿Qué subo más y alcanzo menos?
¡Cómo! ¿el dolor con lágrimas engaño?
¿Mas qué? si vos gustáis ojos serenos
padezca el corazón rigor tamaño
padezca mal por los que son tan buenos.
Amor conocido por enemigo
Cuando es acaso la dorada flecha
que un tierno niño al pecho de un gigante
puede tanto el amor con el amante
que al niño ensancha y al gigante estrecha.
Y así pues cera Fénix no está hecha;
o yo no estoy en forma de diamante
no nos hiere la flecha penetrante;
o está su fuerza natural deshecha.
¡Mas ay mísero yo! ¿cómo no hiere
si el corazón penetra por los ojos?
¿Cómo sin fuerza cuando el alma hiere?
Aquellos son de amor vanos antojos
que es mi enemigo y deshacerse quiere
para hacer mayores mis enojos.
O muerto o vida
Fénix que flechas me arrojáis mortales
¿ya qué intentáis de aqueste amante reo?
Vuestro es mi corazón vuestro el deseo
causa de vuestros bienes y mis males.
Si los dolores a la fuerza iguales
fueran de la flaqueza que poseo
cerrara el triste labio pero veo
que soy mortal cual ellos inmortales.
Cese un instante ya la llama ardiente;
dejadme a vuestra sombra recostado
si sombra en tantas luces se consiente.
Crezca el rigor y acabe mi cuidado
dad lugar a que muera por valiente
o quede por cobarde aprisionado.
Disculpa de amor
Menguase mi dolor aunque el mal crece
¡ay! por tu falta no porque el sentido
al incesable trabajar rendido
de vitales espíritus carece.
Mengua es en mí la que mi mal parece;
y sobra de dolor la falta ha sido
ved que remedio a veces defendido.
que si vino y entiendo me enloquece.
Si acaso pareciese a los mortales
flaqueza mía o desdichada suerte
tan grande vencimiento y penas tales
mire mi causa el más feliz y fuerte
podrá ser que (retrato de mis males)
ponga respeto a mi temprana muerte.
Inclinación en parte fuera del curso natural
A muchos les agrada el son mezclado
del sordo parche y resonante trompa
y a muchos ver que el jabalí les rompa
la tres doblada red con diente airado.
Al labrador del trabajoso arado
no apartará la vagabunda pompa
ni hay temor de borrasca que interrompa
el curso al marinero ejercitado.
Acude todo instinto al ejercicio
a que la estrella en que nació le influye
y alcanza en el descanso y alegría;
de mí sólo que ha sido el duro oficio
de amar nací por suerte estrella mía
el alegría y el descanso huye.
Colérico amor
¿Por qué Fénix permites que padezca
(siendo tú causa) este dolor extraño?
si es por no merecerte no es engaño
que por nacer está quien te merezca.
No que soy tan indigno te parezca
aunque (cual ves) me cubre tosco paño
que no confiere amor (cuando es tamaño)
que vil materia sus ardores crezca.
Sacrificado a tu belleza pura
tienes mi pecho admite sus ardores
si has de admitirlos de mortal criatura;
y si han de merecer tus amadores
por valor natural tu hermosura
tú sola ten a tu belleza amores.
Disculpada amenaza
¡Contenta estás oh Fénix rigurosa!
de ver que das materia a mis dolores
de ver que das al aire mis amores
de ver mi alma que jamás reposa.
Pues caminé la esfera presurosa
que si imposible alcanzó mayores
quizá dará otra causa a mis ardores
(ya que tan bella no) más amorosa:
Entonces si de humana carne fueres
(que no está declarado en la edad mía)
te causará dolor el ser quien eres.
Y si en el auge del que gozas día
por absoluto don permanecieres
di a mi fiebre mortal que desvaría.
Reo y Fénix disculpada
No alcanza el buen cincel un pensamiento
que no posible a un solo mármol sea
si docta mano en imitar se emplea
concepto agudo ufano entendimiento.
Ya rendida si opuesta al movimiento
la materia la forma que la afea
delito es vil de torpe mano rea
culpado ingenio cómplice instrumento.
Labrar quise en tu pecho mi ventura
dispuesto a buena estaba y mala suerte;
erré (como ignorante) la escultura.
¡No te quiero culpar oh mármol fuerte!
Quiero culpar mi ingenio y mi locura
pues sólo supe en ti formar mi muerte.
Rigor de Fénix
Pudiera mi tormento haber quebrado
el fuerte acero y el diamante duro;
pudiera enternecer mi llanto puro
un corazón de pedernal labrado;
y aqueste no ni aquel han lastimado
(¡mísero yo!) tu pecho tan seguro
que no promete en término futuro
por las manos del tiempo ser mudado.
En el peñasco descubrí de cera
(con mi gemir) entrañas y alma humana
en la silvestre ensangrentada fiera.
Como di en tu hermosura soberana
un corazón de peña verdadera
hallé y un alma en el Tigre Hircana.
Perseverancia vence dificultades
Áspero corazón voluntad dura
de dulce pecho y alma generosa
la triste muerte en mí será forzosa
si este vuestro rigor gran tiempo dura.
Pues cuando nace; y muere la verdura:
cuando la noche y la mañana hermosa
lloró sin descansar bien poderosa
causa es mi loco amor y mi ventura;
Con todo vivo a la esperanza asido
viendo que poco humos continuamente
si cal un mármol gasta endurecido
y así a ti (en nada al mármol diferente)
te gastará mi llanto y mi gemido
podrá rendirte voluntad valiente.
Mandole que callase
Fénix si muero en este triste estado
serás más que león que tigre fiera
pues hoy me intimas que callado muera
porque es menor el mal comunicado;
de tal suerte me tienes rodeado;
que hallo duros peligros por doquiera
en el bien el tormento que me espera
y en el (otro gran dolor) el ser callado.
Menos eres que Falaris piadosa
que él permitió le diesen boca al toro
por do la voz saliente lastimosa.
Y tú tirana (en tanto que adoro)
me atormentas y sellas rigurosa
si suspiro mis labios cuando lloro.
Mayores que los de Hércules sus trabajos
Hércules invencible fatigado
no fue cual yo de la cruel fortuna
aunque venció la sierpe en la cuna
aunque luchó con Gerión doblado;
aunque del Rey de fieras abrazado
aunque opresor del globo de la luna
aunque admirando la infernal laguna
dejo al trifauce espantador atado;
que resistir vuestro desdén injusto
sustentar vuestro nombre con mi canto
y aprisionar mis amorosos celos;
es más duro ejercicio y más robusto
que vencer monstruos que tener los cielos
que atar el Cá que amedrentar su espanto.
A una señal cárdena en el rostro de Fénix
Negro Cometa que mi blanco cielo
con negra luz amenazáis mi vida;
si tengo en fuego el alma convertida;
como vuestro color promete hielo.
¡Tened! no más escándalo del suelo
que esta naturaleza divertida
y en vuestra dulce confusión perdida
pues falta al orden de su santo celo.
Pero aunque el orden natural se altera
el alma me abrasáis quemadme el pecho
nada quede en mi vida de provecho
pues por consuelo llevaré aunque muera
que es más por vos quedar cenizas hecho;
que con mi fuego deshacer la Esfera.
Especifica su vista
Hay de vista una especie generosa
que el rayo puro de la luz resiste;
otra que busca la tiniebla triste
del esplendor más débil temerosa.
Otra (regida mal; bien deseosa
de alegrarse en la luz) que al fuego asiste;
y hasta que de su muerte en el se viste
(de esta especie es mi vida) no reposa.
No puede resistir de mi sol claro
el poderoso rayo que la ofende
ni sabe de la noche hacer reparo;
antes vestirse de la luz pretende
y dando cercos mil al aire raro
goza del fuego la virtud enciende.
Lágrimas y suspiros frustrados
Sopla el Meridional de mis suspiros
y mil lluvias de lágrimas desata
de estos mis ojos que el amor maltrata
por claro honor de sus dorados tiros;
sopla y suspende los celestes giros
(tan blando por el aire se dilata)
sopla mas nunca de mi estrella ingrata
los dos suspende globos de zafiros.
Puede (¿quién duda?) en las ternezas mías
mostrar la sana de su fuerza dura;
crecer las noches suspender los días;
pero como podrá la fuerza pura
que aun temeré cuando en cenizas frías
ocupe mi temida sepultura.
¿Qué sed es esta amor de hidropesía
que tus entrañas tienen por mi llanto?
¿Es posible cruel que bebas tanto?
Ya con la muerte bebes a porfía.
Tomar ser de mis lágrimas podría
otro diluvio causador de espanto:
otro mortal Fitón de mi quebranto
expuesto al arco de la ingrata mía.
Pero es tu fuego tal tirano arquero
que es echar a una fragua humedad poca
echarle de mi llanto un mar entero.
¿Cuál parte di de fiera amor te toca?
¿Y a mí que eterna parte cuando muere?
Ni tú te hartas; ni el llorar se apoca.
Por su inquietud amenaza al amor
No más rapazo amor espera un poco
déjame respirar que estoy cansado;
si sólo intentas que te sienta armado
ya casi estoy de sentimiento loco.
Ya tu Deidad con sacrificio invoco
si es que pretendes ser reverenciado;
y si esclavo me quieres soy herrado
escucha el son que en mis cadenas toco.
Si porque tus crueldades resplandecen
en mí más que tus triunfos y victorias
quieres mi fin pensando que fenecen
dame la muerte honor de tus historias
dame la muerte pues que en ella crece:
de mis cenizas nacerán memorias.
Exhortación
Clavó la vista en el cadáver frío
y faltó el movimiento a la cabeza
que trasformado al cuerpo en su dureza
el corazón creció por lo vacío.
De ver el caso sumamente impío;
helada se quedó naturaleza:
Helado el pulso en su postrer viveza:
que tal rigor se debe a tal delirio.
Teme pues Fénix tú si temor cabe
en un pecho leal y generoso;
o al mármol en dureza desafía;
que cual Pigmalión de mármol sabe
labrar (y yo lo sé) pecho amoroso
el ceguezuelo que en mi fin porfía.
Luz verdadera
Cual suele aquel que la encendida casa
deja a las fuerzas de la llama impía;
y expuesto el pecho a la corriente fría
se anega ardiendo; y anegando abrasa;
tal la razón en la encendida brasa
dejo del fuego que tu luz me envía;
y pongo (¡necio engaño!) el alma mía
entre copia de lágrimas no escasa.
Tantos errores tantas sutilezas
sigo que está mi amor sobre la Luna
y de este humano busco las fierezas;
si es voluntad si es hado o si es fortuna
no lo ser más pisando sus cabezas
fuerte herí con el pie en la vista a alguna.
Al alma ciega
Ya de otra más que de ti propia amante
alma se ve tu candidez impura:
ya dore llena con antorcha oscura
muerte en forma de amor vas ignorante;
la viva luz que imita al sol constante
tienes opresa en móvil sepultura;
¡ay la joya que pierde tu locura
por seguir de un placer falso semblante!
Abre los ojos ya si amor dispensa
y por su ser en pequeñez medida
verás cual es en la grandeza inmensa;
vuelve al tierno dolor de tanta herida
que si duplicas la que mata ofensa;
la que pretendes disminuye vida.
Ausentándose
Al campo Fénix vais vais a la aldea
para que esté cuando volváis difunto
pues si estuviere en la ciudad un punto
de vos mi amor aborrecido vea.
Desde hoy (Bootes de esta luz) me emplea
amor al carro perezoso junto
y sin dispensación mi dulce asunto
azada reja y hoz quiere que sea.
Viviré cuan gozoso cuan ufano
aunque en vez de escarpín y guante estrecho
vejigas calce el pie llagas la mano:
y si la llaga antigua de mi pecho
no tienen satisfecho a amor tirano
quedará en las recientes satisfecho.
Confianza en un ay
Fresno siempre elevado centinela
del ejército dulce de Pomona
a quien si erguida crencha el sol corona
cándida Naya los coturnos cela.
Tú a tanto Ruiseñor antigua escuela
bien que frondoso afín mi voz perdona;
que en tus lenguas el céfiro la entona
porque a Deidad que ocultas veloz vuela.
Este ¡ay! tan sólo ten depositado
y cuando al sol que adoro como sueles
vieres en tus alfombras recortado:
preséntale a la luz y no desueles
por esto tu inquietud que mi cuidado
copia en tan breve tiempo mil pinceles.
A dos palomas en su arrullo
Pájaros venturosos que enlazados
ya con los picos ya con más estrecho
lazo del uno el otro satisfecho
dulcemente vivís enamorados;
mostrad así os gocéis los dos traslados
tiernos de Fénix al rebelde pecho
quizá con tanto ejemplo al blando lecho
remitirá fatigas y cuidados:
Y ciando no sabrá que el dolor mío
es natural que su placer violento;
digno mi amor indigno su destino.
Esto así ya que a manos del tormento
a que amor me destina (y dél me fío
¡Titano!) acabe moriré contento.
Confiésase digno de tal castigo
Si el Semidiós engendrador del justo
que en tanta piedra impuso tanta vida
por una antorcha que usurpó encendida
ministro dulce del humano gusto.
En el Cáucaso preso al más injusto
verdugo al más cruel por no homicida
para la eterna penetrante herida
expone el pecho el corazón robusto;
que me querello yo que aun imposible
atado esté con esperanza incierta
y que un desdén me firma de tormento
si en las luces del cielo inaccesible
de Fénix encendí mi vista muerta
mas ¡ay! que amor anima el sentimiento.
A Fénix quejas
En suspiros y lágrimas deshecho
se queda atrás un lustro de mis días
sin da calor a tus entrañas frías
ni enternecer tu endurecido pecho.
¿Cuándo escribió el amor en su derecho
leyes que obliguen a las penas mías?
¡Ah violento juez! cómo porfías
tiempo tanto en tormento tan estrecho
si es porque en mí tu culpa se castigue
el verte en mis entrañas no diamante
como en tu ser a más piedad te obligue;
templa el rigor (si sabes) un instante
sabe dejarte amar de quien te sigue;
que no es difícil como el ser amante.
Fénix cabello suelto fortuna de amor
Esta que libre al regalado viento
la madeja derrama de oro hermosa:
sin duda que es fortuna poderosa;
pues da bienes y quita en un momento.
No es la que el oro con poder violento
distribuye avarienta y generosa;
mas hace al alma pobre o venturosa
del tesoro de amor su libre intento.
Ciega no es ya mas para mí escondidas
las luces trae que forma mis enojos
y se finge sin vista a mis heridas.
Ay quien dude en la rueda y los despojos;
despojos son las almas ya rendidas;
la rueda son los giros de sus ojos.
Quitósele de la ventana
¡Dadme un rayo de luz oh sol hermoso!
y al puto (¡ay triste!) que a mirar le llego
la luz me quitas; y me das el fuego
que eres a un tiempo avaro y generoso.
Como entre sueño y confusión dudoso
me dejas ya pensando que estoy ciego;
ya que en la zona helada o que me entrego
al círculo tostado caluroso.
Ciego no estoy pues que tu luz recibo;
no estoy cerca del Polo pues me abraso;
ni junto al Sol pues en tinieblas vivo.
Esto cansa mi amor tu veloz paso
mi imaginar y tu esplendor esquivo
que da una hora de Oriente y mil de Ocaso.
Medicina de amor la muerte
Si contra mí tus soles celestiales
vuelves en rayos de su luz me quemo;
no basta el mar de lágrimas que remo
para templar sus llamas desiguales;
si intentas con piedad sanar mis males
¡no menos ay! que tu rigor la temo;
que son en mí los golpes de tu extremo
(por miedo o por razón) mortales.
Del primer llanto al último suspiro
(en quien estoy) mi corazón maltrata
con mil llagas amor de sólo un tiro.
Cúrame Fénix tú cúrame ingrata
que no es difícil pues que no respiro
y es la cura mejor la que me mata.
Potencia del tiempo frustrada en su amor
El ceño arisco de una sierra fría;
en el semblante alegre de este llano
pudo el tiempo mudar que tanta mano
toda elevada vence valentía.
Laurel pomposo altivo que solía
albergue ser mucho vuelo ufano
a seco tronco se reduce anciano
convenciole del cierzo la porfía.
Cándido escollo espiritada peña
respetado verdor de mi esperanza
permite al cuerpo una señal pequeña.
Si como dices amas ¿qué tardanza?
¿cuál vida tanta duración enseña?
¡cuál firmeza se exenta de mudanza?
Leandro
Leandro el culto del galán vestido
que sus trabados miembros bizarrea
depone y atrevido el pecho emplea
en las ondas del mar embravecido.
Un monte y otro de agua atrás vencido;
con otro lucha que vencer desea
mas ya opreso cansado así vocea:
pidiendo al sordo mar piadoso oído.
Ondas si está mi muerte decretada
tened la ejecución mientras recibo
el abrazo postrero de mi amada;
que si al partirme de él quedara vivo
a la vuelta podréis de mi jornada
ejecutar vuestro rigor esquivo.
Ojos traviesos
Como tomáis la posesión ojuelos
de tantas almas que os están mirando
montes vais de riqueza dilatando
sobre los más distantes paralelos.
En almas libres imponéis desvelos
vuestros méritos dulces consultando
elevación benigna imperio blando
sobre los luminares de los cielos.
No alcanza más honor naturaleza
que vos le dais ni más amor decora
armas para guardar su fortaleza
ojuelos mariposa me enamora
ser en tanto fulgor tanta belleza
que un ver morir toda la vida honora.
Caos de amor
Tengo un bien sin razón que mal me trata;
de que mi muerte con razón se infiere
huyo atrevido de quien bien me quiere
acometo cobarde a quien me mata.
Con esto ni mi vida se dilata;
ni en tanta división del alma muere;
ni la convenzo a que mudanza espere
ni los doblados vínculos desata.
Guerra no doy y el alma no reposa
teme y aguarda desmayada anima
el pecho helado de su amada hermosa.
Es Caos de confusión materia prima
¡o llegue ya! con mano poderosa
amor de Fénix que la forma imprima.
Espejo falso reprendido
Oye Genil y el orgulloso brío
corrige de su curso plateado
que no es justo que estés alborotado
si intentas retratar al dueño mío.
Fénix honrando ayer tu margen frío
vio tu rostro (¡así fuera!) demudado
más que por falta de color rosado
por ser tu espejo de verdad vacío.
Los ojos en su engaño el pensamiento
en mí y en el amor su enojo grita
dando culpa a su herida y a mi cura.
Bien puedes ver cruel el sentimiento
que en mi causa el amor pues flor marchita
es ya mi tez y sombra mi figura.
Deprecación a Venus
Hermosa Venus que con llanto tierno
vertiste fuego entre la sangre fría
que alfombra ya y mortaja le servía
al infeliz que en flor hiciste eterno.
Así te reverencie el triste invierno
cual dulce Primavera de alegría
y así te rinda la tirana mía
lascivas rosas con afecto interno.
Que en el jardín que su inclemencia riega
con la piedad de mi cristal deshecho
me honores flor me califiques rosa.
Podrá ser que mirando en flor hermosa
Isis que ahora al duro lazo entrega
Narciso goce en mano en frente y pecho.
Amor triunfa de Fénix
Saltó el amor por conseguir su intento
del jardín de mi Fénix el cercado
y entre las flores con el arco armado
en forma se vistió de pensamiento.
Ella entraba con blando movimiento
el cabello a la espalda derramado
vestido el cuerpo de un cendal nevado
que con los miembros lo pegaba el viento.
Púsole al corazón la punta aguda
y ella sobresaltada desmayose;
fue grande el golpe y la cogió desnuda.
Volvió al fin como pudo y levantose
pidiendo a voces contra amor ayuda
y él mirome mirola y sonriose.
A un favor de Laurel y Mirto
Fénix de hoy más a vuestro sol que inflama
mi amante corazón pondré la frente
pues es defensa contra el rayo ardiente
para mis ojos del Laurel la rama.
Hoy más el pecho a la ardorosa llama
exento llegará de su accidente
que el soñoliento Mirto no consiente
colérico dolor en quien bien ama.
Hoy más libre y desnudo el pensamiento
sólo del santo ardor preso y vestido
dará vuestra alabanza a mi instrumento.
El instrumento le dará al oído
él a la voz común la voz al viento
y el viento abrace contra el sordo olvido.
Ausencia de Fénix sentida con razón
Florecilla si pierdes tus colores
por verte fuera de tu verde asiento;
donde gozabas el frescor del viento
del agua la humedad del sol calores.
Te falta la razón que mis ardores
a tu amarillo servirán de aumento;
en vez del aire gozarás mi aliento
y del agua mis lágrimas mejores.
Mas si es porque mi Fénix se destierra
de las Indias del oro de su frente
siente (cuán digno) disfavor tamaño
que viendo así que se disuelve en tierra
tu hermoso imperio por estarle enfrente
no llamará a mis lágrimas engaño.
Temor en los favores
Barro nacisteis Búcaro: Fortuna
movió al actor y os informase hermoso
Fénix os levantó con poderoso
brazo al soberbio cerco de la Luna.
Visteis os (así yo) do nunca alguna
forma gentil en tanto que lloroso
pudiera ser sepulcro lastimoso
de mi reciente amor su primer cuna.
Ya (miserable vos) venís cayendo;
sino feliz pues libre de mi ingrata
ay dudoso de mí que voy subiendo.
Pues si al bajar en agua os desbarata
que hará si subo que su luz me enciendo.
¿qué cera soy y un búcaro dilata?
Enfermedad de amor no se cura con favores
Tiento fue ya que las entrañas mías
con el Fuego colérico lucharon;
tiempo que con el Aire pelearon
mis labios noches suspirando y días.
Tiempo fue que del alma las espías
en el mar de mi llanto navegaron
y que a la seca Tierra le usurparon
la pesadumbre y las melancolías.
Mas hoy el viento calmo el mar quiero
la tierra (a mi placer) restituida
no alcanzo instante de quietud perfecto
que pues que el viento cese (si está sida)
no cesa llama que arde en lo secreto
ni sana dulce filo abierta herida.
Cohecho a la noche
Noche sombra del mundo tú que crías
con la leche silencio al mudo sueño
que al gran señor y al labrador pequeño
como la muerte igualas si porfías.
Tú que en las tierras de las Zonas frías
siembras adormideras y beleño
aumenta iguala siembra el pobre ceño
para que coja las riquezas mías.
Sólo no toques las estrellas claras
que en ti me esperan dilatando giros
para absolver de mi tiniebla errores.
Harete sacrifico en negras aras
de mis tristezas llantos y suspiros
y holocausto también de mis temores.
Pide un no causa de su muerte para remedio de su mal
¿Comenzaré con los suspiros míos
divina Fénix tus humanas quejas?
¿Comenzará mi voz en tus orejas
mas siempre sordas que peñascos fríos?
¿Comenzarán mis lágrimas dos ríos
que corran en presencia de tus rejas?
¿Acabará mi amor (pues que le dejas)
a manos de mis fuertes desvaríos?
¡Ay dura ingrata ay corazón de nieve!
Negarme un sí pues me negaste tantos;
que él inspira mi vida larga o breve.
Niégame un sí que amor con sus encantos
hace que un no que mis desdichas mueve
pueda al presente reposar mis llantos.
Amor razonable no se mitiga con la posesión
¿Si Amor echó de su vibrante cuerda
la rubia flecha que en su sangre viste
como tu sueño su dolor resiste
si al más ajeno de sentir recuerda?
Ya que no de tu mal de mí te acuerda
escucha el curso de mi llanto triste
escucha el cierzo que a mi pecho embiste
antes que el sueño en tus pestañas muerda.
No temas que el deleite oscuro reo
mi amor ofenda pues razón le obliga
y firme estrella a la razón le llama.
Hijo suyo es mi amor no del deseo
y así la posesión no le mitiga
antes es la materia de su llama.
Al corazón temeroso
Piloto sabio de la nave de oro
que sobre el mar de amor eleva espumas;
tú que cuentas sus astros tú que sumas
las arenas que cercan su tesoro.
Porque das suelta al inefable lloro
pues en medio navegas de las brumas
mientras se viste el Alción de plumas
(seguridad debida a tu decoro).
Reposa corazón olvida el llanto;
no temas tempestades claro el cielo
no hay nube que a tu sol imponga afrenta;
mira que las sospechas pueden tanto
que harán borrasca en el seguro suelo
y podrás anegarte sin tormenta.
Resistencia a los celos
Este mundo abreviado este edificio
fábrica del artífice del cielo;
desde la cima hasta el humilde suelo
de Fénix es a Fénix es propicio.
Aquí reverenciando su servicio
la voluntad con amoroso celo
(altar mi corazón) mejor que Delo
hace del gusto eterno sacrificio.
¡Oh celos! y queréis ciegos profanos
violando el templo de mi dulce hermosa
dentro en mi pecho ensangrentar las manos.
Hijo de una sospecha temerosa
¿no sois (al parecer) de envidia hermanos?
¿por qué empresa intentáis dificultosa?
Semejanza en el amor de los dos al nacimiento del león y el oso
Nace en los brazos de la muerte dura
el gran rey de las fieras que la imita
y con piadosas voces resucita
valiente de rebeldes sepultura.
Nace el Oso en un bulto sin figura
y su madre en lamerle se ejercita
hasta que su basteza debilita
y facciones y miembros le figura.
Es Fénix el León mi amor perfecto
nació sin vida y la razón mi daño
le dio el alma con voces lisonjeras.
Tu amor el Oso que nació imperfecto
se figuró mi lengua caso extraño
como tendremos vidas entre fieras.
Dijo Fénix que había hecho deslumbramientos por su amor
Los deslumbramientos que habéis hecho
lo han sido oh sol para mis tristes ojos
que entre la luz de vuestros rayos rojos
siento (por ellos) dilatarse el pecho.
Siéntome en tiernas lágrimas deshecho
y siento que causando mis enojos
iluminéis error (por fin razón y antojos)
correspondencia de un amor estrecho.
¿Cómo podrá tener deslumbramiento
quién es fuente de luz a la luz mía?
Corregid (porque viva) el duro acento;
que no nace del sol la sombra fría
el fuego sí donde abrasar me siento
la luz que ciega a mi veloz porfía.
Díjole que no le hablase que ella le miraría
Fénix después que vuestra luz esquiva
tantos Ícaros libres desbarata;
después que a cuantos mira a tantos mata
¿queréis que sólo con mirarme viva?
¿cuál cura extraña es esta que derriba
la más firme salud? ¿cuál cura? ingrata
¿cómo podré pensar que mi bien trata
recato ciego que de luz me priva?
Celar quisiera el sentimiento mío
(como mi muerte vos) mas es en vano
que es ya mi llanto turbulento río.
Entiéndase que muero a vuestra mano
que sentir buen intento es desvarío
de médico que cura al que está sano.
A sus ojos que fueron causa de un pensamiento lascivo
Perdí la pura luz por mis antojos
dignos (¡ay triste!) de mayor quebranto
muriose mi esperanza del espanto;
resucitó el dolor de mis enojos.
¿Quién atará las fuentes de mis ojos
si conoce la causa de mi llanto?
Llorad ojos llorad llorad y tanto
que ablandéis el rigor de estos abrojos.
Pues el que induce a delinquir se atreve
y mi intento indujiste que está ciego
pagad ojos que él paga lo que debe.
Perded vuestro cristal cual cera al fuego;
o cual al rubio sol la blanca nieve
quizá perdido ganaréis sosiego.
Ausente en soledad aspereza
¿Amor qué es esto en la desierta arena
donde ya su ejercicio el tiempo pierde;
do sólo seca escarcha el cierzo muerde
el hambre no de su rigor se enfrena?
Deja o cruel el son de tu cadena
que si le traes porque de ti me acuerde
mis gustos secos y memoria verde
me representan tu incesable pena.
¿Hay por ventura aquí apacibles ríos?
Todo está seco todo está abrasado;
no hay verdes hierbas ni árboles sombríos.
Déjame Amor un rato descansado;
déjame Amor que ya me faltan bríos
y di que por inútil me has dejado.
Igualdad de la ausencia con la muerte
¿Hielo y fuego de Amor ceniza y llama
qué pretendéis en mi cansado pecho?
¿cuál hurto? ¿cuál rigor? ¿cuál daño he hecho
cuyo justo castigo así me infama?
¿Qué voz ministros os incita y llama
donde no hay vencimiento de provecho?
Hareisme que aborrezca a mi despecho
si tanto le apretáis a quien bien ama.
Templad estos extremos un instante
si es que mi destemplanza os lo consiente
diferencia del muerto al que es amante.
¡Mas ay mísero yo! que estoy ausente
sufrid pecho sufrid nada os espante
que no es la muerte a ausencia diferente.
Tormenta de ausencia laberinto
Paso la vida ausente de tus ojos
bien podrás conocer como la paso;
aunque es tu gran conocimiento escaso
para medir mis pródigos enojos.
No es mi dolor común no rayos rojos
con los que ausente el corazón abraso;
nuevo en mudo de fuego nuevo saco
nuevo sentir en ásperos abrojos.
Porque el dolor extraño me desvío;
más cuando más me aparto más me llego
que es laberinto este tormento mío;
y si no es laberinto yo soy ciego
y como de la vista desconfío
temo el andar y a su rigor me entrego.
La fuerza de ausencia llega a los brutos
Un Ventor en la casa fatigada
perdió su dueño por ganar el viento
fuésele el jabalí llegó el lamento;
llegó la ausencia de rigor armada.
El aire rompe con la voz cansada
la cabeza inclinando al sentimiento;
bebe la tierra a vueltas del aliento
por si su dueño la dejó pisada.
Seguí su curso asido a su dolencia
miré mi estampa en él como en espejo
y componiendo mi dolor extraño
le dije irracional tened paciencia
que el propio mal que causa vuestro daño
tengo y soy racional y no me quejo.
Satisfacción a sospechas
Fénix si te ha ofendido el pensamiento
lágrimas lloré; cuando el alba ría;
su luz me esconda el generoso día;
solo en el mundo para mí avariento.
Niégueme el aire en mi fatiga aliento;
dulce licor la clara fuente fría
siga dura tristeza a mi alegría
y al descanso mayor mayor tormento.
¿Cómo fuerzas tendré para ofenderte
pues porque defenderme no he podido
estoy entre los brazos de la muerte?
¡Ay! muerto soy después que te he perdido
ya no merecerá mi dolor suerte
ni será ofensa a tu deidad mi olvido.

Lloraba esta ausencia
No regales la tierra Fénix mía
con netas perlas de tus bellos ojos
que enriquecen el mar de mis despojos
y están pobres sus conchas de alegría.
Antes salgan sus soles a porfía
enjugando del alma los despojos
y como en Cancro entre sus rayos rojos
muera la noche y resucite el día.
Mas llora sí bien llora y de tal suerte
mares serán mis ojos con tu llanto
que al ruido estreche su diluvio en medio.
Pyrra en el monte a solas podrá verte
no se atribuya a este rigor espanto
que a tal dolor difícil tal remedio.
Al Genil pasándole crecido cerca de Écija
Arrebatar esta mortal corteza
turbulento Genil con tu corriente
podrás; pero a mi espíritu valiente
no le sujetará tu fortaleza.
Él aventaja al viento en ligereza
hacia el levante tuyo y mi poniente
do están los ojos y serena frente
de aquella en nombre Fénix y en belleza.
Tú caminando vas (soberbio río)
a ver tu muerte al Occidente oscuro;
podrás llevarme una señal de vida.
Mas tu corriente quedará vencida
aunque contraste aqueste pecho mío
que no es amor de Abydo mi amor puro.
Díjole que la viese que tenía que pedirle
¿Pedirme quieres poderosa ingrata
qué me podrás pedir que en tu belleza
no haga ostentación de más riqueza
que usurpa el mar a quien sus ondas trata?
Mira tu rostro si quisieres plata
peina si quieres oro tu cabeza
toca si los diamantes tu dureza
y si perlas quieres tu boca grata.
Quieres las flores pompa del verano
goza de tus mejillas: si alegría
el sol se muestra con la tuya ufano.
¿Qué pides pues que en ti el actor no cría?
¿Si pides (que no tienes) pecho humano?
¿Si ardiente amor? ¿Si la firmeza mía?
Caída miserable
Mudó el tiempo ligero mi esperanza
mudó mi presunción mudó mi intento
mudó tan fácil como el fácil viento
(¡mísero yo!) mi loca confianza.
¿Quién sufrirá tan áspera mudanza
de un blando gozo a un áspero tormento?
Ah tiempo más que natural violento
tema tu fuerza más quien más alcanza.
Que yo por ti sin mí con mis dolores
con suspiros con llantos me entretengo
ejemplo siendo a tristes amadores.
Y tanto mal con sólo un bien mantengo
y es que no llenarás gozos de amores
pues no podrás llevar lo que no tengo.
Fénix perjura
¡Ay cómo pasa el tiempo! bien se mira
en ti oh tirana tu mudanza loca;
antes dijiste aquella firme roca
oirás que el móvil viento en torno gira.
Antes al mar (cuando Aquilón le tira)
podrás inmóvil ver rota tu boca
que en el amor que en mis entrañas roca
mirar mudanza ni escuchar mentira.
Tuve que era legítima en tu pecho
esta bastarda voz y fue engendrada
en labios de mujer y en mis orejas
y así mudole en la palabra el hecho
la palabra en el viento el viento en nada
y en nada yo pues que sin ser me dejas.
Discurso de razón
¿Si un justo amor y si un cortés deseo
a tan gloriosa empresa levantado
si un recíproco intento regalado
que nunca tuvo pensamiento feo.
Y si una fe tan limpia cual no creo
que se ha en humanos pechos engendrado
después de haberse por quien es mostrado
me ha puesto en los extremos que me veo?
¿Cómo a la luz no vuelvo soberana
do fue el alma engendrada y procedida
dando desprecio a la belleza humana?
Mas tengo (¡ay triste yo!) razón perdida
fe con cadenas esperanza vana
memoria muerta voluntad rendida.
A don Diego Fernández de Córdoba Señor de la Campana
El valor de cobardes corregido
el corazón y la derecha mano
herida aquesta de un traidor villano
y aquel de un noble por leal herido.
Libre desesperado y ofendido
del yugo gloria y fuerzas del tirano
ya de fortuna (¡oh flaco aliento humano!)
al incesable trabajar rendido.
Estoy (¡ved cuál! ajeno de venganza
que es mi ofensa mayor que el enemigo
y que mi enojo el tiempo y su tardanza.
Y en tantos males por remedio sigo
del hado incontrastable la mudanza:
Sentid don Diego pues que sois mi amigo.
Libertad
Ya que apagado el fuego y suelto el lazo
esta con que me vi encendido y preso
alegre vuelvo al primitivo seso
mal grado del amor y su embarazo.
La dulce libertad amada abrazo
y en todo absuelto mi mortal proceso
cuando el error que cometí confieso
el pecho en penitencia despedazo.
Mi vida presumió que acabaría
Fénix cruel y a otro se dio burlome
mas yo sane no así mientras fue mía
cuando trató de amarme aborreciome
y cuando se mostró que me ofendía
en vez de ofensa aborreciendo amome
Conocimiento
Ya dejé ya tu vega amor tirano
que el más robusto que mejor la escarba;
del rico Oroño en esperanza barba
y se le pasa en flores el Verano.
Jamás del seco Estío el rubio grano
ve recostarse en lisonjera parva
antes mira su Invierno en blanca barba
en sangre helada y en cabello cano.
Ahora sí que en temporal sereno
vino vecino al bien al mal extraño;
alegre en ver al desdichado amante.
No porque gozo del ajeno daño;
no ya si bien porque a tu engaño ajeno
labro en viña de frutos abundante.
Segunda parte de las Rimas al Conde de Olivares
Excelso Conde si a la hiedra errante
ánimo das que de mi estéril Soto
con labio humilde si con pie devoto;
la planta besa tu laurel constante.
Lozana harás que su verdor levante
al cielo del Antípoda remoto
dando tu nombre entero a cincel roto;
a bronce duro y a inmortal diamante.
Así suele en el auge sol luciente
calificar lustrando si le mira
cristal estrecho de encogida fuente.
Tu Sol de eternidad vuelve mi Lira
y en su temor retratarás la ardiente
trompa que a eterna duración aspira.
A la envidia
Hija mordaz de infames corazones
que haces cual Áspid de la flor veneno
y al esplendor de la virtud sereno
la oscuridad de tu tiniebla opones;
delincuente cobarde por traiciones
atormentada en el placer ajeno;
injusta juzgadora que al más bueno
para tu mal entre cadenas pones.
Muerte del mundo que muriendo creces
imagen de las penas infernales;
mucho te digo pero más mereces.
Aunque si bien reparo en tus señales
en lago a la justicia te pareces
que eres castigo de tus propios males.
Melancolía querellosa
Musa por vos a no vivir asida
el alma a pobre (aunque mortal) flaqueza
levantará a los cielos la cabeza
y en ellos se escuchara divertida.
Pero está entre temores recogida
cual liso tronco entre áspera corteza;
que es máscara del alma la pobreza
y disfraza los actos de la vida.
No vio mi patria luz de vuestro día
mal rompe un flaco sol tiniebla fuerte
mude sucede oscura una Alma fría.
Luciréis (consolaos) allá en la muerte
que como todo el suelo es patria mía
todo me trata de una misma suerte.
Contra la lisonja
Corre murmura y ríe el lisonjero
grato Cristal solicitud del prado:
quizá por ver que el joven engañado
será en belleza vencedor primero.
Echase al agua entiende verdadero
(¡oh necio amor!) fantástico traslado
y por besar a su engañoso amado
se bebe de la fuente el curso entero.
¡Oh lisonja! traición tarde sentida
que si a ignorancia entronizada llegas
eres la falsa en su mejor comida.
¡Ah cuánto en esta edad Narciso ciegas!
¡cuánto pierdes amor con cuánta vida!
¡cuánto entiendes que das y cuánto niegas!
A la fingida fortuna
Reina (aunque ciega) injusta los despojos
admite ya de esta mi voz postrera
y no pretendas más hasta que muera
que lágrimas me falten en los ojos.
Dolores sí tributaré a manojos;
tormentos que en mí está como en su esfera;
penas que canten si la sienten fuera
lástima en mi favor contra ti enojos.
Del poderoso allá del levantado
puedes cobrar lo que prestarse pudo;
allá del que es tu súbdito obligado;
Pon donde el cerco ayer en do hay escudo
esposas hoy cadenas de un forzado
y a mí déjame absuelto por desnudo.
A la avaricia
Bastarda error de edades imperfectas
hechicera que ligas quien te trata
hidrópica sedienta de oro y plata
sierva que al dueño que te herró sujetas.
Sombra oculta en las partes más secretas
necia merced que a tantos Midas mata
torpe que al cojo que te sirve ingrata
le pones sobre el hombro las muletas.
Ladrona de tu honor honor de hormigas
vituperada de las simples aves
raíz que abrojos da pudiendo espigas.
¿Qué intentas siempre vigilando llaves
qué miserable qué? si a nadie obligas
y ni de gustos ni descansos sabes.
A Guadarrama en la venida de los reyes a Madrid
Hórrido puerto a cuyo ceño cano
el más robusto tiembla peregrino
dispensa en el rigor deja el camino
exento de peligros sino llano.
Mira a tus Reyes con semblante humano;
aunque eres hoy la faz del frío divino;
aprenda el corto monte Vizcaíno
del generoso monte Castellano.
Y aunque con frentes dos una arrogancia
mostrando a dos Castillas intereses
de mil Talantes singular ganancia.
Es bien que un tanto en las batallas ceses;
porque se entienda que a la Lis de Francia
aun los montes de España son corteses.
Ausentándose un amigo
Os vais Marcelo amigo y quien os llama
deja sin luz el Soto oscurecido
la humilde hiedra sin su muro erguido
la Filomena sin su dulce rama.
Os vais y su esperanza se derrama
en los sedientos campos del olvido
do el más claro verdor el más florido
son el negro Ciprés la seca grama.
Os vais y (aunque mortal) en mí la diestra
(contra quien no se da defensa alguna)
rojas señales de su imperio muestra.
Os vais si al disipar de mi fortuna
crece cual puede y merecerla vuestra;
la tierra a mí conculcaréis la Luna.
Leandro
Quiso amor navegar por el estrecho
y entró en Leandro racional galera
cuyo espolón la hermosa frente era
los brazos remos y la quilla el pecho.
El turbulento mar no satisfecho
del modo bueno de remar se altera
quítale el Aire en su región ligera
y dale en agua un huracán deshecho.
Ciego el Piloto débil el navío
se vino a pique al fin y amor ligero
saltó del mar huyendo su contrario.
Al pecho fuese a calentar de Ero
y ella precipitose amor impío
Ero feliz Leandro temerario.
Dafne
Los blandos pies por entre tierra dura
solicitan sus dedos ya apartados
los claros miembros de corteza armados
apenas tiemblan de la muerte oscura.
Huye el alma de tanta desventura
y cabellos y brazos levantados
unos se ven renuevos delicados
y otros muestran en ramas su figura.
Quisiera Dafne ver el tronco honroso
pero nacieron de sus ojos ramas
porque a tan grande mal falten testigos.
Oh Apolo más que amante riguroso
si de esta suerte sigues a quien amas
¿cómo di seguirás tus enemigos?
En el túmulo de Su Majestad de la reina doña Margarita de Austria
Recibe Luz en esta tumba oscura
o huésped ciego y recibiendo advierte
que cenizas produce y llanto vierte
la grandeza la pompa la hermosura.
El claro de Austria sol cuya luz pura
amaneció en España eclipse fuerte
padece (exento de segunda muerte)
debajo el cerco de una piedra dura.
Su luz volvió a la luz que luces crece
su sombra sigue el natural gobierno
y el esplendor de España se oscurece.
Detén (si es que podrás) el llanto tierno
y en vez sobre aras de cristal ofrece
durable aroma y holocausto eterno.
En el sepulcro del Gran Cortés
Detén el paso oh caminante mira
cortés si tierno este peñasco duro
en torno vierte tras incienso puro
lágrimas turbias con dolor suspira.
Urna si estrecha (alcázares admira)
o adornes de laurel contra el futuro
tiempo; desgreña a Cipariso oscuro
y en giros tristes sus cabellos tira.
Y si sediento a maravillas vienes
si a cosas dignas de mirar si a encanto
de aquí podrás sin más cuidar volverte.
Que de este polvo en los pequeños bienes
está la maravilla está el espanto
está el pomposo triunfo de la muerte.
Al señor San Nicolás en el acto de alzarse la perdiz del plato
Entre Scila y Caribdis está el voto
y la obediencia aquel titubeaba
en alta mar de confusiones brava
con frágil leño la razón piloto.
Cuando pudiera estar el timón roto
y el árbol desgajado firme estaba
que la perdiz cual Alción mostraba
serenó el mar a Nicolás devoto.
¡Oh mil veces dichoso marinero!
a quien el cielo como más amigo
en vez de norte destinó un lucero.
Seguro velas das al santo abrigo
no temas dulce Amielas el mar fiero
que van la Virgen y Agustín contigo.
Señor San Pedro Mártir
En fuentes mil su sangre divertida
ostenta Pedro un mar donde navega
seguro aunque le rige la fe ciega
el patrio puerto de la eterna vida.
Huye el piélago inmenso de la herida
viendo que el cuerpo en su rigor se anega
y al dulce estrecho de la boca llega
el alma santa de un Jesús asida.
Dejole al pronunciar entre los labios
y al descanso salió de la tormenta
que alteró el Aquilón de sus agravios.
En él goza la luz sus rayos cuenta
es antepuesto a los doctores sabios
coge de muerte vida honor de afrenta.
Coronación de la Emperatriz de los Cielos Nuestra Señora
A fuerza pura y con ardiente espada
de la triunfante (conquistada) Roma
por la cumbre feliz su Reina asoma
con tres cercos la frente coronada.
Sube la Augusta Majestad sagrada
y al alto Serafín las luces toma
con la que esparce la luciente coma
que muestras en sus espaldas derramada.
Baja la vista al fin alza la mano
y inclinándola al pecho aquesto dijo:
es nuestro todo a nuestro gusto llano.
Contento al Padre da regalo al hijo
al Espíritu gozo soberano
al cielo gloria al mundo regocijo.
Llanto conocido por último remedio
Salid el suelo lágrimas regando
que cuanto más amargas y a porfía
seréis más claro honor más alegría
a la alma triste que os está dictando.
La mancha veis de aquel mi error lavando
y aun si dispensa la flaqueza mía
veréis (¡cuán dulce!) alguna noche y día
manjar y lecho regalado y blando.
Seco mi Soto abrojos inquietos
en vez de fruto ostenta en vez de flores
otra luz que examina sus secretos.
Fertilizad copiando mis dolores
y aquellos miembros troncos imperfectos
la fuerza mitigad de sus ardores.
Ternezas
Cuando eterno Señor de mis dolores
alguno nacerá tan atrevido
que asalte el muro a vuestro santo oído
y en él entre mi llanto y mis clamores.
Cuando con esperanza y sin temores
desnudo sombras claridad vestido
el gran vacío que ocupó el sentido
perfectos llenarán vuestros amores.
Oh cuán difícil si a mi ser mezquino
(¡oh qué tarde!) se atiende y cuán temprano
si al vuestro generoso peregrino
en tierra estoy conduzca vuestra mano
(que yo por mí jamás sabré camino)
luz que se ofusca en Laberinto humano.
Lágrimas remedio del pecado
Dónde me esconderé de vos Dios mío
si a todas partes me tenéis cercado?
¿Cómo podré ocultaros mi pecado
sino hay lugar de vuestro ser vacío?
Si pretende el humano desvarío
volar al cielo en él estáis sentado
si al fin de la ancha tierra o mar salado
estáis con eminente señorío.
Si la muda tiniebla solicita
yerra que en luz del cielo o sombra humana
no halla estorbo mortal vista infinita.
Cualquier defensa sin mi llanto es vana
ojos llorad llorad sentencia escrita
por mano justa en memorable plana.
A nuestra naturaleza ambiciosa
¡Oh vil naturaleza esclava ingrata
que a quien compró su libertad ofende!
¡oh corrupción que con la edad se extiende!
¡oh luz que en vana sombra se desata!
Bruto obediente a aquel que le maltrata
y al que más le acaricia no le entiende;
mortal error que eternidad pretende
y de un soplo a otro soplo se dilata.
Qué pretendes con ropas dignidades
oficios mitras títulos grandezas
si todo es vanidad de vanidades.
¡Cargaste oh caminante! en asperezas
¡engañaste oh mentira en tus verdades!
¡esfuérzate oh mortal con tus flaquezas!
Aviso
¿Dónde di caminante vas perdido
tras la posta veloz de tu pecado?
Del apetito tu ofensor cargado
calzado muerte corrupción vestido
¿dónde arroyuelo corres tan crecido?
¿dónde vas torbellino tan hinchado?
al centro amargo vas precipitado;
a deshacer el fin constituido.
Detén reprime el paso vuelve y mira
lo que te espera al fin de la jornada
pues caminas sin luz teme suspira.
Teme pues eres carne ardiente espada
teme pues tú la incitas justa ira
teme pues rompes ley sentencia dada.
Paraíso Cerrado Para Muchos, Jardines Abiertos Para Pocos
Mansión Primera
Entre amargos fragmentos de murallas
y periodos tristes de ruïnas
que de los tiempos la horrenda historia
ofrecen sin ornato a la memoria,
y a malicalaveces y almohades,
con los turbantes de su media luna,
donde tantas se ven obscuridades -mal venerada estuvo la fortuna-
ilustraron coronas de ciudades,
aquí, entre el duro estilo
que escabrosa vocea
de un cerro antiguo la cabeza fea,
por voluntad divina, humano aviso,
delicioso pronuncia un paraíso.
En la luz verdadera,
¡oh Clío glorioso!,
el vuelo alterna y arde mariposa
mientras le ofreces a mi dulce pluma,
de obras de tanto actor, pequeña suma;
que si le das inspiración entera,
alas al genio mío,
suspenderá Genil su cristal frío,
y de los siglos la estación postrera
aplaudirá mi canto en su ribera.
Aquí, pues, verdes señas
que los cuidados hacen a el aseo,
varias declaran flores,
ya que no como amantes advertidos,
como cortés lisonja a los sentidos.
Aquí hermosos cometas de esmeraldas
dulce influyen descanso.
Aquí el Favonio manso,
si fragancia olorosa
derrama entre la hierba, entre la rosa,
toca tanto instrumento,
que apenas comprehenderlo puede el viento,
y, entre mil ruiseñores,
citarista de pájaros cantores,
los brazos tiende este jardín hermoso,
verdores conquistando,
como lascivo nadador luchando
con cristal espumoso.
Los fenices de Alcín, lisonjas bellas
que en sus flores trasladan las estrellas;
ricos los atenienses de Epicuro,
babilonios pensiles,
competencias son viles -la flor que se desmaya
a la presencia del calor estivo-,
los cultos son sepulcro de Lucano.
Los del claro romano,
que a Otavio festejó y el de la cumbre
de Gelboé -desmantelado muro,
bálsamo por Cleopatra mal seguro-
pequeñas son centellas desta lumbre,
manso alivio a la humana pesadumbre.
No la imagen del círculo más claro,
que Euclides manifiesta,
no de Vitruvio ocupación molesta,
en triángulos, óvalos y cuadros,
triglifos y metopas,
vio tanta luz, correspondencia tanta,
cual esta leve, armonïosa planta,
que, en diez veces cincuenta
varas, siete mansiones alimenta.
Hija de Temis, una, la más bella,
a quien nieto de Tíndaro bizarro
luciente sirve de galán bracero,
ésta, Titán de su balcón primero,
humilde galantea,
solícito la asiste, la pasea,
antes que oprima el encendido carro.
El Céfiro apacible
discreto es mensajero.
Zahareña, se humana
del ponerse de el sol a la mañana.
Cándida copia de cristal travieso,
apacible tesoro
que la sierra opulenta
de Alfacar generosa le presenta -o vena desatada
de la antigua sangría,
que a tanto humor secreto
la gran sabiduría
ordenó providente-,
la acompaña la noche y sirve el día.
Obscuro el seno de apacible gruta
este Jordán desata,
que en aluvión es plata
y en alusión es oro;
el mar tempestuoso le tributa
al arco descollado
prodigios de marismo varïado
que, sobrepuestos a las monstruos peñas,
dicen las obras de su actor por señas.
Al arquitrabe y frisos
carmín los cubre lisos;
columnas, basas, nicho y capiteles,
oros ilustran, platas y cinceles.
Paraíso cerrado,
acero que empuñó filos ardientes,
querubín enojado
destierra inobedientes.
Y la obediencia, luego,
sobre peñasco hermoso
que del cristal corriente se retira
a fundamento humilde
de la piedra angular o a impíreo cielo,
cándido objeto de paloma mira
y oye la voz del Padre poderoso
que a la luz disfrazada corre el velo.
La voz de los desiertos, entre pieles,
la palabra, entre carne, de la altura,
decoro a los vergeles,
forma aquí la escultura
baptismo misterioso,
antes que necesario o que forzoso;
vertiendo concha de oro plata pura
tan soberana fuente,
que se conoce en su presencia todas
suspender su hermosura y su corriente.
Bajel de Malta alado,
no de ambición, ni de razón de estado,
no sobre lo legal, ni posesivo:
de murtas dos, sobre el verdor lustroso,
dulce batalla emprende -la quilla al agua, el gallardete al viento
y a la peña el cimiento-,
cual las almenas a su media luna,
un castillo roquero,
que si parece defenderse fiero
de las cándidas cruces,
lanzas, picas, venablos y arcabuces,
tan dulces dan heridas,
que antes regalan que destrozan vidas.
Galán valiente atiende
al material düelo
un murallón que, de jazmín vestido,
de perlas matutinas coronado,
si balate de noche no estrellado,
cielo es a todas horas florecido.
En la velluda de su asiento alfombra,
no la sutil aguja,
el telar, no, costoso:
cuidadosa tisera
con atención dibuja
el nombre dulce de inocencia santa:
de brótano limpísimo es la planta,
y entre hisopillo, cuanto azul, celoso,
de un soplo, de una sombra,
a la pureza entera,
corona en breve, si olorosa, esfera;
como entre lazos de real tomillo,
la castidad que, con amor sencillo,
enlazó de Jesé la primavera.
A tanta hermosura corre el velo
de sus galas felpada Cipariso,
bellísimo Proteo,
que ejecuta en verdores su deseo.
Aplauso a los vergeles,
calidad de su culto,
admiración debida, si primera,
imita actor eterno.
Viste al desnudo reo,
como a su deliciosa compañera -que influjo vil de apetitosa esfera
con dulce halago tierno,
de femenil insulto,
quiere introduzga entre golosas mieles
duro aguijón eterno-,
forma al león rugiente,
cuanto más atendido, más valiente;
plumosa ofrece escuadra,
hija del agua y del calor del día;
cual si el viento taladra,
imperïal los rayos desafía,
que, turba escuadra de nocturnos vuelos,
la sierpe cautelosa cual conduce
a su albergue piadoso:
uno, despliega el cerco numeroso,
que cien ojos contiene;
otro, el pico y las garras le previene
al rapante enemigo,
que baja de los cielos
en real cetrería
y aquél que escucha y por hablar porfía
aquí ostenta fiscal que, cuidadoso,
con vista recogida sobre acero,
la fiera acusa y amenaza al ave;
bien es que oculta el fuego verde llave.
Mientras recoge velas marinero,
que al manso puerto con quietud reduce,
de mirtos frescos, deleitosa nave
que de fortuna ni esperanza sabe,
sobre áncora mojada,
todo en calma un océano de flores;
a los silvos de un céfiro süave,
se regala entre aromas remolcada,
cuando patrón galante a anciana esposa
con regocijo llega,
y el gran tesoro de la paz le entrega.
Monte de hermosuras acredita
prodigios cuantos forman los verdores,
el cazador de Arcadia aquí gigante.
Su tierna corza, herida,
cobra en dolor y lágrimas la vida,
mientras can que, anhelante,
aplaudirla parece dolorosa,
y el uno y otro que lebrel la acosa,
engañando la vista, resucita
carrera polvorosa,
que en esta duerme alfombra deleitosa.
En fiestas bacanales,
no a brutos comedores,
a compuestos, lucidos cenadores,
moscatelones brindan dos parrales,
y en banquete opulento,
donde los platos sirven ciento a ciento.
Sutil al más olfato deleitable,
a codiciosa tanto, que insaciable
vista en huéspedes muchos repetida,
no hay pared que severa
ostente rigurosa
mano y pluma difícil, si extranjera;
los términos negando de la vida,
pelusa sí, por festejar vestida
lisonjeros verdores,
galanteos cuidosos, escarchados -ya con plata olorosa,
ya con jazmín bruñido-,
dulce armonía de mejor sentido.
Jorfe, pues, de los arcos repostero,
es galán, es curioso,
que mesas cuida en el salón primero;
con tellices corteses de esmeraldas
las cubre reverente,
diamantes cuantos hizo derramados,
de precio por sus fondos numeroso
que al ámbar más soberbio desafía;
de estima por su término oloroso,
tantos hacer consiente
halagos a las sombras de la noche,
lisonjas a los términos del día.
A dos agros les guarda las espaldas
del cierzo su enemigo:
es el uno lambique de dulzores,
ciencia del bien y el mal, cáscara y casco;
el otro, a las riquezas del peñasco,
cuidoso cobra la corriente plata
y un vínculo de almíbares desata.
De barro enfermo a quien el baño sana
de líquidos metales
goza ricos estrados,
con anguillas, con peces dibujados,
entre almejas y conchas desiguales,
Naya que viene a festejar las flores.
Y, agradecida, ufana
a los aplausos deste sitio hermoso,
un tesoro presenta bullicioso,
por diez y siete desatadas venas
que deja en torno al respetado asiento,
flechando el aire, regalando el viento,
respirando dulzores,
aljofarado entre su verde falda,
rubí, zafir, topacio y esmeralda.
Mansión Segunda
En grado, no de altura, al diestro lado,
en grada, sí, descansa,
cubierta con quietud, mansión segunda;
aquí el Favonio se quedó pasmado,
al dulce respirar medio falsete,
capilla alada en natural motete.
En mesas ricas de jazmín florido,
el discurso, el sentido,
a cada cual cantor sirven librete,
cuyo punto nevado
concuerda con la letra que ha estudiado.
Baco en cama de viento está dormido;
colcha de tela a que se dio tebana,
desvanecida, en su verdor se ufana.
Aquí la madre de las selvas mansa,
suelta, tiende su greña,
con diamantes dulcísimos sembrada,
cuyo fondo desdeña
majestuosa, al ámbar zahareña.
Por término se alberga tan süave,
en deliciosa bóveda campea
alcázar de las flores,
de las Nayas palacio,
que silencio y quietud guardan la llave.
Exhortación pequeña
a delicias y gustos temporales,
hace con sus almizcles la cermeña
Dos minas la enriquecen de rubíes,
con mucha joya sin buril labrada,
que el Guzmán de Baeza
se las dejó para mayor grandeza.
El árbol, por sin fruto condenado
del gran Jüez, se le ofreció doblado,
y la tiniebla horrible
la acompaña apacible;
la sombra, en tanto albergue se pasea,
y la luz disfrazada,
aunque tocia se da, viene tapada.
Mientras sobre tachones de topacio,
en el quinto palacio,
guarda el decoro atento
cuantas vieron ejércitos brillantes
túnicas animosas de diamantes,
cuantos arneses de fulgente acero
dio la pesada mano,
dio el martillo ligero,
la lima porfiada,
que a la prolija majestad agrada,
de oficioso Vulcano;
aquí ofrece combates ciento a ciento
más delicioso Marte que sangriento.
Feroz, no con lucrinos batallantes,
bizarro se embaraza,
alentando pomposa galeaza,
escuadrones lucidos de mosquetes,
y galera real con gallardetes,
que, a incontrastable fuerza echando escala
de castillo fosado,
cada cual le regala
a un tiempo y le fatiga su costado.
La pertinaz galante artillería,
con el humo de balas, que son perlas,
moja las luces del amante día;
y si la noche mereció cogerlas,
morena, pero hermosa,
con pabellón de aljófares reposa
y, entre faroles de cristal luciente,
todo plata respira combatiente.
Artificiosas mina y contramina,
preñadas de materia cristalina
quiebran, si llegan, al partir la fuente
de Naya hermosa, sucesión corriente.
Sarcófago florido,
tálamo delicioso de Cupido,
término dulce a su fatal carrera,
halló Siringa aquí, ya no ligera.
Y en süave certamen, no contienda -que a cada luz la perdonó rendida-,
desafía olorosa,
cándida, permanente, bien prendida,
a la purpúrea ofrenda,
que en ara religiosa
recibe alegre la Citerea diosa.
Mansión Tercera
Tres gradas dan respeto a las peanas
que, en la mansión tercera,
honora culta, matizada alfombra;
de Pomona y Vertuno
tálamos abundantes
mesas son siempre llenas, siempre ufanas;
ricos presidios de apacible sombra,
por cuya majestad verdes gigantes,
que cubre el sol en Tauro de diamantes
la fértil primavera,
el seco estío, sin respeto alguno,
le perturban la entrada,
cuando la goza exenta
el Aura más humilde y más templada.
Y en rica ofrenda de tributo honroso,
tiernos granates dan que, en dulce copia
más a la espuma deben de Neptuno,
en su color, que al sol los de Etiopia.
De Bérgamo el rocío venenoso
pudo juntar en uno
el más néctar sabroso
y süave ambrosía,
que ofrecen reverentes a porfía.
Unos, las esmeraldas sazonadas
les sirven prolongadas;
otros, en competencias desiguales,
rubíes imperiales.
De Italia el buen cristiano a su tesoro
mermeladas les trae en vasos de oro,
y los que no tan ricos,
en almíbar de aljófares, bolsicos.
Datilado el membrillo,
píctimas cordïales
y lotos los manzanos,
pomas gigantes dan, y son enanos
Abrevia y adelanta su dulzura
albérchigo de Toro,
a quien sucede el fruto de Alcaudete,
y el pérsigo dorado,
que se ostenta, si herido, ensangrentado.
El hijo femoral de Jove augusto,
ya que portero no a tan gran retrete,
presidiendo a la fruta y la verdura,
de tanta guarda es capitán robusto.
Desde entonces hermosas
las fértiles paredes
destos ricos palacios,
y esmeraldas, se visten de topacios;
cuando cimbas costosas,
en pámpanos opimos,
de perlas, plata y oro dan racimos.
Ufano el pavimento en sus colores,
aprisiona la vista entre las flores
y el oído entre redes,
fragrancia que del aire dan las rosas.
Suspenso tiene y, de su voz colgado,
al más huésped, o menos admirado,
por más atento, o discursivo menos,
si no excusa el oíllo,
ramillete de pluma el jilguerillo,
rico galán de la apacible Aurora,
que es flor volante del jardín canora.
Eco süave al dulce paraíso,
camachuelo narciso
del agua no, del viento lisonjero,
de escucha, y en su canto se enamora.
Clarín plumoso y órgano ligero,
en la materia linfa, que es volante,
si en lo formal océano elegante,
el ruiseñor, el Anfión con vuelo,
asido al blando ramo,
sube en su voz y se avecina al cielo;
de firmes sustenidos,
hecho de sí reclamo,
con dulces pasos baja,
y con tiernos quejidos
arrastra, regalando los sentidos.
¡Oh -amorosa ventaja!
¿Qué es esto? ¿Espadachín enamorado,
nocturno paseante,
desvelado cantor, músico errante?
¿Quién tanto vio en el suelo?
¿Quién tal fineza, en tan pequeño amante?
Mansión Cuarta
Deste, pues, admirable de la tierra,
hijo imperial, corona es aseada,
cuarta mansión que, puesta en quinta grada,
se opone al cielo que le mueve guerra.
¡Oh cuánto Polux yerra!
Que siempre está seguro
quien tiene al cielo por defensa y muro.
Cimba es de un artesón su medio globo,
ya claro azul, sereno,
ya con rayos lucientes de oro lleno,
ya pardo, ya mezclado,
según siempre los tiempos variado.
¡Ay, cuántas veces de cuidado absuelto!,
¡ay, cuántas en su albergue las estrellas,
de grandezas distintas,
pero conformes en el fijo asiento,
residencié, con cuerdo atrevimiento,
mientras con luces bellas,
sobre el discurso suelto,
atando estaban influencias ellas!
¡En cuántas lides fueron vencedoras
mis pasiones rendidas,
que destrozar las dos pudieron vidas
y los siempre alterados mis sentidos,
que en esta paz reposan convencidos!
Cuando espíritu claro,
desdeñadas las más alegres horas
que sabe y puede dar el tiempo avaro,
entre plumas del viento voladoras,
llega a la edad que mide tres edades,
eternidad de tres eternidades;
y lo que allá en su mente había resuelto
ve criar de la nada -no de materia o semen preparada
con virtud de su espíritu profundo,
o su infalible ciencia,
o inmensa providencia,
o con quererlo sólo
cuatro sustancias con principio al mundo
una, el Olimpo, alcázar soberano,
que todo puro entendimiento habita;
y es segunda sustancia
la luz que goza clara en cerco escrita;
tercera es la sensible
de toda material forma posible;
la cuarta, el hombre, epílogo en que funda
cuanto obró su poder causa segunda.
Vuela por las escamas,
engólfase en las plumas;
visitando la esfera de las llamas,
falta a la ciencia de los ceros sumas;
mira, entre sus distantes calidades,
admirables concordias y amistades,
general semejanza
en todo lo criado,
desigual trabazón, correspondencia
y especial diferencia.
A la pesada tierra
vuelve las testas; visitó ganchudas
las pieles ya cerdosas, ya velludas;
trompas que no convocan, que hacen guerra,
los colmillos tajantes,
las conchas vigilantes,
púas, garras cruentas, voladoras,
y cuantos buscan las nocturnas horas;
y, al fin, penetra el centro,
ve la piedad y la justicia dentro;
teme y, en tanto riesgo, amando espera
volver de aquesta a su luciente esfera,
pues cuanto encierra del jardín la planta
es ABC de aquella ciencia santa.
La vista, agradecida
a tan dulces favores,
se vuelve alegre a festejar las flores
y, alentando al principio de la vida,
le obliga a que despida,
en voces apacibles,
alabanzas, si iguales no, posibles.
Es tanto acepto el sitio religioso,
que, ajustadas sus cercas vencedoras
de su enemigo el hielo,
salvas y limpias las recibe el cielo.
Aquí de ivierno se vistió el verano
con cuidadosa mano
que borda rico a su gabán el campo,
de la mosqueta y del jazmín, el ampo;
y los vientos, si mansos, desiguales,
en puertas de el olfato dan señales.
Docto el estanque entre las cultas fuentes,
le muestra el día, en su purpúreo asunto,
elegancias con lenguas diferentes.
Ejército de peces numeroso
este inquïeta de Neptuno asiento,
que adora el sol y que venera el viento,
con su tridente lo alimenta y crece;
glauca, en tanto, Anfitrite le obedece
que hace, asida a un caracol torcido,
catadupas sonoras al sentido,
cuando, a su lado junto,
Doris, quitando enojos,
con lanzas pasa de cristal los ojos.
Flechas a las orejas
tiran las aves con sus dulces quejas;
que este sitio, y la jaula que las cierra,
cielo parece con disfraz de tierra.
El rico maridaje
de calidad, de majestad consente
a toda planta rústica, excelente,
hace que, despejando, le agasaje.
¿Qué mucho, si, arrimados para honralle,
le asiste el de los Vélez, el del Valle,
y el de Damasco, embajador discreto,
tras un verde tapiz guarda el secreto,
mientras el de los Arcos,
cuando menos alcanza y más merece,
cuatro ricas ventanas les guarnece,
con que en este hemisferio
más gozan hermosuras que en su imperio?
Mansión Quinta
De el sol bajando a la cerúlea cama
por calle de dos murtas tan amena,
que si a una parte el jilguerillo suena,
tiorba a esotra de cristal le llama,
se llega a hermosa quinta
esencia, si mansión, de los jardines,
cuyos principios, medios, cuyos fines,
son ejercicio honesto,
aceptos sacrificios de alabanza,
quietudes en que nace la esperanza.
De virtud en virtud la vista ufana,
de hermosura camina en hermosura;
dulce, sin embarcarse, a Colcos llega,
do su tesoro de cristal entrega
al dragón, guarda horrible, cuyo gesto
tras muros tres con dientes almenado,
de rabia, enojo y de braveza armado,
lenguas vibrar indicia de venenos;
mientras la murta, de sus verdes senos
fragancias derramando
y en soplos tiernos respirando aromas,
rendir sus fuerzas ve al silencio blando.
El árbol que, opulento en este monte,
grande es primero de el tusón de España,
del Arimaspo espiración sucinta,
si no del Dauro aliento dilatado,
rico asiento es de perlas que la Aurora
grata presenta a Flora
una y otra mañana
Oh, cuán cortés en hebras las recoje -mójose, o no se moje-
sol que, mirando la del sur campaña,
la concha tarda, en recogerse apura!,
sol que, cuando sediento,
las muchas bebe lágrimas del viento;
majestuoso tronco refulgente,
no en lo vano eminente,
en los que alcanza triunfos desafía
del orbe a la mayor genealogía.
Hojas suyas coronas son, tiaras
de tanta rama y óvalos sus pomas,
imperios cada cual reinos contiene;
devoto el mundo llega, a cuyas aras,
a cuyos pies, con sus tesoros viene.
Éste, a quien peina el Aura hermosa greña,
cándida planta y olorosa enseña,
cuando Flegón y Etonte,
sobre el anfiteatro de Zafiro,
el blanco toro encienden con su tiro,
a mucho aliento abriendo
las narices fogosas,
relinchan, tascan, entre manso estruendo
con dientes argentados, frenos de oro -¡su espuma aljofarando cuántas rosas!
y pesando la libra el gran tesoro,
con término templada, peregrino
lo viste del caudal del vellocino.
Bridón majestuoso -en galán, Valenzuela,
obediente a la rienda y a la espuela,
raza con calidad de Andalucía,
color deste país y su alegría
es sucesor de aquel milagro griego,
que en nueva juventud, con bulto hermoso,
desnudar lo caduco pudo y crego
¡Oh hierbas bien templadas,
a extraños vencimientos enseñadas!
Tierno amigo de Febo,
dispuesta al monte aljofarada gala,
su mejor le prestó vestido nuevo,
y la de Oete hija, de Esón nuera,
criminal vencedora,
más cruel que Atalanta en la carrera,
de su amante a los visos se colora.
Mal enseñada al ocio la pureza,
la castidad, Dïana -el arco al viento
tendido- al monte sigue el pensamiento,
dejando destrozado
el que dio a su recato gran cuidado;
un ciervo que, ante el móvil poderoso,
los tesoros registra de sus años
en el volumen que le dio ganchoso,
y nonacrino el escuadrón hermoso.
Los sátiros extraños,
con pie disforme y con neutral cabeza,
del miedo y la belleza
a muerte condenados,
se quedan en la hierba aprisionados.
Aquí la horrenda calidonia fiera,
egea flechadora, tanta espera,
cortés, como cautivo,
sin temor, con acato al dardo esquivo.
Rica consagra de cristal ofrenda,
cándida Naya a imagen de Neptuno,
que a sus, grato, holocaustos, uno a uno,
cuantas de alegres perlas cuentas puede,
tantas y gracias dellas le concede;
bien es su gran poder, así se entienda.
Asentista de el tiempo, el sol activo,
a un telonio de pórfido se arrima,
que de Filabres ocupó la cima;
y en vez de pluma, con nemón de acero
juntando la unidad, el dos y el cero,
nuestras vidas resuelve,
y lo que toma en oro, en cuartos vuelve.
De este país ameno,
con el mejor pedazo se levantan
encelados soberbios, ocho, o siete,
cuyos trïunfos autumnales cantan
de mal susurro ajeno, -sea cónclave o retrete-
coros en él süaves de la Aurora,
con que es callada siempre y es sonora.
De geórgico imperio -bien que dulce secreto es el misterio-
otros tantos ejércitos volantes
les quitan su riqueza a los gigantes
con cuchillas agudas,
rigor armadas, de piedad desnudas.
¡Oh cuánto da político gobierno,
vencedor siempre, batallante tierno!
Mansión Sexta
Deste cénit de Flora y Amaltea
forzoso es verse declinar el paso
tres gradas al ocaso,
y al norte siete, donde,
entre doseles de jazmín, se esconde
Naya de ninfa, aunque mejor Protea,
pues tantos metamórfosis pasea.
Bella tirana, o justiciera hermosa,
arrebata, conquista
la más severa o vagarosa vista;
corto es trofeo cuando el pasmo advierte
que a un tiempo baja y sube
en lanzas de cristal, de perlas nube.
Cándida niebla ya, en alegre lluvia,
no la de Jove rubia,
delicïosa se transforma o viste,
lisonjeando a quien la busca triste;
y en este ajeno de dotrinas monte,
al discurso elegante noticiosa,
aguda le interpreta
cómo el iris se forma en su horizonte.
Filósofo emblemático poeta,
pisando la testudo
recogida deidad, con labio mudo,
deleita y persüade
a toda virgen que la ve discreta,
y, callada, aquïeta:
sudando aljófar suelto,
en combate apacible, aunque revuelto,
armada bronce y plata fulminante,
pacífica es Belona;
pisando escamas, conchas, Galatea;
cuando de mimbre en círculos rodea
la enhiesta sien, fructífera Pomona
Peligros publicando,
bocina el fauno rompe escandalosa,
que amigable delfín le contradice,
colérico el cristal, si no arrogante;
bizarro a un tiempo, vencedor se aclama,
bien que en sus movimientos sea distante,
natural y violento,
lisonjeando al regalado asiento;
ya elevada la trompa de su fama,
a ver concordes vencimientos llama
El casi pez venético marino,
frágiles formas de cristal más fino,
jamás ver pudo imaginar, ni tantas -incite al fuego el animoso viento-
cual ésta con el húmedo elemento,
Naya sólo, y a solas vencedora,
vidros quebrando y congelando muda
víctimas que al silencio ofrece santas -yo, que a su culto mi atención consagro,
alcanzo al fuego manso que la ayuda
no ser necesidad, aunque es milagro-,
de la mayor amenidad sitiada,
cuatro piezas le asesta,
que en los combates de la ardiente siesta,
pavés aún no vencido
de infatigables rayos,
de batir desmantelan sus desmayos.
Bóveda hermosa de cristal cuajada
noble señal de Fidas elegante,
oro, azul, plata, goles colorido,
contiene escudo -respetó el olvido-.
estrellas rojas y águila rapante,
fijas en él y esferas de la fama,
su nido en Valdeconcha de alta rama.
Al material actor o al instrumento
de tantas variedades,
retrato ofrece en su ejercicio solo
Guevara, de Alejandro acción, y Apeles
representó, cuando Átropos, de acero,
golpe tiró el postrero;
quedó con vida el lienzo, y los pinceles,
a mayores edades,
y a más noticias del opuesto polo
Por los países fatigar el viento,
cuidadosa se ve la cetrería,
ocupando los términos del día.
Y del aire en la pesca más plumosa,
o caza de las ondas más mojada,
barquilla deleitosa,
con galas y hermosuras sumergida,
peso del alma y cargas de la vida,
se conoce ocupada,
insinüando a canes guedejudos
a aprisionar hinojias libertades
entre cañas conformes, entre nudos.
El rubio Pan siguió la ninfa bella,
que hoy partida guarnece,
sin verduras, sin flores, sin brotones,
tres de cándidos yesos artesones.
Vitruvio, en tanto aseo, su elegancia
acusa de ignorancia,
viendo de Zeusis el pincel facundo
que, aplaudido en los términos del mundo,
por mano de Ledesma en sus fruteros
vuelve a engañar los pájaros ligeros.
De las negras borrascas del olvido
tormentas de la muerte procelosa,
en dos tablas pequeñas,
al cielo dando agradecidas señas,
salen Basán y Alberto
deste retrete de la fama al puerto:
aquél con el piloto
que lleva por sufragio
la nave al hombro en el mayor naufragio,
Isac, no socorrido,
de amor, sí, en holocausto consumido,
y en sacrificio de justicia roto;
éste, del mar con la mejor estrella
que del son muestra a Egipto la luz bella.
Después ya que en la Italia generosa
lugar tomó el primero,
de la segunda pieza en el testero,
al justo dedicado
pone, y su nombre al bronce encomendado,
Jusepe de Ribera,
de su pincel en la estación postrera.
A poca luz del sol, y a mucha sombra,
más con poco crepúsculo anochece,
de metal rubio en la mina batida,
con blanda pluma y mezclas de colores,
las galas peregrinas de las flores,
majestad de las selvas venerables,
las sagradas historias de la vida
escribe o representa,
sobre más mucha matizada alfombra;
bien flamenco ocupado,
más que el móvil primero, tiempo ha dado,
obligando al pincel que viva y hable,
siempre nuevo y estable.
Aunque atezada eternidad lustrosa,
vincula a pincel tanto,
rico el ébano santo,
en vida más perfecta
que tuvo indiano siendo anacoreta,
Rajis un lienzo anima,
con la paciencia del cordero y suya;
Oribe, al rey de fieras embravece,
pintura fresca la hermosura crece
debajo de los frisos:
guarniciones azules y oros lisos
Vecina, pues, comunicarse intenta
mansión que ya penúltima se arrima
a los cultos umbrales del museo,
donde el mejor de su verdor empleo
ofrezca o restituya,
en jazmines, siringas y azahares,
del dulce albergue venerados lares -puesto que se las debe-,
víctimas aromáticas de nieve.
Mordaz arquillo en la maestra mano,
sin acento profano,
la leva inquieta y los traviesos dedos,
sobre prima y bordones que alterados
dulzores brindan, ofreciendo agrados,
galante Apolo incita, si no mueve
el sabio coro de las ninfas nueve
Melpomene suspende con su canto
los tormentos al reino del espanto.
Sarcófagos horrendos del olvido,
profundas sombras y forzosos miedos,
a la luz desvanece y al sentido,
ardiendo Clío en majestad y en pompa,
con voz de hierro y con sonante trompa,
Calíope, imitando
lo universal, enseña, deleitando.
Tersícore, discreta,
los coros regocija que Talía
teje con primaveras de alegría.
Urania mide la distante esfera,
oficiosa, de Euterpe compañera,
y cuando mueve comedida planta -dulce al compás de la sonante lira,
que Polihimnia inspira-,
el viento mide festejando Erato,
que aquí reposa en apacible acato.
De la frente elevada de Helicona,
diamantes fueron fondos, la corona,
éstas que aquí de Flora, entre las faldas,
guarnición son costosa de esmeraldas;
si es agasajo ignoro,
no me estuviera mal, a ser decoro.
Si apacible en la Grecia, aquí Lineo
¡oh cuán bizarro esta mansión festeja!,
Bromio, no como entonces denodado,
ostentando dulzores, brinda agrado.
Guarnición rica de la cerca hermosa, -aunque sitiada en cuadro, vitoriosa-,
arcos triunfales son, a cuyo empleo
más debe majestad, más que olorosa,
a tanta flor noticia, a tanto aseo.
Verdes las calles, cándidos arqueros,
bravos soldados de jazmín florido,
cupidillos de amor llenos de antojos,
dulces rayos apuntan a los ojos,
del olfato, y disparan al sentido.
Hermosuras cuidadas,
majestad generosa,
en su adorno contienen las paredes
que, al regalo entregadas,
o al gobierno sujetas,
a las flores que alcanzan más discretas,
por manos de los Céfiros solteros,
muchas hacen mercedes,
con la plata que vierten olorosa,
al pie doncel de la purpúrea rosa.
Plaza, al fin, que, en defensa del estío,
cuando aún le quita el natural rocío,
necesitar pudiera
un socorro de ivierno o primavera,
bastimento abundante,
mientras el sitio dura
siempre y defensa tiene vigilante.
Los que con posesiones y raíces
de su edad bulliciosa en los verdores
muestran valientes bríos,
haciendo al sol galantes desafíos,
y los ancianos, en galán desmayo,
sus fuerzas le desmienten rayo a rayo.
Arbitrio igual al cerca deleitoso,
dulce atalaya espera
ver que Pero Miguel al campo sale
lucido y de opinión que dura y vale;
y que se apreste el gran jayán velludo
que, olvidado su crédito, asegura
las riquezas mayores,
con guardas infelices,
con uno y otro aborrecible nudo.
De aquesta población, los más granados,
por no salir al riesgo, su tesoro
labran y ofrecen en coronas de oro;
otros, mas empinados,
libran, en sus caudales prolongados,
a nona a aquél que les asiste el puesto;
verdes, los más soberbios toman alas
con que subirse a las etéreas salas.
Hija valiente dio una anciana sierra,
del apellido y calidad de Paro,
diestro a cincel de acero,
para que la sacase
de pila, a concha, así que enamorase;
sacóla, al fin, sin culpa, lisonjero,
sin riesgo de rebozo, a mejor claro,
tan noble, limpia y ilustre, que pudiera
honrosa de Filabres ser venera…;
de plata pedestal bruñida informe
de nieve, o sea coturno, derretida,
observante en la ley que fue nacida,
virtud que, si profunda,
es de elevada esfera,
quiere ofrecer a su interior conforme.
A hermosa ninfa honesta, aunque desnuda,
besa el pie regalado,
después que haber parece fatigado,
por la mimbre en que anuda,
gualdados frutos, verdes, carmesíes,
daravenaces, fargues, jaraguíes.
Verdad es que la ilustra y la enriquece
la plata cristalina que respira,
o cristal plateado
que, en orden y atención desperdiciado,
entre lluvias confusas permanece,
y a quien cortés con atención la mira,
aljóforas le arroja y perlas tira.
Mansión Séptima
Euterpe disfrazada,
no me dejéys, aunque en edad cansada,
tened un poco el vuelo,
pasead la carrera,
hasta salir de la mansión postrera
que al rubio oriente en siete gradas sube
a ser retrato, imitación de nube.
De los céfiros blandos sacudida,
perfumes llueve y ámbares respira,
cuando, encendido en hermosura el suelo,
gozando tanto cielo
-si por término breve- en los jardines,
de mosquetas los nieva y de jazmines,
mientras las flores bellas
retrato dan con alma a las estrellas.
Alfombra que os previene al delicioso,
ajustado coturno,
caricias y hospedaje -si matizada, esmaltes,
esmaltada, matices-
se acuesta entre doseles y tapices
de honrosas esmeraldas
y diamante oloroso,
premio a los pies de frentes glorïoso.
En consulta indecisa -apacible tirana de las horas,
que ofrecí en vuestro nombre a las auroras-
las flores nobles más, las ricas junta
que, en fe del vasallaje,
todas de alegre y de festivo traje,
al propuesto elegante, o la pregunta
de la acogida que se haga al mayo
de sus colores, por abril ensayo,
demostración de su galán intento,
de su riqueza y galas,
ostentativo empleo
hacen, poniendo término al deseo.
Purpúreo dio su parecer la rosa,
con estoques cubiertos defendido:
«Aquí su albergue sea
verde lo general de su librea.
No le asista Saturno.
Tú, elocuente Mercurio, no le faltes;
a su obediencia aprestarás tus alas,
y la Citerea diosa
caricia deliciosa
prevenga en lo más blando de sus faldas,
vertiendo halagos entre dulce risa.
Júpiter déle imperio; déle asiento
eminente Dïana;
mucho coro tejido,
quinta esencia del viento,
el Céfiro; el Favonio, manso aliento». -Dijo-, y las flores todas,
a su reina inclinando las cabezas,
vinieron con su intento
a festejar las apacibles bodas.
Más galán el clavel que presumido,
de grana se advirtió, y ámbar vestido;
y por de su prosapia, lado a lado,
salió la melotisa de encarnado;
niña traveseando, la violeta
se levantó con el olfato ufana;
jacinto en esta corte adelantado
de Telemón, que es último trofeo,
la sigue, y su color, con galanteo;
Constantinopla se presenta vano,
hermoseando púrpuras de Tiro,
en el galán de sus estrellas giro.
Al bostezar del alba más temprano,
con galas muchas y con más riquezas,
de doncel compostura,
salió de su retrete
el regio ramillete
que, entre las jerarquías de hermosura,
se alzó con la perfeta.
El alhelí, cuya virtud estima
el fármaco atendido,
si trasciende su fama,
en la vista se asienta
y alentado gabán de gualda ostenta.
De su casa el segundo con más rica,
más airosa librea,
el festín con sus gastos hermosea,
y si a hacer un cómputo se aplica,
más que suma y que resta, multiplica.
Trompas de aromas tantas y hermosuras
cándidas, aunque a escuras,
en igual competencia, tres clarines
de mosquetas, siringas y jazmines
escandalizan, con igual ruïdo,
al tracendiente, al perspicaz sentido.
Sucesión de alta rama,
el nardo que, eminente
primer rey escogido, ser pudiera
cetro galán del pueblo de las flores,
plateados olores
esparce en la que alcanza media esfera;
blando salió el narciso
que un instante a su vida forma un lustro;
rico el claro ligustro,
libreas -parangón de plata y oro-
ilustran su decoro,
parífrasi el aliento de la tela,
que, sin moverse, por el aire vuela.
De noche escandaloso, aunque de día
bizarreando, el azahar salía,
mientras la madreselva se enlazaba,
süave se prendía,
y el sitio con pastillas perfumaba.
Con tela doble se vistió el junquillo
de blanco y amarillo,
y la noble azucena,
cuya virtud en las distancias suena.
De morado galán el caballero
más süave enlazó, que rigurosa,
espuela pavonada, no de acero:
azul salió y morado,
jinete airoso, borceguí calzado;
y a toda flor le pareció delirio,
encresparse el pelícano pomposo,
junto al cándido lirio,
cuando la trinitaria religiosa,
admirable prodigio de pintura,
a las puertas salió de la hermosura,
gozando su reposo.
En su eclíptica, Clicie el movimiento
observa de su amor acelerado;
de Flandes llegó el geldre tan cargado
con un mundo de nieve,
que ambos volantes suda, y copos llueve.
Grande en España el tulipán sediento,
entre inmensas riquezas de colores,
la virtud olvidó de los olores,
y entre tantos placeres,
maravillas hicieron mercaderes.
Los dispuestos lacayos -tréboles, angelinas, papagayos-,
los pajes y sirvientes,
todas las hierbas son, y son valientes,
de hierro no, cargadas de virtudes,
que si no venden vidas, dan saludes.
La majestad su omnipotente diestra
abrió, con bendición. Todo viviente
llenarse, ¡oh, cuánto!, ves, musa elegante,
puesto que eres maestra,
hija del elocuente,
alado mensajero,
de apóstrofe vestida,
color bien atendida,
vuelve el paso ligero,
la voz vuelve sonante,
al soberano actor, al tierno amante,
y dile así: «Señor, cuya grandeza,
sin ser comprehendida,
todo lo comprehende,
de quien, por quien, y en quien se engendra todo.
Tú, que con sabio proceder el modo
amas en cuanto obró naturaleza,
porque la hiciste en números cabales,
en peso justo y con igual medida.
Tú, que asistiendo en los volantes giros
que desplegaron a la luz tus dedos,
de tu quietud no sales,
sin comenzar principio,
y fin sin acabarse;
de cuyo nombre, claro participio
el reparo es del hombre, y alabanza
que a los tesoros de tu ciencia alcanza.
Tú, que al mar como infante lo envolviste,
con niebla obscura, entre nublado triste
y entre horrendos suspiros.
tú, que si alborotarse
las ondas procelosas atendiste,
cuando afligidas voces escuchaste,
imperïoso en todo decretaste,
al agua, al viento, que estuviesen quedos,
los turbulentos mares hermoseas,
y en alas de los vientos te paseas.
Criador inefable,
cuya temida mano vencedora
retirada se encierra
dentro de las entrañas de la tierra,
adonde organizando las raíces
con mixtos elementos,
con sustancias, humores, calidades,
muestra las repetidas variedades,
en los verdes, fructíferos sustentos,
en formas de las flores y matices,
que sin pincel colora,
negando al más cuidoso lo imitable.
Tú, que en este retazo lo agradable
recoger de las faldas de la Aurora
y, en estrecho hemisfero,
das a breve episciclo gran lucero.
Tú, que si me castigas, me consuelas,
me atribulas y animas,
me alegras, si me aflijes,
y mi muerte no quieres,
puesto que así me estimas,
que a solas me corriges -yo, a la luz que me das, busco quién eres-,
si a mi discurso en las distancias vuelas,
perdona mi alabanza,
que no se atreven mis manchados labios
en las querellas del amor y agravios;
perdona mi alabanza,
pues cuando vuela más, menos te alcanza.»
Pulchritudo ab intus.
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